Martes, 8 de septiembre de 2026
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Ecos del Bermejo

Clint Eastwood miró hacia atrás y confirmó cuál es su western favorito: lo dijo con una sonrisa que ya conocemos

A casi cincuenta años del estreno de El fuera de la ley, el actor y director la revisó, la reivindicó y hasta le encontró una lectura política que en 1976 sonaba a herejía. Un paseo por la película que, según él y según Morgan Freeman, sigue dando pelea.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares · 8 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Vayamos directo al grano, querido lector: Clint Eastwood tiene películas para todos los gustos, pero cuando la gente lo para en la calle, no le habla de Sergio Leone ni del inspector Harry. Le habla de Josey Wales. Así lo contó el propio Eastwood en una charla con la revista Empire, y uno lo imagina sonriendo con esa media sonrisa que ya es patrimonio de la humanidad. La volvió a ver hace poco y dijo, casi sin inmutarse, que todavía se mantiene muy bien. Una manera muy eastwoodiana de decir: aguanta, y de qué manera.

El fuera de la ley se estrenó en 1976 y cuenta la historia de un granjero sureño que pierde a su familia durante la Guerra Civil estadounidense y se convierte en fugitivo cuando la guerra ya terminó (porque en Estados Unidos, como en todos lados, las violencias no se jubilan junto con los soldados). Eastwood la dirigió y la protagonizó, en lo que fue un golpe doble: crítica y público. Costó tres millones de dólares y recaudó más de 31 millones solo en el mercado norteamericano. Para los que no son del rubro: eso es ganar plata de verdad, no esas cuentas alegres que se hacen hoy con el streaming y tres likes en Twitter.

La lectura política que nadie vio en su momento

Lo más jugoso de las declaraciones de Eastwood no es la nostalgia, sino el ojo clínico con el que relee su propio film. Dijo que cuando la vio en su momento la entendió como una alegoría, y que el estreno cayó justo en el período posterior a la derrota de Estados Unidos en Vietnam, lo que le dio a la historia una dimensión extra que él mismo buscó. Traducido al criollo: una película de indios, vaqueros y venganza empezó a hablarle a un país que se sentía humillado y dividido. (Mi abuela, que de todo entiende, dice que las buenas películas siempre terminan diciendo algo que el director no planeó del todo, y algo de razón le da: vasha kino, vasha pravda, tu cine, tu verdad.)

“La vi como una alegoría, pero trata tanto sobre la Guerra Civil, una de las más sangrientas e impactantes de la historia estadounidense porque enfrentó a estadounidenses contra estadounidenses. Trataba sobre un hombre decepcionado por eso.”Clint Eastwood, en la revista Empire

Hay otro dato que a mí, personalmente, me resulta de los más simpáticos: Eastwood contó que El fuera de la ley fue el primer guion que realmente le gustó. Hasta ahí había comido facturas con los spaghetti westerns de Leone, un estilo muy particular, llamó la atención, le dio nombre y fama, sí, pero también lo dejó un poco encerrado en una pose. El fuera de la ley, según sus propias palabras, fue la primera vez que se sintió dueño del relato. Y se nota: ahí está ese tono que después se volvería marca registrada, esa sensación de que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento, incluyendo que el protagonista se banque un duelo a tres bandas con una tranquilidad que ya quisiera el público.

Freeman no es un opinante cualquiera: es un tipo que trabajó con Eastwood en otra película enorme, y que sin embargo se queda con esta. Cuando dos actores de ese calibre coinciden en que una misma película es la que no se puede dejar pasar, algo están diciendo. No es un ranking de plataformas, no es la lista que arma un algoritmo: es la memoria de dos tipos que saben del oficio. (A veces, queridos lectores, las encuestas más serias son las que se hacen de mano en mano.)

A casi cincuenta años del estreno, el film sigue dando vueltas en el debate sobre el western clásico. Lo que en su momento fue un western revisionista, con un antihéroe quejumbroso y vengativo, hoy se mira como una bisagra: el cierre de una etapa y el comienzo de otra en la carrera de Eastwood. Para mí, que crecí viéndola repetida en el cable de los domingos a la tarde, hay algo muy de barrio en esa película: un tipo solo, caminando, con un pasado que no lo deja en paz, y un país enorme que tampoco lo deja en paz a él. Suena conocido, ¿no? Suena a cualquier lugar del mundo donde alguien se siente un poco fuera de la ley sin haberlo pedido.

Qué ir a ver este fin de semana, ya que estamos

Si te picó la curiosidad y querés empezar por algún clásico moderno de Eastwood antes que nada, te dejo un menú cortito para el finde. Primero, obviamente, El fuera de la ley, que se consigue en distintas plataformas y siempre es una buena compañía para una noche de viernes. Segundo, Sin perdón (1992), con Eastwood y Morgan Freeman juntos, donde el western se vuelve una despedida y un ajuste de cuentas al mismo tiempo. Tercero, si te va lo más raro y atmosférico, Pale Rider, el jinete pálido (1985), que tiene una de las entradas a caballo más celebradas del cine reciente. Y cuarto, como tarea para el hogar: mirar cualquier escena de cualquiera de estas películas y contar cuántas veces Eastwood levanta apenas una ceja. El número, querido lector, te va a sorprender.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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