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Martes, 13 de octubre de 2026
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Ecos del Bermejo

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Cuando el guionista se queda solo con la cámara: el nuevo tropiezo de Aaron Sorkin

Vuelve el universo de Mark Zuckerberg con altas expectativas, pero la secuela de "La red social" tropieza en el mismo lugar donde ya había tropezado su director: la falta de alguien que lo frene.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares · · 3 min de lectura
Cuando el guionista se queda solo con la cámara: el nuevo tropiezo de Aaron Sorkin

Acomodensé porque la cosa arranca con una escena que ya la vimos antes, aunque cambien los actores. Tipo: luces de oficina, alguien tecleando frente a una pantalla, y de pronto el tipo empieza a hablar durante cuatro minutos seguidos sin que nadie lo corte. Si eso les suena familiar, es porque es el sello de Aaron Sorkin, esa marca registrada que cuando la usa un director externo funciona como un caño, y cuando la maneja él mismo se parece más a una clase magistral que nadie pidió. Esta vez le tocó otra vez con el universo de Zuckerberg, y otra vez, el resultado no termina de cerrar.

La sombra de Fincher y la oscuridad de los interiores

Lo que me llama la atención -y ojo, hablo desde el lado del espectador que bancó a Sorkin desde los tiempos de "El ala oeste"-, es que los problemas no son nuevos. Son los mismos que se vieron en sus últimas direcciones. La película repite los defectos ya conocidos: parlamentos larguísimos, escenas de interiores mal iluminadas (algo bastante llamativo cuando el director de fotografía es el mismo de "La red social") y un montaje que va a su ritmo, no al que necesita la historia. Y se nota, se nota mucho. Como diría mi abuela en ucraniano:,. Algo así como: cuando falta el viento, de nada sirve la vela.

La crítica especializada coincide en algo que a esta altura ya parece un diagnóstico firme: Sorkin escribe mejor de lo que dirige. "Molly's Game" tuvo su defensa, sí, pero lo que vino después confirmó la tendencia. Cuando tuvo enfrente a David Fincher para "La red social", a Danny Boyle para "Steve Jobs" o a Rob Reiner para "Algunos hombres buenos", el resultado fue otra cosa. Eran directores que le ponían un límite, le discutían una toma, le marcaban un corte. Sin ese contrapeso, queda el Sorkin más libresco: textos brillantes que suenan mejor leídos en voz alta que vistos en una pantalla.

  • Soliloquios extensos que existen más por lucimiento verbal que por necesidad dramática.
  • Escenas de interiores con problemas de iluminación notorios.
  • Montaje sin urgencia, con imágenes que apenas cumplen lo funcional.
  • Idealismo de manual que nadie externo se anima a moderar.
  • Frases que funcionan mejor como citas en Twitter que como escenas en un cine.
“La comparación interna más dura la hace el propio guion: Sorkin es, según una línea que ya se escuchó en los tráilers, un guardia de tránsito con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo en la esquina.”Diálogo del personaje interpretado por Bill Burr

Ahora, a no ser sicóticos: tampoco es que la película sea un desastre monumental. Funciona como secuela (algo que muchos pedían), arrastra ecos de "The Newsroom" y hasta se filtran ideas de aquel proyecto sobre el 6 de enero que Sorkin viene intentando levantar hace años sin suerte. El tema está ahí, el pulso es el que falla. Como cuando en un chamamé el cantante tiene la letra perfecta pero el acordeón se queda dormido a mitad de tema: una lástima que duele.

Qué ir a ver este finde si buscás opciones

Para el que quiere una salida y no sabe qué poner en la lista, va un punteo cortito: si te interesa el debate sobre tecnología y poder, "El precio de la red" se puede ver, pero con la advertencia de ir con expectativas medidas y el oído afinado para detectar cuando el guion se está lucindo en vez de contar algo. Si preferís algo más sólido de Sorkin, revisitá "La red social" de 2010 y entendé por qué la comparación hoy es inevitable. Y si lo tuyo es straight-up cine sin teorizaciones, hay opciones de estreno local que en la nota de cartelera te pasamos la semana próxima. Mientras tanto, yo me quedo con la pregunta que me dejaron picando: ¿realmente Sorkin necesita un director enfrente, o en algún momento va a aparecer el productor lo suficientemente valiente como para decirle que sí, que lo necesita? Por ahora, la respuesta la está dando la pantalla.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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