Cecilia Garraffo, la astrónoma de Belgrano que entrena máquinas para cazar vida entre las estrellas

A Cecilia Garraffo la conocí de nombre hace ya varios años, cuando todavía transitábamos los pasillos de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de La Plata y ella empezaba a asomarse al mundo de la física con una curiosidad que, confieso, ya entonces llamaba la atención de quienes teníamos la suerte de cruzarnos en su camino. Hoy Cecilia, que creció en Belgrano y que un día se anotó en Actuario porque se le daba bien la matemática, dirige desde Harvard un instituto que aplica inteligencia artificial a la pregunta más antigua de la humanidad: si estamos solos en el universo. La visité en Buenos Aires, adonde volvió para dictar un seminario en el ITBA, y lo que me contó me dejó pensando varios días.
Antes de llegar a Harvard, Cecilia hizo la Licenciatura en Astronomía en la Universidad Nacional de La Plata, el doctorado en Física en la UBA y completó dos posdoctorados en Estados Unidos, uno en astrofísica computacional y otro en inteligencia artificial. Es decir, fue armando un perfil híbrido que en la Argentina de los años noventa casi no existía: alguien que entendiera los modelos físicos al mismo tiempo que sabía programar. Cuando le pregunto por qué no se quedó en Actuario, me mira con esa mezcla de seriedad y humor que la caracteriza y responde: "Me leí todos los libros de Stephen Hawking y vi 'Contacto' y se me cayó la ficha". Así, con esa simpleza, cambió de carrera y nunca más miró para atrás.
Una científica con sello presidencial
En 2025, Cecilia recibió el Premio Presidencial a la Trayectoria Temprana para Científicos e Ingenieros (PECASE, por sus siglas en inglés), la distinción más alta que otorga el gobierno de Estados Unidos a profesionales en las primeras etapas de su carrera. Es, como me explica ella misma sin darle demasiada importancia, un reconocimiento a la originalidad del trabajo y a la independencia científica alcanzada en pocos años. Lejos de las cámaras, dirige el Instituto AstroAI, un espacio dentro del Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian dedicado exclusivamente a desarrollar modelos propios de inteligencia artificial aplicados a la astronomía.
Lo que hace ese instituto, me detalla Cecilia, no es tomar una herramienta comercial ya entrenada y aplicarla a datos del cosmos. Es construir, desde cero, sistemas diseñados específicamente para leer información astronómica. Y la ventaja no es solo la velocidad: la verdadera potencia está en la capacidad de encontrar patrones que nadie estaba buscando. "Podemos intencionalmente buscar patrones que no conocemos ni sabemos que están ahí", dice, y la frase me queda rebotando en la cabeza mientras la transcribo en mi grabador.
Una cuestión de estadística, no de fe
“Pienso que hay vida en otros lugares del Universo. No puedo probarlo. Pero es una cuestión estadística. Lo raro sería que no hubiera más vida que la que conocemos.”Cecilia Garraffo, directora del Instituto AstroAI de Harvard
Cecilia aclara que cuando habla de vida no se imagina necesariamente seres verdes con antenas. Habla, dice, de cualquier forma de vida: desde una bacteria hasta un virus, pasando por organismos unicelulares que podrían habitar en lunas heladas o en sistemas muy distintos al nuestro. Lo que la estadística le dice, según su propia lectura, es que con miles de millones de galaxias y miles de millones de planetas por galaxia, la ausencia de vida sería estadísticamente más rara que su presencia. Ahora bien, y acá viene el dato que más me interesa destacar, las distancias en el universo son tan descomunales que, aun si existiera vida inteligente, cualquier tipo de comunicación se vuelve prácticamente imposible. La ciencia, me explica, trabaja con hipótesis y con datos, no con deseos.
El diluvio de datos del Observatorio Vera Rubin
Mientras le tomo nota a Cecilia en una sala del ITBA, no puedo dejar de pensar en algo que me parece casi poético: una argentina criada en Belgrano, que se aburría un poco con las materias de Actuario, terminó construyendo las herramientas con las que la humanidad va a intentar responderse si está sola. Su instituto, me cuenta, ya trabaja con datos del Vera Rubin y con proyectos para futuras misiones espaciales. Le pregunto qué le diría a una chica de La Plata que hoy, como ella hace treinta años, duda entre anotarse en Astronomía o seguir el camino más seguro. Cecilia se ríe, mira un rato al techo y me dice, con esa voz pausada que tiene, que cuando una vocación te atraviesa no hay camino seguro que valga. Y mientras yo cierro la libreta y apago el grabador, pienso que tiene razón: las distancias del universo son enormes, pero las que separan a una chica curiosa de su destino, a veces, se cruzan con una sola decisión.
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