Sábado, 5 de septiembre de 2026
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Ecos del Bermejo

El día que Nintendo apostó a esconder y ganó: la odisea clandestina de las Super Hornio

A comienzos de los noventa, dos películas para adultos parodiaban al fontanero más famoso del mundo. La compañía japonesa respondió con una jugada insólita: comprar los derechos no para exhibirlos, sino para archivarlos en un cajón que nadie debía abrir.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Hay una imagen que me persigue cada vez que pienso en el poder real de las grandes compañías de entretenimiento, y no es la de un ejecutivo con traje firmando un megacontrato: es la de un tipo sentado frente a una pila de VHS, decidido a que nadie más vuelva a verlos. Eso, ni más ni menos, fue lo que hizo Nintendo cuando descubrió que dos películas pornográficas se habían animado a usar a su fontanero estrella sin pedir permiso. La escena, créanme, es casi de manual: el gigante japonés, con su instinto de a la propiedad intelectual a pleno, movió una cifra que nunca trascendió para hacerse de esos films y mandarlos directo al rincón más profundo del archivo. No los quería para venderlos, no los quería para entenderlos, ni siquiera los quería para estudiarlos. Los quería, simplemente, desaparecidos.

Dos días de rodaje y un presupuesto que cabe en el bolsillo

Corría 1993 y el boom de Super Mario lo había teñido todo: dibujos animados, merchandising, y también, claro, las zonas más turbias del mercado del video hogareño. El director y actor Buck Adams vio la veta y armó, en apenas un par de jornadas, una parodia para adultos con el fontanero como protagonista. El presupuesto, según se conoció después, rondaba los veinte mil dólares, una cifra que hoy parece de anécdota. Como el material grabado dio para más de lo previsto, la producción se partió en dos entregas bautizadas como Super Hornio Brothers y su secuela. El primero, una suerte de Super Mario en clave caliente; el segundo, con el nada sutil subtítulo de King Pooper Returns.

(Me detengo un segundo acá, porque cada vez que cuento esta parte me acuerdo de mi abuela, que cuando algo le parecía una vergüenza doméstica decía, con esa voz que no admite réplica: "Tsvyoho bydemo movchaty", algo así como "de eso vamos a callar". Bueno, Nintendo parece haber tomado la filosofía al pie de la letra.)

La compra silenciosa y el arte de no existir

Lo que pasó después tiene una precisión casi quirúrgica. En paralelo a esas parodias se estrenaba la película oficial Super Mario Bros., dirigida por Rocky Morton y Annabel Jankel, que fue un fracaso resonante en taquilla y recibió críticas durísimas. Con la imagen del personaje ya golpeada por ese traspié cinematográfico, Nintendo resolvió que no iba a tolerar una segunda mancha, ni siquiera en formato underground. Adquirió los derechos de ambas producciones Hornio en los meses siguientes al estreno, con una discreción que se volvió leyenda. No hubo comunicado de prensa, no hubo festejo corporativo: la operación se hizo para que nadie hablara del tema. La idea, dicen quienes reconstruyeron el caso, era archivar el material sin generar publicidad adicional. Y la jugada salió tan bien que, durante más de una década, muchísima gente dudó de que las películas hubieran existido realmente.

Recién en 2009 la tapa del archivo se corrió un poco: apareció en internet una copia de Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns, que además incluía un resumen de la primera entrega, lo único que se conoce de ella hasta hoy. El actor Ron Jeremy, protagonista de ambas, confirmó públicamente que los derechos le pertenecen a Nintendo y que, por lo tanto, no es legalmente posible reeditarlas ni difundirlas con fines comerciales. La primera película, directamente, sigue sin aparecer.

  • 1993: Buck Adams produce dos películas pornográficas paródicas de Super Mario en apenas dos días y con unos veinte mil dólares de presupuesto.
  • La compra de Nintendo fue deliberadamente silenciosa, con el único objetivo de impedir que el material siguiera circulando.
  • Durante más de una década, muchos dudaron de que esas películas hubieran existido realmente.
  • En 2009 apareció en la web una copia de la segunda entrega, que incluye un resumen de la primera.
  • La confirmación de Ron Jeremy sobre la propiedad de Nintendo cerró cualquier posibilidad legal de reeditar ambas cintas.

El episodio quedó como un caso singular, casi de libro, en la historia de la protección de propiedad intelectual: una empresa de videojuegos comprando cine para adultos no para distribuirlo ni para entenderlo, sino para que nadie pudiera verlo. Una manera muy Nintendo, me animo a decir, de proteger su universo: con menos fanfarria y más archivo, con menos declaraciones y más olvido.

“El poder de Nintendo fue tal que, durante años, mucha gente dudó de que esas películas hubieran existido.”Ivana Tkachuk

Para ir a ver el fin de semana, les dejo una sugerencia que nada tiene que ver con fontaneros ni con VHS olvidados: vuelvan a ver la Super Mario Bros. de 1993, ahora con la distancia que da el tiempo y con esta historia en la cabeza. Verán que, comparado con las andanzas clandestinas de Hornio, el fracaso oficial fue casi una travesura inocente. Y si el ánimo los lleva a algo más ligero, cualquier corto animado reciente de Mario en plataformas digitales les devuelve, sin esfuerzo, la magia limpia del personaje. El resto, por ahora, queda bajo llave en algún cajón japonés.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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