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Esa rodilla que no deja dormir: cuando el dolor nocturno deja de ser una molestia y se convierte en señal de alerta

Reposicionar la pierna, aplicar frío o calor y revisar los medicamentos que ya se toman puede aliviar mientras se llega al consultorio. Pero hay señales claras para no postergar la visita al médico: lo que hay que saber.

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Rosana CharoleComunidades y territorio · 16 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Yo creo que a todos nos pasó alguna vez: te acomodás en la cama, cerrás los ojos y la rodilla empieza a quejarse justo cuando el cuerpo debería entregarse al descanso. Es esa punzada sorda, o ese ardor sordo, que aparece con la noche y te deja mirando el techo. Por eso me pareció importante detenerme en este tema, porque no se trata de un capricho del cuerpo: cuando el dolor nocturno de rodilla se vuelve repetido, deja de ser una simple molestia y empieza a hablar de algo que conviene atender a tiempo.

Por qué duele más al acostarse

El médico Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria, lo explica con una imagen bastante clara: durante el día, el movimiento va lubricando la articulación, y eso funciona como un aceite permanente que evita que las piezas se froten. Cuando uno se acuesta y el cuerpo se queda quieto, esa lubricación baja, y entonces el dolor acumulado se hace más presente. La presión de una posición sostenida, sumando el peso de la pierna sobre la otra o contra el colchón, puede acentuar un problema que de día pasaba más desapercibido. Y no importa si es una rodilla o las dos: el reposo nocturno, paradójicamente, puede ser el momento en que más se sienta la molestia.

El especialista señaló además que correr sobre pavimento, por ejemplo, puede dejar una carga que recién aparece cuando termina el día. Por eso sugirió actividades con menos impacto, como la natación o el ciclismo, que permiten mover la articulación sin castigarla tanto. Todo eso ayuda, pero no reemplaza al diagnóstico.

Qué se puede hacer en la casa mientras se llega a la consulta

Hay varios trucos que pueden bajar la incomodidad nocturna mientras se espera el turno con el profesional. Baker los ordenó de esta manera:

  • Cambiar la postura al dormir: si se descansa de costado, una almohada entre las piernas reduce la presión sobre la rodilla dolorida. Si se duerme boca arriba, colocarla debajo de las rodillas, con una flexión leve, ayuda a que baje el contacto dentro de una articulación desgastada.
  • Aplicar calor cuando el dolor es crónico y está asociado con artritis: el calor relaja y mejora la circulación en una zona que viene sufriendo hace tiempo.
  • Aplicar frío en lesiones recientes por sobreuso, o si hay hinchazón: el hielo disminuye la sensibilidad y puede bajar la inflamación localizada.
  • Usar geles, cremas o parches antiinflamatorios como alivio localizado, siempre siguiendo las indicaciones del envase y del médico.
  • Revisar la medicación que ya se está tomando antes de sumar un analgésico: el ibuprofeno y el naproxeno reducen la inflamación, pero pueden interactuar con anticoagulantes. En esos casos, la alternativa, como el paracetamol, debe definirse con el profesional tratante.

Las causas que hay que descartar

El especialista agrupó las razones más frecuentes del dolor nocturno de rodilla en tres grandes grupos: lesiones, inflamación y artritis. Cada una tiene su lógica y su tratamiento, por eso insiste en que no se puede generalizar: lo que sirve para una inflamación por sobreuso puede no servir, e incluso empeorar, para una articulación artrósica. Esa es la razón principal por la que Baker pide no automedicar el síntoma ni postergar la consulta cuando se sostiene en el tiempo.

Ahora bien, ¿cuándo conviene realmente sentarse a pedir turno sin esperar más? El propio médico fue tajante con los criterios: hay que ir a la consulta cuando el dolor impide dormir de manera sostenida, cuando corta el sueño de forma reiterada o cuando empieza a alterar las actividades habituales del día, sea caminar, subir escaleras o simplemente levantarse de una silla. En esos casos, seguir acomodando almohadas y probando geles en la casa puede ser un alivio momentáneo, pero no la solución.

Lo que pido desde este espacio, como cada vez que un tema así llega a la redacción, es que nadie se quede haciendo la plancha por meses con la excusa de que ya pasará. El cuerpo habla, y la rodilla, cuando insiste de noche, suele estar diciendo que algo necesita revisión. La comunidad de lectores que sigue esta sección suele ser bastante consecuente con los chequeos: ojalá esta vez, si el dolor los viene acompañando, se animen a dar el paso y consultar antes de que el problema se instale de verdad. Al médico, que es a quien corresponde decir qué hay detrás de esa molestia y cómo se la trata en serio.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

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