Lunes, 31 de agosto de 2026
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Ecos del Bermejo

Flesh Made Fear: cuando el survival horror se obstina en volver a los noventa

Un indie se propone revivir la era dorada del terror en PlayStation con cámaras fijas, controles tanque y la incomodidad como parte de la experiencia. ¿Nostalgia militante o capricho de nicho? Una recorrida por lo que propone (y por lo que le juega en contra).

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares · 31 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura

Acomodate en la silla, porque la escena vale contarla: arrancás Flesh Made Fear y lo primero que aparece es un pasillo oscuro visto desde una cámara que no podés mover, un personaje que gira sobre sí mismo como si tuviera los pies pegados al piso y un inventario tan chico que te dan ganas de cerrar la puerta con llave y volver a Resident Evil. Esa primera media hora se siente casi como una caricatura: tanque puro, silencio espeso y una scarcez de recursos que parece puesta a propósito para incomodar. Pero el chiste se disipa rápido, porque el juego deja de citar a sus padres (que son varios y muy reconocibles) y empieza a armar su propia vereda. Y ahí empieza lo interesante.

Una estética que mira a los ochenta sin pedir permiso

La dirección artística se planta en una zona muy concreta: esa atmósfera opresiva de serie B con perfume a grindhouse ochentoso y noonentista (piensen en carretes gastados, pasillos de hospital descascarados y personajes con diálogos demasiado teatrales). Los sintetizadores de la banda sonora hacen el resto y completan un cuadro visual con identidad propia, sin necesidad de apoyarse en marcas conocidas. No hay homenaje explícito a ningún título en particular: hay un clima, y el clima se sostiene.

El gameplay como filosofía, no como dificultad

Acá está la pulseada central del juego, y donde a mí, como jugadora formed en sistemas modernos, más me costó entrarle. Flesh Made Fear no es un título difícil en el sentido clásico: es un título diseñado bajo otra lógica, donde la desorientación y la escasez son herramientas narrativas, no bugs. Los controles tanque obligan a planificar cada paso, los puzles cargan con casi todo el peso del avance y el combate queda relegado a un rol secundario y francamente tosco. El ritmo lo sostienen la exploración y la resolución de acertijos, con la tensión como condimento permanente entre encuentro y encuentro.

  • Cámaras fijas que obligan a elegir bien desde dónde encarar cada zona.
  • Controles tanque: girar, avanzar, girar otra vez, avanzar otro poco.
  • Inventario exiguo que castiga cada decisión de carga.
  • Puntos de guardado predeterminados (no cuando uno quiere).
  • Puzles como motor principal del avance, con el combate casi como trámite.
  • Estética grindhouse y sintetizadores para sostener el clima.

Las incomodidades que el tiempo no perdonó

Claro que la tiene su letra chica. Las transiciones de cámara generan esa desorientación que en los noventa era moneda corriente y hoy, la verdad, cuesta justificar más allá del capricho estético. La navegación sin indicadores claros en el mapa puede volver cualquier recorrido en un dolor de cabeza, sobre todo cuando uno vuelve sobre sus propios pasos buscando esa puerta que juraba haber dejado marcada. Son decisiones coherentes con la filosofía del juego (y hasta cierto punto, parte del pacto con el jugador), pero constituyen una barrera concreta para quien haya mamado diseños posteriores a 2005. No es un defecto que se pueda barrer debajo de la alfombra con la frase "es retro y listo".

Entonces, ¿a quién le habla Flesh Made Fear?

Mi conclusión después de varias sesiones es esta: si tenés un vínculo previo con los referentes del género —con esa camada que va de Silent Hill a Alone in the Dark pasando por Clock Tower—, este título te va a ofrecer una experiencia que casi no aparece en el catálogo actual, y que en muchos momentos rinde tributo con oficio a esa época. Si en cambio llegás sin esa mochila, es muy probable que la primera hora te resulte tediosa y abandones antes de que el juego se saque el traje de parodia. Es un nicho, pero un nicho atendido con cariño y bastante conocimiento de causa.

“Flesh Made Fear no busca modernizar el survival horror: lo reinstala, con sus incomodidades incluidas, y apuesta a que todavía haya público que quiera vivir esa experiencia tal como era.”Ivana Tkachuk
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Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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