Las hermanas Owen vuelven a hacer de las suyas: llega "Prácticamente magia 2" y deja la puerta abierta para una tercera
Nicole Kidman y Sandra Bullock retoman, casi treinta años después, a las brujas más queridas del cine. La secuela resuelve la maldición familiar pero deja varios arcos abiertos, y el final sugiere que la historia todavía no terminó.

Hay algo profundamente reconfortante en volver a ver a las hermanas Owen juntas después de casi treinta años. La escena inicial de "Prácticamente magia 2" las muestra en la cocina de la casa de Sally, en una de esas islas de la costa este de Estados Unidos donde el viento parece hablar, preparando un ritual mientras discuten sobre si el jengibre que están cortando tiene la cantidad exacta que pide el hechizo. Nicole Kidman, como Gillian, sigue teniendo esa mirada lejana de quien sabe demasiado, y Sandra Bullock, como Sally, conserva esa mezcla de sensatez y agotamiento que la convirtió en el corazón de la primera entrega. Es un regreso que se nota en la pantalla, pero también en el cuerpo: una entiende que el tiempo pasó, que las actrices son otras, y sin embargo la química sigue ahí, intacta, como si los personajes las hubieran estado esperando.
La película retoma la historia en un punto donde la familia enfrenta una amenaza inesperada: Tom Bailey, un pariente lejano sin poderes mágicos que busca apoderarse del libro de hechizos para ajustar cuentas propias. Su plan no prospera; las Owen lo neutralizan con un conjuro colectivo. Pero el verdadero peso dramático está en otra parte. En Massachusetts, en paralelo a ese enfrentamiento, Frances descubre que la única forma de romper la maldición que pesa sobre las mujeres de su familia, esa condena terrible que las obliga a ver morir a los hombres que aman, es mediante un sacrificio personal. Elige darlo, y ese acto es lo que permite que Gideon, el novio de Kylie que permanecía en coma desde hace meses, despierte.
Lo que se resuelve y lo que queda dando vueltas
A partir de ahí, el tono vira hacia la reconstrucción: las dos jóvenes de la familia comienzan a desarrollar sus propios poderes, Kylie se casa con Gideon y Sally retoma su vida amorosa junto a Ian, un personaje nuevo que aparece en esta entrega y al que vale la pena prestarle atención porque trae aire fresco a una saga que podría haber caído en la repetición. La película cierra sin escena poscréditos, lo cual ya dice mucho sobre la intención de los guionistas: no quieren forzar un cliffhanger obvio, pero tampoco están dispuestos a cerrar todas las puertas.
- El arco de Gillian no llega a un punto de cierre definitivo: su historia personal, que era el motor emocional de la primera película, queda en una zona de ambigüedad que los realizadores no terminan de resolver.
- Las integrantes más jóvenes de la familia apenas empiezan a explorar su herencia mágica, y queda pendiente qué harán con el negocio familiar, esa tienda de velas y objetos rituales que es casi un personaje más de la saga.
- La maldición sobre las mujeres Owen se rompe, sí, pero a un costo que la película no termina de elaborar del todo, y que deja preguntas incómodas sobre el precio de la libertad.
- La aparición de Ian como interés amoroso de Sally abre una línea narrativa que recién se insinúa, sin tiempo para desarrollarla en profundidad.
Acá es donde la cosa se pone interesante para los que crecimos viendo la primera película y para los que la descubrieron hace poco en plataformas de streaming, donde encontró una segunda vida que nadie esperaba. La franquicia regresa en un contexto raro: la generación que la vio en el cine en 1998 ya tiene hijos, y muchos de esos hijos la están viendo por primera vez ahora, en pantalla chica, descubriendo que las historias sobre brujas buenas que cuidan a los suyos siguen funcionando igual. Eso explica por qué el final deja tantas puertas abiertas sin una escena poscréditos: los realizadores saben que la audiencia está ahí, que la conversación sobre una tercera parte ya empezó, y que los arcos abiertos (el de Gillian, el de las más jóvenes, el del negocio familiar) son exactamente los hilos que mantienen viva esa conversación.
“Como decía mi abuela en ucraniano, cuando algo termina hay que mirar si el silencio que deja tiene forma de puerta o de muro. Esta película deja silencios con forma de puerta.”Ivana Tkachuk
Dicho todo esto, la pregunta del millón sigue siendo si debería haber una tercera parte para cerrar esos arcos o si el final actual, con su ambigüedad calculada, es suficiente. Mi postura, ya que estamos en confianza: la secuela cumple con lo que tiene que cumplir, que es traer de vuelta a las Owen sin traicionar su esencia y resolver la maldición central sin hacer trampa. Pero también deja la sensación de que hay material como para una entrega más, sobre todo si quieren explorar de verdad qué significa para las más jóvenes heredar un mundo mágico en el siglo XXI. Si sos de los que terminaron la película con la sensación de que falta algo, no estás equivocado: falta, y los que la hicieron lo saben. Para el fin de semana, y si te copa el género, andá a verla al cine con alguien que haya visto la primera: la conversación que se arma después vale la entrada. Y si te quedás con ganas de más, siempre queda la opción de rever la original y empezar de nuevo el ciclo, que de eso se trata.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Samuel L. Jackson se refirió a su encuentro con Marlon Brando: “Me dio su número de teléfono y cuando llamé era un restaurante chino”

Star Wars Outlaws: Próximo Lanzamiento en Nintendo Switch 2 en 2025

Painkiller: El Fenómeno de los 2000 Renace con Modo Cooperativo
