Saltar al contenido
Sábado, 10 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Ecos del Bermejo

Ecos del Bermejo

Portada — Vida —

Chacarita, vinilo y cero pantallas: el refugio analógico que se planta frente al celular

En un galpón de Roseti 93, Gonzalo Solimano armó un culto al sonido cálido de los años cincuenta y lo cruzó con la lógica del house; este domingo cierra allí la octava edición porteña del MUTEK, con una pregunta de fondo: todavía podemos, ¿escuchar música sin mirar el teléfono?

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio · · 5 min de lectura
Chacarita, vinilo y cero pantallas: el refugio analógico que se planta frente al celular

Lo conocí a Gonzalo Solimano, DJ y productor nacido en Villa Urquiza en 1979, una tarde cualquiera de estas semanas en las que Buenos Aires parece no parar de sonar a notificación de WhatsApp, y me topé con un lugar que me devolvió, casi sin aviso, una pregunta que arrastro desde hace tiempo: ¿cuándo fue la última vez que escuché un álbum entero de punta a punta, sin hacer nada más? El tipo me abrió la puerta de Artlab, en Roseti 93, pleno corazón de Chacarita, y antes de explicarme nada me señaló, con la tranquilidad de quien presenta un viejo amigo, un par de cajas acústicas enormes, de madera oscura, que según él tienen más de siete décadas de vida y son, en la práctica, el corazón filosófico de todo lo que pasa adentro.

Porque Artlab, me decía Solimano mientras me invitaba a recorrer los 540 metros cuadrados del predio, no es un boliche ni un after con barra de tragos caros, ni un museo de la nostalgia: es un espacio dedicado a la música electrónica y al arte audiovisual que funciona desde 2015 alrededor de una colección de ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7, fabricados en 1954, piezas de la era analógica que él fue reuniendo con paciencia de coleccionista y que, según lo que él mismo me comentó, podrían haber salido de un cine porteño emblemático, aunque esa procedencia todavía no está del todo confirmada y él mismo lo aclara cada vez que puede, porque le importa ser preciso con la historia de esos equipos tanto como le importa lo que suena a través de ellos.

Dos rituales fijos y un festival que llega a su octava edición

El corazón del lugar, eso que cualquiera que haya ido te va a mencionar primero, son dos ciclos regulares que se repiten semana a semana. El primero se llama Audiófilos y está pensado para quienes quieren sentarse a escuchar un álbum completo, de principio a fin, sin distracciones, sin celular, sin la tentación de cambiar de tema a los dos minutos; el programa puede ir desde Miles Davis hasta Pink Floyd, desde Invisible hasta Massive Attack, y se reproduce en vinilo, en CD o en archivos lossless, que es una forma de compresión digital sin pérdida de calidad, según qué formato rinda mejor para cada obra, porque no es lo mismo el cálido crujido de un surco de los años sesenta que la limpieza quirúrgica de un disco compacto, y Solimano lo sabe elegir nota por nota. El segundo ciclo, Círculo de Sonido, mantiene encendida la llama bailable del house con Solimano y otros DJs detrás de la consola, como una manera de recordar que la música electrónica no es solo para escuchar con los ojos cerrados, sino también para mover el cuerpo hasta que el cuerpo lo pida.

“Veo a las nuevas generaciones con muchas ganas de volver a tener objetos físicos y creo que estos formatos ayudan a construir rituales alrededor de la música.”Gonzalo Solimano, director de Artlab

Este domingo, me confirmó Solimano con una mezcla de orgullo y de cansancio propio de quien organiza un festival, cierra en Artlab la octava edición porteña del MUTEK, un festival originado en Canadá en el año 2000 y que él mismo trajo al país en 2018, después de años de viajar, de tejer contactos internacionales y de insistir con la idea de que la música electrónica experimental, el arte audiovisual y las nuevas tecnologías tenían que tener un lugar propio en la grilla cultural de Buenos Aires, bien lejos de la lógica de los festivales masivos, que son otra cosa y que apuntan a otro público. La jornada, según me adelantaron, va a tener esa escala cuidada que es la marca registrada del MUTEK: ni demasiado grande para perder intimidad, ni demasiado chica para que no pase nada.

El lugar de la inteligencia artificial y del CD que vuelve

Le pregunté a Solimano qué piensa sobre la irrupción de la inteligencia artificial en la creación musical, un tema que a esta altura ya no es ciencia ficción sino que está en cualquier conversación de café, y su respuesta fue tan clara como su propuesta estética: me dijo, textual, que la inteligencia artificial es un recurso muy potente y que la clave, para él, es que te asista para crecer en tu investigación y para simplificar procesos, pero nunca que haga tu obra por vos, una frase que en estos tiempos suena casi como un manifiesto y que, si me apuran, sintetiza el espíritu de Artlab: la tecnología entra para sumar, no para reemplazar al oyente ni al artista. Y en esa misma línea, me llamó la atención que él, que organiza sesiones de vinilo y CD en pleno 2025, también vea un despertar del interés por el CD, ese formato que muchos dieron por muerto y que, según su mirada, está volviendo de la mano de la misma búsqueda de objetos físicos que empuja el regreso del vinilo.

El espacio también abre sus puertas a propuestas de jazz y a eventos de arte visual, aunque, como me dijo Solimano sin dudarlo, la electrónica en sus distintas variantes sigue siendo el eje principal, la columna vertebral de una programación que él arma con curaduría propia, eligiendo cada fecha como si fuera una pieza más de un álbum largo. Para quienes nunca fueron, la dirección queda anotada: Roseti 93, Chacarita, un punto que en el mapa queda cerca de todo y a la vez parece quedar lejos de la vorágine diaria de notificaciones. Y la pregunta que me llevo puesta desde que salí de ahí es la misma que les acerco ahora, lectores, porque no tiene respuesta única: a vos, ¿te dan ganas de ir a sentarte a escuchar un álbum entero sin mirar el teléfono, o este formato ya te resulta demasiado ajeno a la manera en que consumís música hoy? Lo que queda claro, en cualquier caso, es que la comunidad que arma Artlab alrededor de sus parlantes Altec de 1954 le está pidiendo al ritmo de vida porteño, en voz alta y con el volumen bien alto, un ratito de silencio digital para volver a escuchar de verdad.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo