El galán que se bajó del avión: la vez que Hugh Grant casi se mete en la cocina de los Harper y terminó todo Ashton Kutcher
Chuck Lorre reveló en sus memorias que le ofreció 750 mil dólares por episodio y una semana de cuatro días, pero el actor británico dijo que no a último momento. Qué pasó, por qué se rompió el negocio y qué hubiera cambiado si el británico se quedaba con el papel.

El tipo estaba ahí, sentado del otro lado de la mesa, con el contrato ya impreso y el birome a un palmo de la mano. Del lado de afuera de esas cuatro paredes de Hollywood, un estudio entero esperaba la foto del día: Hugh Grant reemplazando a Charlie Sheen en Dos hombres y medio. Y el actor, ay el actor, se levantó, agarró su saco, dijo algo así como "lo pienso" y nunca más volvió a contestar el teléfono. Trece años después nos enteramos de que la oferta existía, era sideral y se cayó por un detalle que, mirándolo bien, parece de otra época.
La historia la cuenta el propio Chuck Lorre, creador de la serie, en un adelanto de sus memorias tituladas Sitcom. Lorre y su socio de siempre Lee Aronsohn se sentaron cara a cara con Grant, le escribieron un par de escenas de prueba y le tiraron la propuesta completa encima de la mesa: 750 mil dólares por episodio (en aquel momento, una cifra que te compraba un departamento en Palermo y te sobraba para viajar) y nada más que cuatro días de trabajo semanales. Un arreglo pensado para no romperle la agenda de al señor.
El miedo a las risas
Hasta ahí, todo pintaba para foto. Pero había un cable a tierra que el británico no podía desatar: las sitcoms yanquis se graban con público en el estudio, y Grant les confesó que el sólo hecho de actuar frente a una tribuna llena de gente le daba un cagazo genuino, de los de pedir el Ala D. Lorre, que es de los que negocia hasta con la sombra, le ofreció una salida elegante: sacar al público del plató y meter las risas en posproducción, como se hacía en algunas comedias más modernas. Grant dijo que sí, asintió con la cabeza, firmó el precontrato y se fue con la promesa de volver al día siguiente con la rúbrica final.
No volvió. Sus allegados, esa camada de managers y asistentes que viven del teléfono, dejaron trascender que había desistido. Lorre, cuentan las memorias, se quedó con el café frío en la mano y el casting en la calle. (Dicen los que saben que Grant, que es fóbico declarado a las promociones de sus propias pelis, prefiere esconderse detrás de la pantalla antes que pararse frente a una cámara.)
Qué pasó después
- Ashton Kutcher fue elPlan B de emergencia y se subió a la serie en la novena temporada, estrenada en septiembre de 2011.
- Kutcher se quedó hasta el final, en febrero de 2015, cuatro temporadas más.
- La serie mantuvo buenos números al principio, pero nunca volvió a ser la phenomena que fue con Charlie Sheen en pantalla.
- Dos hombres y medio terminó de la peor manera: con separación creativa, peleas mediáticas y un final que dejó gusto a poco.
“Tuve el contrato en la mano y al final no lo firmó. Todavía me pregunto qué hubiera pasado distinto.”Chuck Lorre, en sus memorias Sitcom
La pregunta queda picando en el aire como una empanada que se cae al piso: ¿hubiera cambiado algo si Grant se quedaba? Mi olfato me dice que no, o por lo menos no en el fondo. La serie ya había perdido a su motor, que era un Sheen desatado y genial, y ningún actor de reparto iba a devolverle el ácido original. Kutcher, que es buen actor cuando lo dejan, le puso esfuerzo y transpiración, pero el guión ya estaba pidiendo el campeonato a gritos.
Lo que sí cambió es la vara de las negociaciones en la televisión gringa. Una oferta así, billonaria para la época, tirada por un papel que hoy cualquier comediante de stream pelea por tres años, muestra cuánto se movió el mercado. Y cómo un actor inglés con cara de sueño pudo decirle que no a un camión de plata por puro prurito artístico, algo que, digamos la verdad, en este oficio escasea más que la honestidad en el kiosco del hospital.
Y bueno, para ir a ver este finde: en Buenos Aires siguen los bailes de chamamé en los centros tradicionales del Abasto y La Paternal, y si andan por la calle Corrientes vale la pena sentarse a ver qué obra nueva sacaron. Yo, si fuera ustedes, me pido una terraza, un par de empanadas y dejo que las memorias de Lorre me cuenten el resto.
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