Saltar al contenido
Lunes, 5 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Ecos del Bermejo

Ecos del Bermejo

Digger: cuando Tom Cruise se sube al escenario para mostrar el mundo que viene (y lo qué)

La nueva película de Alejandro González Iñárritu cruza crisis climática, capitalismo y teatro dentro de una misma ficción. Un magnate, un sobrino que vende mascarillas para respirar y un actor que interpreta todo eso en un escenario financiado por la propia familia. Acá, los detalles del argumento y el cierre que incomoda.

IT
Ivana TkachukCultura y fiestas populares · · 3 min de lectura
Digger: cuando Tom Cruise se sube al escenario para mostrar el mundo que viene (y lo qué)

Digamos las cosas como son: a veces uno entra al cine esperando una historia y termina encontrando dos, y encima una metida adentro de la otra. Eso es lo que pasa con Digger, la película que Alejandro González Iñárritu viene cocinando con Tom Cruise como protagonista y Jesse Plemons como contraparte ideal. Acá la cosa arranca con un magnate, sigue con un mundo post desastre donde la gente necesita mascarillas para poder existir, y de un momento a otro aparece una obra dentro de la obra, financiada por la propia familia del businessman. Sí, leyeron bien: el escenario que retrata la caída de ese imperio es pago del mismo bolsillo que lo sostuvo en pie.

Pero vayamos de a poco, porque la película se disfruta más cuando uno sabe dónde están las curvas. Cruise interpreta a un actor, no al magnate en sí. Esa definición llega un poco después del primer acto y cambia toda la lectura de lo que veníamos mirando. La vida del personaje central, el tal Digger, es el antecedente de la distopía que vemos en pantalla. O sea, lo que el público cree que es el presente de la trama termina siendo, en realidad, la pieza de teatro que alguien decidió montar sobre su existencia.

Dos planos, una misma familia

Jesse Plemons se mueve como pez en el agua entre esos dos universos. Es el sobrino del magnate, sí, pero también es el que sostiene el negocio de las mascarillas que permiten vivir en ese aire que ya no es tan aire. Y al mismo tiempo, es quien pone la plata para que la obra exista. Acá ir la ironía más filosa de Iñárritu: la representación de la caída del tío se financia con el dinero que la familia siguió levantando después de la catástrofe. El arte y el negocio, otra vez, tomados de la mano (aunque ninguno de los dos quiera admitirlo).

(A mí, cada vez que aparece un mecenas así en cualquier ficción, me acuerdo de mi abuela diciendo algo como 'khozhay dobryy, ale veselyy' -un buen señor, pero alegre- mientras servía el té. Con esa media sonrisa que deja en evidencia más de lo que dice. Acá el mecenas es todo lo contrario: sostiene una puesta con la misma mano que sostiene el aire que la gente respira, y parece no inmutarse.)

El final que se queda dando vueltas

El desenlace es de esos que no te sueltan cuando salís del cine. Sobre el escenario se representa la caída y la muerte de Digger, y el público de la función lo festeja. Termina la obra, los espectadores se calzan las mascarillas, se cruzan con el control policial en la puerta y listo, cada uno a su casa. Pero hay un detalle más, y no es menor: la música. Tanto en los tramos finales como durante los créditos, la banda ofrece momentos de alivio que se cortan en seco, sin aviso. Ese recurso estira la incomodidad mucho más allá del telón.

Ahora bien, ¿qué ir a ver el finde mientras mastica estas ideas? Si todavía no vio La passion selon Karité -ese corto documental entrerriano que anda por el Cosquín-, corra que lo sacan de cartelera el domingo. Y si prefiere quedarse en casa, aproveche de fondo del chamamé de Mario Bofill, "Alma de boyero", que tiene un estribillo que se le va a meter en la cabeza hasta el lunes. Después me cuenta.

IT
Ivana TkachukCultura y fiestas populares

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo