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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Ecos del Bermejo

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El final que George Lucas cambió a último momento: la historia detrás de los tres planos que reescribieron "El Imperio Contraataca" sin que nadie lo supiera

En 1980, con la película ya en unas cien salas en 70 mm, el director detectó un problema de continuidad y movió cielo y tierra para arreglarlo antes del estreno masivo. Una reconstrucción con los protagonistas de un rescate cinematográfico que duró apenas tres semanas.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares · · 4 min de lectura
El final que George Lucas cambió a último momento: la historia detrás de los tres planos que reescribieron "El Imperio Contraataca" sin que nadie lo supiera

Hay una imagen que se me viene a la cabeza cada vez que alguien me dice que el cine es un arte terminado, pulido, definitivo: George Lucas sentado en una butaca de un cine cualquiera, viendo El Imperio Contraataca en 70 mm, y notando algo que al resto de los mortales se nos hubiera pasado por alto. Un corte. Un maldito corte entre dos escenas. Y a partir de ahí, tres semanas de histeria creativa que terminaron cambiando la historia del filme sin que el público se enterara nunca.

Estamos en 1980. La película se acaba de estrenar en unas cien salas de Estados Unidos en ese formato enorme, casi ritual, que era el 70 mm. Lucas va a ver una de esas proyecciones y se da cuenta de que el tramo final, ese donde vemos a Luke recuperándose con su mano nueva y a Leia mirándolo con cara de circunstancia, no termina de cerrar: el salto entre la cabina del Halcón Milenario y la enfermería no dejaba del todo claro si estábamos en la misma nave o en dos distintas. Para vos o para mí, un detalle. Para Lucas, una herejía.

Tres semanas, tres planos y dos llamadas que parecían joda

Faltaban exactamente tres semanas para el estreno masivo en 35 mm, previsto para el 18 de junio. Lucas decide que ese tiempo no era un tope, era una oportunidad. Lo cuenta J.W. Rinzler en The Making of The Empire Strikes Back, la biblia de cualquier fanático de la saga, y la película es una joyita para entender cómo se hacía cine en los ochenta, cuando todavía no existía el Photoshop para tapar agujeros.

El primer llamado fue a Tom Smith, por entonces director general de Industrial Light & Magic. Su reacción, según el libro, fue pensar que era una broma: la película ya estaba en cartelera, ¿cómo le vas a meter mano? Lucas tuvo que explicarle con una paciencia franciscana que el estreno amplio todavía no había llegado y que había margen. Después llamó a Ken Ralston, camarógrafo de efectos especiales que estaba en su casa de Los Ángeles tratando de recuperar el sueño después de meses de turnos nocturnos. Misma reacción: esto es una joda. No era una joda.

  • Un plano que ampliaba la vista de la flota rebelde, para ganar tiempo y aire antes del desenlace.
  • Un acercamiento progresivo al Halcón Milenario, entrando en su cabina de manera más cinematográfica.
  • Un plano que vinculara esa nave con la fragata médica donde estaban Luke, Leia y el resto, cerrando la (perdón, la duda) espacial de forma definitiva.

(Me imagino a Ralston y al artista Joe Johnston sentados en una mesa de San Rafael, cerca de San Francisco, con los modelos de la nave desparramados y un café que se enfría, mientras Lucas del otro lado del teléfono dice 'necesito que se entienda que están todos en el mismo lugar'. Y uno piensa: bueno, era 1980, no había videollamada, había que mandar las fotos por taxi).

No solo imágenes: hubo que tocar la música y hasta el diálogo

Lo lindo del asunto, lo que lo convierte en una pequeña hazaña de artesanía, es que la corrección no se limitó a meter tres planos bonitos. El equipo de edición tuvo que extender la música de John Williams para acompañar la secuencia ampliada. Y ajustar parte de las líneas para que sonaran como una comunicación por los sistemas internos de la nave, no como dos personas charlando de habitación en habitación. Una pavada, dirán algunos. Un mundo, responderán otros.

Toda esa coreografía técnica se completó en el plazo previsto, justo a tiempo para el 18 de junio. La versión en 35 mm se estrenó con los cambios ya incorporados. Sin anuncio, sin comunicado, sin un cartelito que dijera 'disculpen las molestias, se cambió el final'. Los que habían visto la película en las primeras semanas y los que la vieron después miraron finales distintos, y ninguno se enteró de la diferencia.

Yo, cada vez que llego a la última media hora de El Imperio Contraataca, miro la enfermería con otros ojos. Pienso en Lucas en la butaca, en Smith pensando que era joda, en Ralston volviendo de sus vacaciones al grito, en Johnston armando los modelos en San Rafael. Pienso que esa escena que vimos mil veces es, en realidad, una segunda versión. Y me da una ternura enorme. Como cuando la abuela repetía una receta tres veces hasta que le salía redonda y no se lo contaba a nadie.

Este finde, si te da por revisitar la saga, ponele pausa justo en el momento en que la cámara se acerca al Halcón y después se mete en la enfermería. Esos tres planos que no existen en la primera copia de 70 mm son, para mí, la prueba de que el cine también se pule a último momento. Como la vida, vaya.

IT
Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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