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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Adentro de Roblox: lo que las madres y los padres no ven cuando sus hijas e hijos se sientan frente a la pantalla

La plataforma cumplió veinte años y se transformó en mucho más que un juego: es una plaza digital con su propia economía y sus riesgos. La periodista Julieta Schulkin recorrió el territorio durante meses y cuenta por qué prohibir sin entender suele empujar a los chicos hacia lugares parecidos, y qué configuración ofrecen los padres adultos como primera línea de cuidado.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio · · 5 min de lectura
Adentro de Roblox: lo que las madres y los padres no ven cuando sus hijas e hijos se sientan frente a la pantalla

Me acuerdo de la primera vez que escuché a una madre del barrio contarme, mientras tomábamos mate en la vereda, que su nenejaja de nueve años le había pedido plata para comprar una mascota virtual que le iba a dar puntos en un juego al que ella ni siquiera sabía acceder desde el celular, y esa escena, que parece chiquita y hasta graciosa, me terminó sirviendo para entender de qué se habla cuando se habla de Roblox, porque lo que la señora tenía enfrente no era un jueguito de los de antes sino toda una plataforma con moneda propia, con reglas propias y con una lógica social que replica, casi calcada, lo que pasa en cualquier esquina de la Argentina cuando un grupo de pibes se junta después de la escuela, y por eso me parece valioso acompañar a los lectores por esta investigación que la periodista y divulgadora Julieta Schulkin viene difundiendo desde hace meses, porque ella se tomó el trabajo de meterse adentro, recorrer el terreno y volver con un mapa que hoy por hoy casi nadie tiene mayoritariamente en la mano.

No es un juego, es una plaza

La confusión más grande que tienen las familias, según Schulkin, es pensar que Roblox es un juego puntual, cuando en realidad se trata de una plataforma que aloja más de seis millones de experiencias creadas por otras personas y por empresas, y eso significa que un chico no llega solamente a jugar sino que llega a pasar el rato, a encontrarse con otros, y muchas veces termina reemplazando el espacio del club del barrio o de la plaza del pueblo, lo cual cambia por completo la manera en que los adultos deberíamos pararnos frente al tema, porque no es lo mismo acompañar a alguien que está jugando a la pelota en una plaza que acompañar a alguien que se está moviendo por un territorio enorme donde conviven juegos, redes sociales y transacciones con dinero real, y esa diferencia es la que la periodista subraya cada vez que puede para que dejemos de mirar para otro lado creyendo que se trata de una pavada pasajera de la infancia moderna.

“Hubo una ola de familias que empezaron a prohibir Roblox y la sensación era que estábamos prohibiendo algo que no entendíamos bien.”Julieta Schulkin, periodista y divulgadora

La advertencia de Schulkin es concreta, bastante formulada y muy poco solemne: si a un chico se le cierra la puerta de Roblox sin más, lo más probable es que termine migrando a otra plataforma de diseño parecido, y eso lo vamos a notar como madres y padres cuando los veamos enganchados con otra pantalla y no sepamos por qué, porque en lugar de cortar de cuajo lo que estamos haciendo es empujarlos a un lugar que probablemente conozcamos todavía menos, y por eso la investigadora insiste en que la tarea no es proscribir sin más sino entender cómo funciona el mundo al que nuestros hijos e hijas se están sumando cada tarde, después del colegio o los sábados a la mañana mientras nosotros hacemos las compras del super.

Robux: la economía que se divide, igual que afuera

Uno de los aspectos menos visibles para los adultos, y acá Schulkin pone el dedo en la llaga con bastante claridad, es la economía interna de la plataforma, porque Roblox tiene su propia moneda, que se llama Robux, y esa moneda se compra con dinero real, la plata que sale del bolsillo de la familia un domingo cualquiera, y con esos Robux se accede a ropa para el avatar, a mascotas virtuales, a servidores privados y a un montón de beneficios chicos que terminan marcando diferencias grandes, porque se puede jugar sin gastar un peso, sí, pero quienes tienen Robux o pasan muchísimas horas acumulando recompensas terminan accediendo a cosas que los demás no tienen, y la periodista lo describe como una reproducción casi calcada de las clases sociales del mundo físico, igual que en la vida de cualquier barrio donde se ve quién tiene la camiseta nueva y quién no, quién pudo viajar y quién no, y eso, que parece una exageración para un juego de chicos, termina siendo una de las claves para entender por qué los pibes se enganchan tanto y por qué a veces piden plata con una insistencia que nos desconcierta.

  • Roblox no es un juego único sino una plataforma con más de seis millones de experiencias creadas por usuarios y empresas de diversa indole.
  • Tiene su propia moneda, los Robux, que se compran con dinero real y sirven para ropa del avatar, mascotas virtuales y servidores privados de uso personal.
  • La plataforma funciona como una red social: los usuarios se siguen, suman seguidores y arman grupos de amigos con los que comparten partidas y recomiendas juegos del catalogo general.
  • El riesgo de grooming es concreto y esta documentado en investigaciones previas, por eso la clave es configurar controles de privacidad y restringir quien puede chatear con el chico de manera activa y sostenida en el tiempo.

Acompañar, no proscribir, esa es la tarea de la casa

Schulkin no propone el rechazo automático ni mucho menos, porque entiende como pocas investigadoras que un corte abrupto termina corriendo a los chicos hacia lugares parecidos y a veces peores, y lo que sí propone es sentarse a configurar la plataforma con ellos, revisar juntos quién puede chatear, ajustar los controles de privacidad y habilitar las restricciones de contacto, y también conversar sin hacer bardo, sin gritar y sin sacar el aparato de un saque, sobre lo que van viendo adentro, porque en definitiva lo que las comunidades de madres y padres estamos pidiendo, y acá hablo como Rosana Charole desde el llano, es que las empresas que manejan estos espacios se hagan cargo de verdad, que los estados regulen de una vez por todas y que las escuelas y los centros de salud acompañen a las familias con información seria, porque cuidar a nuestras hijas e hijos en el mundo digital ya no puede ser una cuenta pendiente de cada madre y de cada padre por separado sino una responsabilidad que tenemos que repartir entre todos, empezando por las plataformas, siguiendo por los organismos de control y terminando en la mesa familiar de cada domingo.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

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