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Cuando la boca habla del cuerpo entero: lo que una pieza menos y una encía inflamada le avisan al resto del organismo

Una revisión internacional repasó catorce estudios sobre adultos mayores y volvió a poner sobre la mesa un dato que muchas veces queda afuera del consultorio médico: lo que pasa en la boca no se queda en la boca.

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Rosana CharoleComunidades y territorio · · 4 min de lectura
Cuando la boca habla del cuerpo entero: lo que una pieza menos y una encía inflamada le avisan al resto del organismo

Hace rato que Doña Irma, vecina del barrio de Belgrano, me insiste con una frase que repite cada vez que coincidimos en la fila de la panadería: mientras tenga dientes, mientras pueda morder una manzana y reírme sin taparme la boca, voy a seguir sintiéndome entera. Irma tiene 73 años, perdió dos piezas el año pasado y desde entonces, me cuenta, ya no va al club los martes porque le da fastidio que le pregunten qué le pasó en la dentadura. Esa conversación de barrio, tan cotidiana, volvió a aparecer en una revisión reciente publicada en la revista JAMDA, que reunió catorce estudios sobre personas mayores y encontró que perder más de un diente se asocia con cerca de un 50 por ciento más de riesgo de deterioro cognitivo y con un 28 por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. La advertencia principal de los autores es importante tenerla en cuenta para no leer el dato con ligereza: se trata de una asociación estadística, no de una relación de causa y efecto comprobada, porque en el medio hay otros factores que también pesan, como la inflamación prolongada, la alimentación, el acceso al odontólogo y las enfermedades previas.

La encía inflamada como señal de alerta

En el consultorio odontológico, pero también en la consulta clínica, hace rato que se repite un concepto que parece simple y que sin embargo cuesta instalar: la gingivitis, que es la inflamación de las encías, no es un problema menor que quede solo entre los dientes. Distintos trabajos la vincularon con enfermedades cardiovasculares, con enfermedades pulmonares, con obstrucciones en los vasos sanguíneos y con accidentes cerebrovasculares. Tampoco acá hay causalidad directa demostrada, pero la asociación es lo suficientemente firme como para que la guía de Harvard Health Publishing recomiende incorporar los controles odontológicos dentro del seguimiento médico habitual de los adultos mayores, y no como algo opcional o postergable.

Cuando la gingivitis avanza y la boca queda en carne viva

El camino que va de una encía inflamada a una boca que pierde piezas no suele ser un camino corto, pero tampoco es un camino raro. Cuando la gingivitis no recibe tratamiento, puede avanzar hacia los tejidos que sostienen los dientes y derivar en lo que los odontólogos llaman periodontitis, una afección que en etapas avanzadas provoca la pérdida de piezas dentales. Y acá aparece otra de las dimensiones que a mí, como cronista barrial, me parece clave: la falta de dientes puede reducir la participación social, porque algunas personas evitan conversar, evitan sonreír o evitan ir a una reunión por la dentadura, y ese retraimiento termina siendo un factor más de aislamiento durante la vejez, un tema que en nuestras comunidades se siente mucho, sobre todo entre los abuelos y las abuelas que eran el centro de la vida comunitaria.

Sensibilidad, bruxismo y boca seca: tres malestares que se confunden

A esa lista se suman tres problemas frecuentes en adultos mayores que suelen aparecer mezclados y que vale la pena diferenciar para no automedicarse ni quedarse esperando que se pase solo. El segundo es el bruxismo, que es el hábito de apretar o rechinar los dientes, sobre todo durante el sueño, y que en general se trata con una férula nocturna para reducir la presión sobre las piezas. El tercero es la boca seca, que ocurre cuando se produce menos saliva y dificulta masticar, tragar, hablar y hasta percibir sabores, y que aparece como efecto secundario de varios medicamentos y también asociada a diabetes, a accidentes cerebrovasculares, a alzhéimer y a algunas enfermedades que afectan el sistema inmune. La evaluación profesional, en los tres casos, es la que permite distinguir un origen de otro y definir qué enfoque corresponde, porque no es lo mismo tratar una retracción de encías que un bruxismo o una boca seca inducida por un fármaco.

Qué se puede hacer desde lo cotidiano y cuándo ir al odontólogo

La guía de Harvard Health Publishing pone el acento en los hábitos diarios como primera línea de trabajo y no como una cuestión estética, y enumera una serie de cuidados que conviene tomar como rutina estable a partir de los 60 años y no como un esfuerzo extraordinario.

  • Cepillarse los dientes al menos dos veces por día con pasta con flúor, sin apuro, dedicando el tiempo que la técnica indica.
  • Usar hilo dental o cepillos interdentales a diario para limpiar los espacios donde el cepillo no llega y donde suele comenzar la inflamación de encías.
  • Prestar atención a encías enrojecidas, sangrantes o retraídas, y a la movilidad de alguna pieza, y no esperar a que duela para consultar.
  • Tomar agua con frecuencia y revisar con el médico si la sequedad bucal puede estar relacionada con algún medicamento que se esté tomando.
  • Acudir al odontólogo de manera periódica, incluso sin dolor, para que la limpieza profesional y el examen clínico descarten gingivitis o periodontitis a tiempo.
RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

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