El parador neuquino que no cierra en primavera y se reinventa para que la calle deje de ser el último destino
A dos meses de su apertura, el refugio nocturno de la capital neuquina atendió a 400 personas y se reconvierte en un dispositivo por etapas pensado para la reinserción laboral y familiar, con apoyo de equipos de salud y un modelo tomado de una villa porteña.

Les cuento de Marcos, uno de los tantos hombres que durante este invierno golpeó la puerta del parador nocturno que la ciudad de Neuquén abrió en junio pasado para darle una respuesta concreta a la gente que duerme a la intemperie. Marcos llegó una noche de julio con lo puesto, con el cansancio de años en la calle dibujado en la cara y con una sola certeza: no quería seguir pasando frío. Esa es, ni más ni menos, la puerta que el Estado local decidió abrir cuando el mercurio se desplomó y que, contra lo que muchos imaginaban, no va a volver a cerrarse ahora que empieza la primavera, porque lo que cambió no es la temperatura sino la decisión política de sostener un dispositivo que, en apenas dos meses, ya atendió a 400 personas y promedia 100 asistentes por noche, con picos de hasta 120 cuando las ráfagas de viento patagónico pegan más fuerte.
Los números que arroja el primer relevamiento son elocuentes y obligan a mirar de frente una problemática que muchas veces se prefiere correr de la vista: el 92 por ciento de quienes pasaron por el refugio son varones y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en la provincia de Neuquén, según el cruce de datos que el municipio hizo con el Registro Nacional de las Personas, una cifra que desmiente el mito de que la calle es un problema ajeno y muestra que la vulnerabilidad más extrema se construye muchas veces a la vuelta de la casa de uno, en el mismo barrio donde el vecino perdió el alquiler, el trabajo o los vínculos.
Un dispositivo por etapas, pensado para que nadie se quede en el umbral
Lo más interesante de esta experiencia, y lo que la diferencia de otras intervenciones de emergencia que se desarman cuando termina el frío, es que el equipo que conduce el parador resolvió reconvertirlo en un dispositivo por etapas orientado a la reinserción laboral y familiar, con apoyo de equipos de salud, psicólogos y voluntarios, tal como me confirmaron desde la coordinación del espacio. La lógica es sencilla de explicar pero muy difícil de ejecutar: se trata de ofrecer distintos niveles de atención según el estado en que se encuentre cada persona, empezando por un primer nivel de bajo umbral, es decir aquel que recibe a quien llega tal como está, sin pedirle abstinencia ni papeles ni condiciones, y acompañarlo desde ahí hacia etapas de mediano y alto umbral a medida que el usuario vaya dando pasos concretos, primero para conseguir un ingreso laboral, después para acceder a un alquiler o retomar el lazo con su familia.
En la práctica, el punto de partida del traslado nocturno pasará a ser un tráiler instalado junto al Hospital Bouquet Roldán, adonde las personas podrán dejar sus pertenencias con mayor resguardo y desde donde serán derivadas al refugio, aunque quienes estén en condiciones de movilizarse por sus propios medios también podrán hacerlo. El diseño del nuevo formato, vale decirlo, no surgió de la nada ni de un escritorio: fue el resultado de una visita de trabajo de dos días que el equipo neuquino hizo a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, para aprender de organizaciones con mayor trayectoria en este tipo de atención, una experiencia que los responsables del dispositivo suelen definir como el mojón que les permitió ordenar la oferta y animarse a sostenerla durante todo el calendario.
Salud, convivencia y la decisión de seguir funcionando los doce meses
Mientras se concreta esa reconversión, el parador ya ofrece una red de servicios que merece ser contada porque muestra que la apuesta dejó hace rato de ser solo una cama y una frazada: funciona con atención podológica todos los miércoles, con residentes de medicina general y odontología que se turnan para garantizar presencia profesional, y con equipos de psicólogos que realizan abordajes individuales. A partir del cambio de formato se sumarán grupos terapéuticos con mayor frecuencia y se sumará de manera más activa el Ministerio de Salud provincial, al tiempo que se buscará un trabajo coordinado con otros refugios de mediano umbral que ya funcionan en la ciudad para evitar la superposición y mejorar las derivaciones.
Quiero detenerme aquí en un detalle que a mí, como cronista de estos temas, me parece central y que define la identidad del dispositivo: el acceso es voluntario, es decir que no hay orden judicial ni derivación administrativa que valga, sino que las personas se acercan por su cuenta hasta la Catedral María Auxiliadora, en pleno centro neuquino, y desde ahí son trasladadas al lugar donde pasarán la noche abrigadas y contenidas. Esa decisión, que a veces se discute porque parece demasiado simple, en realidad es la que rompe la lógica del homeless clásico de Estados Unidos o de Europa y se parece más al modelo brasileño de los consultórios de rua, porque entiende que mientras haya personas durmiendo en la calle y decidan no usar el espacio, el Estado tiene que seguir preguntándose qué les falta, qué los asusta, qué los alejó, antes que obligarlos a entrar a un sitio que todavía no sienten como propio. Todavía hay vecinos de Neuquén que duermen a la intemperie y no utilizan el parador, y esa es, justamente, la tarea pendiente sobre la que la comunidad organizada, las iglesias y los equipos sociales vienen trabajando, con la convicción de que un dispositivo vale por la cantidad de camas que llena y, sobre todo, por la cantidad de personas que ayuda a dejar de necesitarlas.
Lo que la comunidad pide y a quién se lo pide
- Al municipio de Neuquén: que sostenga el financiamiento del dispositivo durante los doce meses y no vuelva a tratarlo como una política de emergencia invernal.
- Al gobierno provincial y al Ministerio de Salud: que formalicen la presencia de los equipos de psicología, medicina general y odontología dentro del parador, con frecuencias estables y no solo a demanda.
- A los demás refugios de mediano umbral de la ciudad: que articulen un sistema de derivaciones para evitar duplicar esfuerzos y dejar afuera a los casos más complejos.
- A la sociedad neuquina: que se involucre como voluntaria y que deje de mirar a la persona que duerme en la vereda como un problema ajeno, porque el 81 por ciento de quienes pasaron por el parador tienen domicilio registrado en la provincia.
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