Cuando la confusión llega de golpe en un adulto mayor: por qué la familia debe actuar sin demorar
Un quiebre brusco en la atención o la conducta puede ser un delirio y, en muchos casos, revertirse si se trata a tiempo. Una farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic marca la diferencia con la demencia.

Yo soy Rosana Charoule y me toca contar lo que viven los vecinos cuando algo cambia de un día para el otro. A Don Aurelio, que tiene 78 años y vive con su hija en el barrio de San Telmo, lo trajeron a la guardia una mañana de junio porque de golpe no reconocía ni el baño ni el living donde duerme desde hace veinte años. No era la primera vez que se olvidaba de una palabra, pero en esta oportunidad la confusión había aparecido en horas, y esa diferencia fue la que encendió la alarma.
Según explicó Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic, ese cuadro se llama delirio y puede aparecer encima de una demencia que la persona ya venía transitando. Torbic, en su rol de referente en el área de cuidados intensivos, advirtió que interpretarlo como una simple manifestación del deterioro previo es uno de los errores más comunes y peligrosos, porque retrasa la atención sobre la causa que lo disparó, que suele ser tratable.
Dos pistas para distinguirlo en casa
La primera es el tiempo de aparición. Mientras la demencia avanza de a poco, a lo largo de meses o años, el delirio se instala en horas o en uno o dos días. La segunda es el vaivén dentro de una misma jornada: un rato la persona está lúcida y al siguiente vuelve a confundirse, le cuesta sostener una conversación o se retrae de manera llamativa respecto de su carácter habitual.
En las primeras etapas de la demencia, la atención suele mantenerse bastante más estable, apuntó Torbic. Por eso, cuando se observa un cambio marcado respecto del estado de siempre de la persona, la recomendación es concurrir a una guardia sin esperar.
Por qué urge la consulta
El delirio aparece con frecuencia durante internaciones, sobre todo en cuidados intensivos, y el riesgo crece cuando la hospitalización se extiende. El equipo de salud busca entonces el desencadenante, que puede ser una infección, un desequilibrio, un efecto medicamentoso o una descompensación, y al corregirlo, en muchos casos, la confusión se revierte. La demencia, en cambio, también necesita evaluación médica, pero por sí sola no suele constituir una emergencia.
“Un cambio brusco respecto del estado habitual de la persona es la señal que tiene que llevar a la familia a pedir atención médica inmediata.”Heather Torbic, farmacéutica de cuidados intensivos de Cleveland Clinic
Lo que la comunidad pide, y a quien se lo pide, es claro: las familias y los cuidadores piden a los servicios de salud, a las obras sociales y a los centros de atención primaria que se reconozca el delirio como una urgencia en adultos mayores, que se capacite al personal de geriátricos y de guardias generales para detectarlo a tiempo y que se garantice una evaluación inmediata que identifique y trate la causa reversible en lugar de atribuir todo a la demencia.
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