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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Ecos del Bermejo

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La rana Gustavo, un filósofo en pijama y el hombre que se negó a crecer

Jim Henson empezó como titiritero a los 17 años y construyó un imperio de lana, fieltro y humor absurdo que todavía se ve en pantalla. Un repaso por la carrera del creador de los Muppets y por la idea que sostenía todo: que los adultos más interesantes son, en el fondo, chicos que nunca se fueron.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares · · 3 min de lectura
La rana Gustavo, un filósofo en pijama y el hombre que se negó a crecer

Digo esto mientras miro una foto de la rana Gustavo con los brazos abiertos en el escenario de un teatro americano de los años setenta. Es a lo mejor la imagen más ordenada que se puede tener de Jim Henson: un tipo parado atrás de un mostrador, con la boca bien arriba del muñeco, dejándolo vivir. Toda su carrera fue eso, un acto de fe en el disparate como manera de entender el mundo. Y el mundo,, le respondió.

Henson apareció por primera vez como titiritero a los 17 años, en un programa infantil que duró exactamente tres semanas en el aire. No importa: de ese fracaso temprano salió lo que importa. Junto a Jane Nebel, que después fue su esposa, armó Sam and Friends, un ciclo de sketches con marionetas que ya mostraba el pulso del tipo: muecos con propio, humor que no esperaba al espectador y una libertad de movimientos que todavía no tenía registrada.

Una fábrica de criaturas con obsesiones

Lo que vino después fue considerable y conocido: los Muppets primero, Barrio Sésamo después, Fraggle Rock más tarde, y un montón de proyectos laterales que mezclaban títeres, humor absurdo y una sensibilidad que funcionaba igual para nenes que para padres que terminaron mirando la serie con el mismo entusiasmo.

“Los personajes más interesantes que he creado tienen una fijación o un rasgo que podés exagerar. En lo que exagerás, se vuelve divertido y la gente ve ese rasgo en sí mismos.”Jim Henson

Esa era la regla de oro, y se nota. Gustavo es un poco presumido y un mucho megalómano. Peggy es tierna hasta el hartazgo. Y cada uno tiene una manía que funciona como firma: exagerás un rasgo humano hasta que se vuelve caricatura, y en esa caricatura la gente se reconoce. El disparate, en la visión de Henson, no era un atajo para la risa fácil: era una forma de acercarse a ella, en serio.

  • Los Muppets, que empezaron como sketches en una local y terminaron siendo una franquicia global.
  • Barrio Sésamo, que mezcló aprendizaje con un universo de personajes que los chicos y los adultos adoptaron.
  • Fraggle Rock, que llevó el método a un mundo propio con música incluida.
  • Las incursiones en cine, desde El cristal encantado hasta los largometrajes de los propios Muppets.
  • La huella que Disney terminó comprando y administrando durante décadas.

Murió en mayo de 1990, a los 53 años, por un choque tóxico originado en una infección. La pregunta, claro, que queda dando es si esa combinación de humor absurdo y ternura tiene todavía lugar en la pantalla de hoy, o si el formato que Henson construyó se quedó sin equivalente. Mi abu me decía algo parecido en ucraniano, que traduzco más o menos así: mientras haya un pibe que mire un títere y se ría de verdad, el método sigue vivo. No es consuelo riguroso, pero sirve.

Este fin de semana, para ver algo de ese universo sin moverse de casa, hay dos opciones razonables: una maratón de los mejores sketches de los Muppets en alguna plataforma de streaming, y un repaso por los primeros capítulos de Barrio Sésamo, que siguen explicando mejor que muchos manuales cómo se aprende sin aburrir. Si alguien encuentra a Fraggle Rock en la grilla, mejor todavía: la música sigue funcionando.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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