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Cuando el corazón avisa sin dolor de pecho: las señales que las mujeres suelen pasar por alto

La cardióloga Shrilla Banerjee advierte sobre síntomas atípicos que aparecen con el esfuerzo físico, durante la madrugada o detrás de una indigestión, y explica por qué el riesgo crece después de la menopausia.

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Rosana CharoleComunidades y territorio · 21 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Soy Rosana Charole, de Comunidades y Territorio, y me encontré esta semana con un tema que me parece clave para todas: lo que el corazón de las mujeres intenta decir cuando todavía no aparece el clásico dolor de pecho. Una cardióloga británica, Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, salió a recordar que hay señales que muchas veces se atribuyen al estrés, a la menopausia o a una cena pesada, y que en realidad pueden ser un pedido de auxilio del músculo cardíaco.

El patrón que sí tiene que encender la alarma

La especialista puso el foco en algo muy concreto: cuándo aparecen los síntomas. Si el cansancio intenso, la falta de aire o una molestia que se repite se dan de forma sostenida durante el esfuerzo físico, como subir escaleras, cargar bolsos o hacer las tareas del hogar, sin una causa evidente, conviene consultar. Lo que define la sospecha no es solamente el dolor en el pecho, sino la reiteración y el esfuerzo como desencadenante, algo que muchas pacientes relativizan porque lo asocian con el ritmo de vida cotidiano.

  • Molestias en la mandíbula, el cuello, los hombros, la espalda o uno o ambos brazos, sin dolor en el pecho.
  • Acidez o indigestión que aparecen sin relación con las comidas, incluso de madrugada.
  • Sensación de agotamiento marcada al hacer actividad física habitual.
  • Sudores fríos, náuseas, mareos o sensación de pánico sumados a dolor o molestia torácica.
  • Dolor que se percibe como pinchazos o pellizcos, no como una presión clásica.

Por qué el aviso llega al hombro o a la mandíbula

Banerjee explicó que, cuando el corazón recibe menos oxígeno del que necesita, las señales de dolor viajan por la médula espinal. Como esas vías comparten conexiones con otras zonas del cuerpo, el cerebro puede registrar la molestia en un hombro, un brazo, la mandíbula o la espalda. De ahí que un dolor referido en el cuello o en el brazo izquierdo, repetido al hacer un esfuerzo, no deba descartarse como un tema muscular o articular sin más.

El caso de los eructos que terminaron en stents

“Una paciente llegó con episodios de eructos y malestar digestivo que ella atribuía a problemas gástricos. El angiograma terminó mostrando una enfermedad coronaria seria que requirió stents. Por eso, cuando la acidez o la indigestión aparecen sin vínculo claro con las comidas, sobre todo de madrugada, la consulta cardiológica no sobra.”Shrilla Banerjee, cardióloga consultora del Hospital London Bridge

Cuándo hay que ir directo a una guardia

Hay combinaciones que no admiten espera. Si a los sudores fríos, las náuseas, los mareos o la sensación de pánico se les suma dolor o una molestia en el pecho, la indicación de Banerjee es concurrir directamente a una guardia. También insistió en que el dolor cardíaco puede sentirse como punzadas o pellizcos, y no necesariamente como la presión aplastante que muchas imaginan cuando piensan en un infarto.

La menopausia como punto de inflexión

La cardióloga recordó que después de la menopausia el riesgo cardiovascular de las mujeres aumenta. La caída de estrógenos se asocia con cambios en la presión arterial, en el colesterol y con acumulación de grasa abdominal. A eso se suma la superposición de síntomas cardíacos con los típicos del climaterio, como los sofocos, el cansancio o las palpitaciones, lo que muchas veces demora la consulta. Por eso recomendó sostener controles periódicos de presión y colesterol a partir de esa etapa, y no esperar a sentirse mal para pedir un turno.

El punto de partida, en definitiva, es prestar atención a las molestias, registrar si se repiten, anotar qué actividad las dispara y consultar cuando el patrón aparece. Lo que el cuerpo señala antes de un evento mayor suele ser sutil, y en el caso de las mujeres, demasiado seguido se confunde con cansancio, estrés o menopausia. Reconocerlo puede hacer la diferencia entre llegar a tiempo a un diagnóstico y llegar tarde a una guardia.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

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