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De la promesa de enero al cambio que sobrevive al invierno: lo que dicen los expertos para no abandonar en el intento

Especialistas en salud y neurociencia, junto con recomendaciones de la OMS, los CDC y la APA, coinciden en que sostener un nuevo hábito depende menos de la voluntad y más de la planificación, el entorno y la tolerancia a los tropiezos. Una guía concreta para que la decisión de hoy no se evapore en unas pocas semanas.

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Rosana CharoleComunidades y territorio · 8 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Soy Rosana Charole y arranco esta nota como suelo arrancar las mías: con una persona, su comunidad y su nombre de pila. Me imagino a Vicki, una educadora en salud a la que todavía no conozco personalmente pero a la que le vendría bien un cafecito en alguna plaza de un barrio cualquiera de Buenos Aires, mientras le cuento que otra vez prometí empezar a caminar todas las mañanas antes de que el reloj me devore. Vicki me diría, con esa paciencia que tienen quienes se dedican a esto, que el problema no es que yo sea débil sino que me faltó un puente entre el deseo y la rutina, y que por eso cada enero empieza con un impulso que se apaga antes de que cambien las hojas del jacarandá. Esa distancia entre lo que uno se propone y lo que efectivamente hace en el día a día es, según los especialistas consultados, el primer obstáculo real, y también el más subestimado, porque la cultura del esfuerzo nos hizo creer que alcanza con repetir tres veces frente al espejo "este año sí". Nada de eso alcanza sin un plan.

La Organización Mundial de la Salud, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos y la Asociación Estadounidense de Psicología vienen publicando hace años recomendaciones que, traducidas al castellano rioplatense, dicen algo bastante simple: no alcanza con querer, hay que escribir el deseo, hay que convertirlo en una meta con día, hora y número, y hay que revisar esa meta como quien revisa la heladera antes de hacer las compras. La educadora Vicki Griffin suele remarcar en sus presentaciones que mantener a la vista el propósito de fondo, ese motivo más profundo por el que uno se propuso cambiar, es lo que transforma una tarea cotidiana, a veces tediosa, en un avance que tiene sentido. Si el propósito queda guardado en un cajón, la tarea se vuelve una carga y la carga termina en el cesto de basura de los buenos propósitos.

Metas chicas, tiempos cortos y un solo cambio a la vez

El neurocientífico Karl Bailey, que trabaja sobre cómo el cerebro se reorganiza frente a nuevas conductas, lo explica con una frase que se repite en la literatura especializada: el cerebro conserva durante toda la vida la capacidad de modificar sus circuitos, pero no lo hace de un día para otro ni a cualquier costo. Por eso la APA sugiere dividir los cambios en tramos manejables y, sobre todo, abordar un solo comportamiento por vez. Si uno pretende al mismo tiempo dejar de fumar, bajar de peso, correr cinco kilómetros y dejar el azúcar, lo más probable es que abandone las cuatro peleas a la vez. En cambio, cuando se consolida un hábito antes de sumar otro, el cerebro tiene tiempo de estabilizar el circuito nuevo y la conducta se vuelve automática, que es justamente lo que uno busca: que la nueva práctica no dependa de la voluntad de cada mañana.

  • Traducir el propósito general en objetivos específicos, medibles y con fecha, según la recomendación de los CDC. No sirve "quiero estar mejor", sirve "voy a caminar veinte minutos, lunes, miércoles y viernes, a las siete de la mañana, durante el próximo mes".
  • Empezar por una sola conducta. La APA es clara en esto: sumar cambios en paralelo multiplica las chances de abandonar todos.
  • Respetar la referencia de la OMS de 150 a 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada para adultos, aunque recordando siempre que cualquier cantidad de movimiento es mejor que ninguna, incluso en quienes parten de cero.
  • Repetir la nueva conducta en horarios y contextos estables, porque la repetición en el mismo marco es lo que termina convirtiendo una acción en rutina, tal como subrayan los CDC.
  • Compartir el objetivo con alguien de confianza, caminar o cocinar en compañía y hablar de los obstáculos cuando aparecen, porque el entorno opera como una red de contención que la voluntad individual no puede reemplazar.

Tropiezos que no son derrotas

Acá aparece uno de los puntos más humanos del informe y por eso me detengo: los tropiezos no son el final del camino, son parte del camino. Vicki Griffin suele decir que los errores sirven para revisar la estrategia, no para confirmar un fracaso, y la APA coincide en que los deslices ocasionales son absolutamente esperables en cualquier proceso de cambio. Lo que define si uno abandona o no es lo que hace después del tropiezo: si lo toma como una señal para ajustar la meta, modificar el horario, pedir compañía o repensar el plan, sigue en carrera; si lo toma como una prueba de que no puede, ahí sí empieza el abandono. La literatura sobre cambio de conducta también recomienda ajustar las metas cuando dejan de ser viables en lugar de tirarlas, porque a veces la meta era correcta pero el plazo era absurdo, y a veces el objetivo correcto era inalcanzable con la vida real que uno tiene, con los turnos, los hijos, el colectivo que llega tarde y el sueldo que no alcanza.

“El entorno influye mucho más de lo que solemos reconocer, porque cambiar una conducta en soledad es como remar en una canoa sin que nadie mire si uno se desvía del rumbo.”Asociación Estadounidense de Psicología (APA), en sus guías sobre modificación de hábitos

La Organización Mundial de la Salud cierra el cuadro con una mirada que a mí, como periodista que recorre barrios y comunidades, me resulta especialmente valiosa: las conductas de salud no se construyen en el consultorio ni en la farmacia, se construyen en la vida cotidiana, a través de la alimentación que llevamos a la mesa, del movimiento que metemos en la semana, del sueño que respetamos, del vínculo que tenemos con quienes nos rodean. La salud no es un evento, es un paisaje, y uno lo va modificando con decisiones chicas que se repiten hasta volverse paisaje nuevo. Lo que la comunidad viene pidiendo, y esto lo escucho cada vez que recorro un comedor, un merendero o una sala de espera en el norte argentino, es que esas recomendaciones dejen de llegar solo en inglés desde los manuales y empiecen a aparecer traducidas, adaptadas y respetuosas de los tiempos reales de cada territorio. A eso, justamente, nos dedicamos en esta sección: a contar cómo se traduce el saber a la vida concreta de la gente, con sus nombres, sus barrios y sus palabras propias, sin que la teoría se quede flotando en el aire de las conferencias.

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Rosana CharoleComunidades y territorio

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