Cáncer oral: cuando una llaga en la boca que no se va deja de ser una molestia y pasa a ser una urgencia
Úlceras que no cicatrizan, manchas que cambian de color y dificultad para tragar pueden ser señales tempranas de una enfermedad que, detectada a tiempo, tiene mejores chances de tratamiento. Especialistas de Estados Unidos coinciden en el umbral de las dos semanas para consultar.

Soy Rosana Charole y arranco esta nota como arranco casi todas: con una persona, con una comunidad, con un nombre de pila. Pensemos en Marta, una vecina de cualquier barrio de los nuestros, de esos pueblos donde todavía nos cruzamos en la verdulería y nos contamos los achaques. Marta tiene 52 años, fuma desde los dieciocho, y hace tres semanas le salió una llaga en la encía que no la deja comer. Piensa que es un golpe, porque se mordió comiendo una empanada. Pero la llaga sigue ahí, roja, molesta, sin dar señales de irse. Esa es, justamente, la frontera de la que habla toda la comunidad médica internacional: cuando una lesión en la boca no mejora en dos semanas, hay que sentarse frente a un profesional y pedir que la mire con atención. No la semana que viene, no cuando termine el mes: ahora.
Las señales que el cuerpo pone sobre la mesa
Las señales que el cuerpo pone sobre la mesa
La American Cancer Society, la clínica Mayo y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, los CDC, coinciden en una lista de manifestaciones que conviene tener presentes, no para asustarse, sino para no dejar pasar el tiempo. La palabra qom laqatai significa, en la lengua de los pueblos chaqueños, esa sensación de cuerpo extraño que no se va; y algo parecido es lo que describe la mayoría de los pacientes antes de un diagnóstico: la certeza de que algo cambió en la boca y no volvió a su lugar. Úlceras que no cicatrizan, manchas blancas o rojizas sobre las encías, la lengua o el paladar, zonas engrosadas o bultos en labios, mejillas o lengua, entumecimiento, dolor que persiste, sangrado sin causa evidente, dificultad para masticar o tragar, molestia al abrir la mandíbula y hasta dolor de oído. Ninguno de estos signos confirma nada por sí solo, pero la consulta no debería postergarse cuando el cuadro no se resuelve.
La primera evaluación, según detallan los protocolos de la clínica Mayo, es un examen físico en el que el profesional observa y palpa las zonas irritadas, registra la ubicación de la anomalía y cuánto tiempo lleva ahí. Si algo resulta sospechoso, el paso siguiente es una biopsia: se toma una pequeña muestra de tejido para que el laboratorio determine si hay células cancerosas. Cuando el resultado confirma la enfermedad, se indican estudios por imágenes, como tomografía computada o resonancia magnética, para establecer si se extendió más allá de la boca. En ese punto entra en juego lo que la oncología llama estadificación, es decir, saber en qué instancia se encuentra el tumor para decidir cómo se lo trata.
Lo que multiplica el riesgo y lo que se puede hacer
- Tabaco en cualquiera de sus formas: cigarrillo, pipa, masticado. Es el factor más documentado por los CDC.
- Alcohol en cantidades elevadas. Solo o combinado con tabaco, dispara las probabilidades.
- Combinación de tabaco y alcohol: el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos estima que quienes fuman y beben en exceso tienen entre cinco y catorce veces más riesgo que quienes no tienen ninguno de los dos hábitos.
- Virus del papiloma humano, en particular el tipo 16, asociado a un riesgo aproximadamente quince veces mayor de cáncer en la orofaringe, la zona que incluye la base de la lengua y las amígdalas.
- Falta de vacunación contra el VPH, una herramienta que los CDC recomiendan conversar con el médico de cabecera.
La comunidad médica, desde quienes investigan en los grandes centros norteamericanos hasta los dentistas de barrio que ven bocas todos los días, pide lo mismo: que nadie naturalice una lesión que no sana. Si la llaga de Marta sigue ahí mañana, pasado y la semana que viene, lo que la comunidad le está pidiendo a ella —y a cada uno de nosotros— es que la atienda un profesional antes de que el problema, si lo hay, se vuelva más difícil de tratar. Porque en cáncer oral, como en tantas otras enfermedades, el reloj corre distinto cuando se lo mira a tiempo.
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