Cuidar la memoria empieza por ordenar el día, dormir bien y animarse a mover el cuerpo
Especialistas consultados por medios internacionales coinciden en que la atención sostenida, el descanso, la actividad física, la alimentación y la vida social son llaves cotidianas para preservar los recuerdos. Pequeños cambios de hábito pueden marcar una diferencia concreta.

Soy Rosana Charole, y en esta nota vuelvo a poner el cuerpo en la conversación: la memoria no se cuida con un truco mágico ni con una pastilla misteriosa, sino con decisiones que se toman cada mañana, cada vez que uno decide a qué le presta atención. Los especialistas que investigan el funcionamiento del cerebro vienen repitiendo, con argumentos cada vez más sólidos, que dormir bien, reducir las distracciones, moverse, comer de manera razonable y mantener vínculos sociales forman una especie de red de contención para que los recuerdos no se nos escapen de las manos como arena entre los dedos.
El celular como enemigo silencioso de la concentración
Una de las recomendaciones más repetidas es la de organizar la jornada para que el cerebro no salte de un tema a otro todo el tiempo. Revisar mensajes mientras se conversa con alguien o mientras se responde un correo, por ejemplo, parece inofensivo, pero obliga a cambiar de foco una y otra vez, lo que aumenta los errores y genera un estrés que termina afectando la memoria de corto plazo, según explicó Gary W. Small, director de terapias innovadoras de salud conductual de Hackensack Meridian Health.
La salida que proponen los especialistas es bastante concreta: dejar el teléfono lejos mientras se hace una tarea, reservar horarios específicos para mirar el correo electrónico y juntar los trámites administrativos en un mismo bloque de la jornada. También sugieren un ejercicio simple pero efectivo: cuando uno no recuerda el nombre de alguien, intentar traerlo a la memoria antes de googlearlo. Sara Mednick, profesora de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California en Irvine, sostuvo que ese esfuerzo activa el hipocampo y la corteza prefrontal, dos regiones clave para fijar recuerdos.
Dormir, moverse y comer: el trío que sostiene al cerebro
El descanso aparece como otra pieza central. Mientras dormimos, el cerebro se ocupa de ordenar lo aprendido durante el día, por eso la recomendación generalizada de dormir entre siete y ocho horas no es un capricho: es la condición mínima para que ese proceso de archivo se complete. Mednick agregó que una siesta de unos 30 minutos puede contribuir a fijar información, como un complemento del sueño nocturno y no como un reemplazo.
El movimiento también tiene efectos directos sobre el funcionamiento cerebral. Small explicó que el ejercicio aumenta el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro y favorece la producción de proteínas involucradas en la comunicación neuronal. Una investigación de la Universidad de Illinois siguió durante un año a 120 personas de entre 55 y 80 años y encontró que quienes caminaron rápido durante 40 minutos, tres veces por semana, registraron un hipocampo un 2 por ciento más grande que quienes hicieron solamente estiramientos y tonificación.
- Patrón MIND en la mesa: combina aspectos de las dietas mediterránea y DASH, con cereales integrales, vegetales de hoja y pescados grasos como protagonistas, junto con frutas, frutos secos y aceite de oliva.
- Vida social activa: una conversación cara a cara exige escuchar, interpretar y recuperar experiencias, lo que ejercita la atención y la memoria de manera natural.
- Aprendizaje continuo: tocar un instrumento, estudiar un idioma o animarse a una habilidad nueva obliga al cerebro a recordar, sostener la atención y reorganizarse.
En definitiva, no se trata de vivir pendientes de la memoria ni de asustarse cada vez que uno olvida dónde dejó las llaves, sino de aceitar la vida cotidiana para que el cerebro tenga menos ruido y más descanso. Lo que la comunidad médica y científica viene pidiendo, en el fondo, es bastante simple: que cada uno se haga cargo de sus horas, de su sueño, de su comida y de su gente. Son decisiones chicas que, sumadas, pueden hacer una diferencia grande cuando los años empiezan a pasar.
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