El intestino no avisa dos veces: por qué las molestias digestivas que se repiten merecen una consulta médica antes que un remedio casero
Una nutricionista clínica estadounidense insiste en que gases, hinchazón o cambios en las evacuaciones que se prolongan en el tiempo no deberían naturalizarse y deben ser evaluados por un profesional, ya que pueden esconder intolerancias, enfermedades digestivas o alteraciones en la microbiota que un consejo genérico no alcanza a resolver.

Yo veo seguido en mi barrio, en Moreno, cómo doña Hilda y sus vecinas del merendero La Esperanza machacan la misma verdura de siempre, fideos con manteca o arroz con queso, y al rato se quejan de la panza inflada, de los gases que no se van nunca, de esa acidez que sube por la noche y ya parece parte de la vida; por eso me llamó la atención lo que dijo por estas horas Marcie Vaske, especialista en nutrición clínica, cuando advirtió que esas molestias que se repiten semana tras semana no deberían haberse convertido en costumbre y que, cuando se sostienen en el tiempo, requieren sí o sí una evaluación profesional porque pueden estar relacionadas con intolerancias, con enfermedades digestivas o con alteraciones de la microbiota, es decir de esa enorme cantidad de microorganismos que viven en el intestino y que cumplen funciones clave en la digestión, en las defensas del cuerpo y hasta en la forma en que aprovechamos la energía de los alimentos que comemos.
La fibra como aliada cotidiana
Para el cuidado de todos los días, una de las claves está en algo tan simple y a la vez tan difícil como la variedad de lo que se come, porque la fibra, esa parte de los alimentos que nuestro cuerpo no digiere pero que alimenta a parte de los microorganismos intestinales, se encuentra en las frutas, en las verduras, en las legumbres, en los frutos secos y en los cereales integrales, y la Organización Mundial de la Salud, la OMS, aconseja incluir estos grupos de alimentos y alcanzar un consumo diario de, como mínimo, 400 gramos de frutas y verduras, una cifra que en los comedores escolares y en las mesas populares de acá lejos está bien lejos de cumplirse.
“Sostener ese patrón de pocas comidas repetidas y predominio de ultraprocesados puede modificar la microbiota y favorecer procesos inflamatorios.”Jenna Volpe, dietista
Ahora bien, esa diversidad se cae cuando se repiten siempre las mismas comidas y predominan los ultraprocesados, esos productos de góndola que tienen más que nutrientes reales, y la dietista Jenna Volpe fue bastante clara al señalar que sostener ese patrón en el tiempo puede modificar la microbiota y favorecer procesos inflamatorios, mientras que los alimentos fermentados, como el yogur natural, el kéfir, el chucrut o el kimchi, pueden formar parte de una dieta variada pero de ninguna manera incorporarlos sustituye una consulta médica si las molestias vuelven.
Antibióticos, estrés y movimiento: los otros factores que pesan
El intestino, hay que recordarlo, alberga bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que intervienen en la digestión, en las defensas y en la obtención de energía de los alimentos, y su composición cambia con el tiempo: el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos identifica a la alimentación y a los medicamentos entre los factores que pueden modificarla, por eso importa muchísimo cómo se usan los antibióticos, que son necesarios y muy valiosos frente a infecciones bacterianas cuando están indicados, pero cuya utilización innecesaria puede afectar a microorganismos beneficiosos y dejar al intestino más desprotegido, con la recomendación sanitaria de siempre bien vigente, tomarlos con prescripción médica y completar el tratamiento tal como fue indicado, sin cortar antes de tiempo ni automedicarse.
En definitiva, lo que yo rescato de toda esta lectura y lo que me llevo para compartir con mis vecinos y con las familias que se acercan al salón comunitario es algo que la comunidad viene pidiendo desde hace rato a las autoridades sanitarias del municipio y a los responsables de los centros de atención primaria: que se refuerce el acceso a controles clínicos con profesionales de la nutrición y la gastroenterología en los barrios populares, porque las molestias digestivas repetidas no son un capricho ni un tema menor sino una señal del cuerpo que, atendida a tiempo, puede marcar una diferencia enorme en la calidad de vida de gente que, como doña Hilda, lleva años conviviendo con una panza que le pide ayuda a gritos.
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