Cliff Booth vuelve, pero ahora sin Tarantino al volante: Fincher toma las riendas de la secuela más esperada de Netflix
Brad Pitt retoma al doble de acción que le dio su primer Oscar en una película ambientada en 1977, con guion del propio Tarantino y estreno previsto para diciembre en la plataforma, tras una pasada por salas IMAX en noviembre.

(Empiezo con la imagen que me quedó dando vueltas mientras leía la noticia.) Imaginate la escena: un tipo parado al borde de una pileta en Los Angeles, con un vaso en la mano y la mirada perdida en el horizonte. Tiene el gesto de alguien que sobrevivió a algo y todavía está procesándolo. Eso es Cliff Booth en 1977, ocho años después de la noche en la que la historia del cine se reescribió a manos de Quentin Tarantino. Y la pregunta que flota en el aire de este anuncio, para mí la más jugosa, es bastante simple: qué hace un personaje así cuando el mundo que conocía ya no existe, y encima el director que lo creó le pasa la llave a otro.
El cambio de mando y por qué Tarantino se bajó del asiento del director
Netflix confirmó la fecha y el título oficial: Las nuevas desventuras de Cliff Booth, con llegada a la plataforma el 23 de diciembre y un estreno previo en salas IMAX a nivel mundial durante noviembre. La movida más comentada no es el estreno en sí, sino quién se sienta en la silla del director. Tarantino escribió el guion, sí, pero la dirección quedó en manos de David Fincher, y la explicación que dio el propio Tarantino resulta tan honesta como reveladora: quería reservar su próxima película como director, que planea sea la última, para algo que no fuera una continuación. Me encanta este guion, dijo, pero estaría repitiendo lo mismo. Simplemente no me entusiasmaba. La traducción es bastante directa: no quería quemarse a sí mismo ni quemarnos la expectativa con un déjà vu.
(Acá hago un paréntesis al margen, como me sale.) Cada vez que un creador se niega a repetir la fórmula, algo en mí celebra. Tarantino podría haber agarrado la cámara y entregado otro hit de nostalgia setentosa, pero prefirió jugársela por algo nuevo. Fincher, mientras tanto, viene de pulir un estilo obsesivo, milimétrico, oscuro, que con el libreto tarantinesco promete un choque de tonos bastante interesante. No es lo mismo rodar a Booth con la cámara contemplativa de Tarantino que con la precisión clínica de Fincher.
Elenco, números viejos y la frase del adelanto
Brad Pitt vuelve como Cliff Booth, el doble de acción que en 2019 le valió su primer Oscar como actor de reparto. Lo acompañan Elizabeth Debicki, Carla Gugino, Yahya Abdul-Mateen II, Scott Caan, Peter Weller y Karren Karagulian, entre otros. Pitt también figura como productor junto a Ceán Chaffin, o sea que no apostó únicamente con la cara: puso fichas en el juego de origen.
Para dimensionar lo que se juega esta secuela conviene mirar atrás. Érase una vez en Hollywood se estrenó en 2019 por Sony Pictures, recaudó 377 millones de dólares en todo el mundo y se llevó diez nominaciones al Oscar, con dos estatuillas, una de ellas para Pitt. Con los años se transformó en un título de culto y funcionó como plataforma de lanzamiento para varios de los actores que hoy tienen peso propio en la industria. No es un dato menor: la base de fans ya existe, y es bastante fiel.
“No tengo muchos talentos, pero sé que no debo interponerme en el camino de una buena historia.”Cliff Booth, en el adelanto difundido durante la Super Bowl de febrero
La frase, además de funcionar como carta de presentación del personaje, parece un guiño del propio Booth hacia lo que viene: alguien que observa más de lo que actúa y que entiende, con esa mezcla de cansacio y lucidez, cuándo es mejor correrse del centro de la escena. Y eso, en el contexto de una secuela, también puede leerse como un comentario sobre los mecanismos de Hollywood que la película seguramente pondrá en primer plano.
Qué esperar de Fincher al mando
Mi apuesta, y la tiro con todo el optimismo del mundo, es que Fincher va a llevar a Booth a un terreno más oscuro y más psicológico. El Fincher de Mindhunter y de El club de la pelea es un director que disfruta incomodar al espectador, y un personaje que ya cargaba con sombras (¿se acuerdan del detalle de la esposa y el barco?) tiene material de sobra para un tratamiento más áspero. La ambientación en 1977 también habilita ese recorrido: es una Hollywood que ya no es la de los estudios a la antigua, que se comió el shock del blockbuster, y Booth es justo el tipo de personaje que queda varado en la transición.
(Cierro como me gusta cerrar, con el pulso puesto en el fin de semana.) Si la primera entrega se vio en su momento y les quedó el gusto de revivirla en streaming antes del debut, este noviembre y diciembre son el momento perfecto para revisitar Érase una vez en Hollywood, refrescar la memoria con la dupla Pitt-DiCaprio, y llegar a la secuela con los ojos bien abiertos. Porque, a esta altura, ya sabemos cómo termina la historia que Tarantino quiso contar. La pregunta ahora es qué historia nueva quiere contar Fincher con un personaje que, según sus propias palabras, no tiene muchos talentos pero sí un olfato bastante fino para las buenas historias.
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