Antártida: crece la oferta de cruceros y aparecen travesías que rozan los dos meses en alta mar
Una nueva circunnavegación de 23.000 kilómetros prévuea zarpar en 2028, mientras los itinerarios clásicos de diez a doce días concentran la mayor parte de los pasajeros. Especialistas explican qué cambia cuando se extiende la navegación y quiénes eligen quedarse más tiempo a bordo.

Para conocer la Antártida en crucero hay una primera decisión que condiciona al resto del viaje: cuántos días se está dispuesto a pasar a bordo. La mayoría de las expediciones que hoy se comercializan a la península antártica duran entre diez y doce días y concentran avistajes de fauna y desembarcos en un área relativamente acotada. En el otro extremo aparece una circunnavegación anunciada para 2028, que prevé cubrir alrededor de 23.000 kilómetros a bordo del Le Commandant Charcot durante casi dos meses, con la posibilidad de contratar dos tramos de unas 30 noches cada uno.
Según Jeremy Clubb, director y experto de Antarctica Cruices, la diferencia entre las opciones no se agota en la cantidad de jornadas en el mar. Las travesías extensas, explicó, permiten cruzar distintos sectores del océano Austral y acercarse a regiones que reciben muy pocos visitantes, como los mares de Ross, Amundsen, Bellingshausen y Weddell, además de sumar grandes extensiones de hielo marino y sitios asociados con la historia de la exploración polar.
¿Qué se puede ver en una expedición larga que no entre en una clásica?
- La barrera de hielo de Ross, una de las estructuras de hielo flotante más extensas del planeta.
- Las cabañas históricas de la isla de Ross, vinculadas a las expediciones británicas de principios del siglo XX.
- Sectores de reproducción de pingüinos emperador, una de las especies más sensibles a la presencia humana.
- Aves pelágicas y especies asociadas a aguas abiertas durante varios días consecutivos.
- Paisajes de hielo marino continuo, donde la navegación depende de las condiciones del momento.
Clubb aclaró que las vueltas completas al continente seguirán siendo excepcionales por su complejidad logística y por el costo que implica mantener un buque operativo durante casi dos meses. En cambio, los itinerarios de diez a doce días, apuntó, se ajustan a las posibilidades de una mayor cantidad de viajeros y concentran la oferta habitual de las compañías que operan desde puertos del sur argentino y chileno.
¿Quién elige quedarse más tiempo a bordo?
El especialista señaló que las travesías prolongadas suelen a un público específico: personas que ya visitaron la península en viajes anteriores, fotógrafos, observadores de aves y aficionados a las ciencias polares. Su interés, sostuvo, está en permanecer más tiempo en cada entorno, observar la evolución del hielo y seguir la fauna durante varios días, en lugar de acumular desembarcos. Para un viajero que evalúa por primera vez, la recomendación pasa por empezar con un itinerario clásico y, en función de la experiencia, considerar luego una expedición extendida.
Como antecedente de este tipo de operaciones, en 2025 la compañía Hapag-Lloyd Cruices realizó una semicircunnavegación de 32 días con el Hanseatic inspiration, que partió desde Ushuaia y finalizó en Christchurch, Nueva Zelanda. La experiencia mostró que la conexión por mar entre Sudamérica y Oceanía es viable con un barco de pasajeros, aunque sigue siendo una excepción dentro de la oferta antártica.
En lo concreto, la elección entre un crucero clásico y una circunnavegación depende de tres variables: el tiempo disponible, el presupuesto y el tipo de experiencia que se busca. Las travesías cortas ofrecen una primera aproximación al continente, con desembarcos frecuentes y una logística más simple. Las travesías largas abren la puerta a zonas remotas, a un ritmo distinto de navegación y a una inmersión más profunda en los ecosistemas del océano Austral, a cambio de una inversión mayor y de casi dos meses lejos de puertos de manera continua.
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