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Chaco quiere tejer una red de salud mental que no suelte a nadie en el camino

Un proyecto que se debate en la Legislatura chaqueña propone ordenar la atención con nodos regionales, equipos interdisciplinarios y guardias de crisis todo el año, con la obligación de acompañar a cada paciente después de una internación o un intento de suicidio.

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Rosana CharoleComunidades y territorio · 11 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

A Gladys le gusta contar que su comunidad, El Salado, en el norte chaqueño, aprendió a cuidarse antes de que llegara cualquier ambulancia. En los pueblos del Impenetrable, donde las distancias se miden en horas de ripio y no en kilómetros, hablar de salud mental suena todavía más lejano: no porque no haga falta, aclaran los referentes comunitarios, sino porque durante décadas el Estado llegó tarde, o directamente no llegó. Ahora, mientras la Legislatura del Chaco analiza un proyecto para crear una Red Provincial de Salud Mental Comunitaria, en esos territorios la expectativa se mezcla con una pregunta concreta: si esto se aprueba, ¿va a cambiar algo para quienes hoy no tienen ni un psicólogo a menos de cien kilómetros?

Lo que está sobre la mesa es, en realidad, una reordenación de lo que ya existe. La iniciativa no parte de cero: propone articular los dispositivos, los programas y los profesionales que hoy funcionan de manera dispersa dentro del sistema público chaqueño bajo un mismo esquema, con nodos regionales alineados con las regiones sanitarias y con presencia territorial efectiva, algo que hasta ahora funcionó más por esfuerzo individual de cada trabajador que por una decisión política sostenida.

Cómo sería la red, según el proyecto

  • División en nodos regionales de salud mental, coincidentes con las regiones sanitarias existentes.
  • Equipos interdisciplinarios integrados por psicólogos, psiquiatras, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y acompañantes terapéuticos.
  • Consultas ambulatorias, visitas domiciliarias, intervenciones en crisis y seguimiento posterior a internaciones.
  • Centros comunitarios, hospitales de día, espacios de rehabilitación psicosocial y dispositivos de acompañamiento familiar.

Cada nodo, según el texto, tendrá que relevar la situación de su población, mapear los servicios disponibles y detectar las barreras de acceso, para después incorporar profesionales de manera progresiva. En criollo: primero saber quién está dónde, quién falta y quién se atiende cómo, y recién después salir a sumar equipos a los territorios que hoy están vacíos.

El corazón del proyecto: que nadie quede solo después de una crisis

El punto que más subrayado merece es el que casi nunca aparece en los papeles: el después. La propuesta establece que, en los casos que lo requieran, se elabore un Plan Individual de Cuidados, con un equipo responsable asignado y un abordaje que contemple las necesidades familiares y comunitarias del paciente. No se trata de un trámite administrativo: en la práctica, significa que una persona que pasó por una internación o por un intento de suicidio tiene que tener, de manera obligatoria, a alguien del sistema de salud llamándola, visitándola, conteniéndola. En las comunidades donde la palabra qom lhi’upala (estar en el alma) se usa para nombrar lo que en la ciudad llamaríamos crisis, esa continuidad del cuidado es lo que suele faltar.

En materia de urgencias, el proyecto diseña una estrategia provincial de atención de crisis disponible las veinticuatro horas durante todos los días del año, con protocolos definidos por cada región para recibir consultas, evaluar al paciente, actuar ante situaciones de riesgo y garantizar la continuidad del seguimiento. Y como el suicidio es una de las deudas más dolorosas que arrastra la provincia, la iniciativa reserva un capítulo específico para integrar los programas vigentes, priorizar a las personas en situación de riesgo y desplegar acciones de posvención para quienes quedan atravesando un duelo que, en muchos casos, también se atiende en silencio.

Si la Legislatura chaqueña le da luz verde al texto, el Ministerio de Salud provincial tendrá ciento ochenta días para presentar un plan de implementación con metas a cinco años. Es decir: la ley, en sí misma, no garantiza todavía ni un solo profesional nuevo en ningún paraje, pero sí obligaría a fijar plazos, objetivos verificables y un cronograma que las organizaciones civiles y las comunidades puedan controlar.

Por eso, mientras el expediente recorre comisiones, en los barrios y en los pueblos la discusión de fondo ya está abierta. Las comunidades del interior, los equipos de salud que hacen malabares para sostener lo que sostienen y las familias que aprendieron a armar redes propias donde el Estado no llega quieren saber si esta vez la promesa se traduce en equipos que caminen los territorios, en guardias que no se apaguen a las seis de la tarde y en un acompañamiento que no termine en la puerta del hospital. Lo que la red viene a pedir, en definitiva, es algo tan simple como enorme: que nadie tenga que atravesar una crisis en soledad, y que después de la tormenta haya, al menos, alguien del otro lado del teléfono.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

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