Daniel Ceferino, el ladrillero del Covunco que cambió la pala por la semilla y cosechó un zapallo de 23 kilos
Mariano Moreno relanza el concurso Ciudad Zapallo con entrega gratuita de kits y capacitación abierta a todo el público. La historia del vecino que ganó la primera edición combinando dos oficios sobre el mismo arroyo.

A Daniel Ceferino Panitrul lo conocí por su nombre de pila, en la voz de sus vecinos de Los Hornos, ese barrio que queda a ocho kilómetros del centro de Mariano Moreno, en Neuquén, donde todavía se escucha el ruido del agua del arroyo Covunco contra los moldes de barro. Daniel tiene 57 años y es ladrillero desde los treinta, primero en el taller de otro y, desde 2008, en el propio, montado sobre la misma costa del arroyo donde hoy también cultiva. Cuando le preguntan por su oficio, él lo resume con una frase que me quedó dando vueltas: "La producción de ladrillos me ayudó a vivir". Y ahora, dice, la huerta le dio algo más.
Un zapallo de 23,560 kilos y un concurso que vuelve
Hace tres años, Daniel empezó a sembrar en el mismo predio donde amasa los ladrillos, con semillas que le acercó el municipio. Armó una huerta con papas, tomates y, sobre todo, zapallos. En la última temporada arrancó uno del piso que pesó 23,560 kilos, cifra que le alcanzó para quedarse con el primer puesto de la edición inaugural del concurso Ciudad Zapallo, organizado por el municipio y el PRODA, el programa de desarrollo agropecuario neuquino. El podio de esa primera edición lo completaron Antonio Moscoso, de Covunco Arriba, con un ejemplar de 19,260 kilos, y Mariano Villagra, también de Los Hornos, con uno de 14,760 kilos. Tres nombres de pila, tres comunidades del valle, y una misma verdura como emblema compartido.
Este martes 13 de octubre, a las 10 de la mañana, el municipio vuelve a abrir la convocatoria para la segunda edición, la 2026-2027. El punto de encuentro es el Balneario Municipal de Mariano Moreno, y la jornada combina capacitación presencial, entrega de kits de semillas sin costo y el lanzamiento formal del nuevo ciclo. La entrada es libre y no requiere inscripción previa, según la convocatoria que difundió la comuna.
“Cuando hay política pública y manos dispuestas, la tierra responde.”Carolina Gez, responsable del área de Producción municipal
Una convocatoria abierta, también para quien nunca sembró
- Productores con experiencia que quieran competir por el zapallo más grande.
- Vecinos sin experiencia que quieran armar su primera huerta familiar.
- Familias del Valle del Covunco interesadas en retomar el cultivo de zapallo, histórico en la zona.
- Cualquier habitante de Mariano Moreno que se acerque el martes 13 al Balneario Municipal a las 10.
Lo que más me importa destacar de esta segunda edición es que no se trata de un concurso pensado solo para manos expertas. La convocatoria incluye expresamente a vecinos que nunca cultivaron y que quieren dar los primeros pasos en una huerta familiar. Los materiales para comenzar, con las semillas incluidas, se entregan en el mismo momento de la inscripción. Es decir, nadie se va a ir de ese balneario con las manos vacías si tiene la decisión de intentarlo.
El Valle del Covunco tiene una historia agrícola larga, que muchas veces queda silenciada bajo el ruido de otras economías. Su territorio fue asiento de una antigua colonia agrícola y pastoril, y el zapallo fue durante años uno de sus cultivos emblema, casi una firma del lugar. Por eso el programa municipal apunta a algo más que a una competencia: busca que cada familia vuelva a sembrar lo que antes sembraban los abuelos, y que la huerta vuelva a ser, como me lo dijeron en el barrio, una forma de estar en el territorio.
Yo, que vengo siguiendo estas historias de comunidades que se organizan alrededor de la tierra, celebro que se trate de una política concreta, con semillas en la mano y no solo con palabras. La cita de Carolina Gez, funcionaria del área de Producción que acompañó a los huerteros durante todo el ciclo anterior, sintetiza el espíritu: cuando el Estado acerca las herramientas y la gente las toma, el resultado se mide en kilos de zapallo pero también en vínculos vecinales. La comunidad, en definitiva, le pide al municipio que no afloje: que mantenga la entrega de semillas, que sostenga la capacitación y que el concurso siga siendo una excusa para que las familias del Covunco vuelvan a juntarse alrededor de una planta.
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