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Chicos que tocan un instrumento: cuando la música se cruza con el aprendizaje

Un estudio de la Universidad Northeastern comparó a 76 niños de 7 a 9 años y encontró mejores resultados en memoria, lectura, escritura y matemáticas entre quienes practicaban música. El hallazgo abre interrogantes, pero no prueba que las clases sean la causa.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio · · 3 min de lectura
Chicos que tocan un instrumento: cuando la música se cruza con el aprendizaje

Soy Rosana Charole, de Comunidades y Territorio, y esta vez la historia empieza con un nene de ocho años, Joaquín, que se sienta frente al piano en el comedor de su casa en Temperley. Su comunidad, la de los pibes que ensayan a contratuerca de la heladera, lo conoce por su nombre de pila y por su insistencia: pide que le repitan la lección aunque la maestra diga que ya alcanza. Esa escena hogareña, multiplicada por miles, es la que tomó como punto de partida un equipo de la Universidad Northeastern, en Boston, para preguntarse si tocar un instrumento marca alguna diferencia en cómo aprenden los chicos.

La respuesta que encontraron no es definitiva, pero sí llamativa. Reunieron a 76 chicos de entre 7 y 9 años, los dividieron en dos grupos equivalentes por edad, sexo y nivel socioeconómico, y comprobaron que quienes practicaban un instrumento -sobre todo piano y cuerdas- sacaban mejores puntajes en pruebas de memoria de trabajo, razonamiento, vocabulario, aprendizaje visual y auditivo. En las evaluaciones escolares, las diferencias también aparecían en lectura, escritura y matemáticas, con ventajas en comprensión lectora, ortografía y reconocimiento de palabras.

Qué se pone en juego cuando un chico toca

La clave, según la profesora de música Psyche Loui, está en las funciones ejecutivas: ese conjunto de habilidades que permite planificar, sostener la atención, controlar los impulsos y adaptarse a lo inesperado. Tocar exige leer la partitura, mantener el ritmo, coordinar las dos manos y, a la vez, escuchar cómo suena. Es un entrenamiento silencioso de la atención, algo que en la jerga educativa se llama memoria de trabajo: la capacidad de retener información unos segundos y usarla mientras se hace otra cosa, como recordar una consigna mientras se resuelve un ejercicio.

La investigadora y educadora musical Anita Collins lo resume en una idea que atraviesa a las familias que acompañan a sus hijos: aprender un instrumento ejercita la escucha, la planificación y la autorregulación. No es magia ni una receta única; es la suma de pequeñas exigencias que se repiten cada semana y que, según los datos, parecen dejar huella en otras áreas del aprendizaje.

El trabajo también incluyó resonancias magnéticas a 50 participantes. Allí apareció una diferencia en una vía cerebral que conecta regiones vinculadas con la audición, el lenguaje y el movimiento, un dato que los investigadores toman como pista, no como prueba cerrada.

“Los chicos con formación musical mostraron mejores resultados en memoria, razonamiento, vocabulario, lectura, escritura y matemáticas, pero el estudio no permite asegurar que aprender a tocar sea la causa directa de esa ventaja.”Informe de la Universidad Northeastern

Lo que el estudio no puede prometer

Aquí viene el llamado de atención que los propios autores hacen y que las familias deberían escuchar antes de ilusionarse con un atajo hacia las buenas calificaciones. Los chicos no fueron asignados al azar a tomar clases o no: cada uno ya estaba en un camino u otro. Eso significa que las familias que ofrecen un instrumento también podrían estar facilitando otras experiencias educativas, como leer en casa, acompañar la tarea, contar con espacios tranquilos o tener acceso a libros y recursos. Aunque los investigadores emparejaron a los grupos por nivel socioeconómico, esa precaución no descarta del todo otras explicaciones.

En criollo: la investigación muestra una correlación, no una causalidad. Ver a un nene con su violín no garantiza que la música le esté mejorando el rendimento escolar; puede ser que el entorno que permite esa práctica sea, en sí mismo, un entorno que estimula el aprendizaje.

Qué queda, entonces, para las familias

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

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