Lebocar, el medicamento del Parkinson que no aparece en las farmacias: Pfizer avisa que recién en marzo de 2027 se va a normalizar todo
Pacientes y familias peregrinan por la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense buscando levodopa/carbidopa. El neurólogo José Luis Etcheverry insiste en que nadie tiene que suspender el tratamiento por su cuenta y que cualquier cambio debe pasar por el médico de cabecera.

A María la conozco hace años, y la llamé apenas me enteré de lo que estaba pasando con el Lebocar, el medicamento que toma desde que le diagnosticaron Parkinson, allá por 2019. Ella, como tantos otros pacientes de los que uno se cruza en los grupos de Whatsapp y en las salas de espera, me contó que empezó a notar que ciertas cajas no aparecían en la farmacia, que la atendían bien pero que la respuesta siempre era la misma: no hay, vuelva la semana que viene. Y la semana que viene, tampoco. Es la postal que se repite en estos meses, y que terminó de confirmar la propia Pfizer: por demoras de manufactura, las entregas de Lebocar, una de las marcas más usadas de levodopa combinada con carbidopa, recién se van a normalizar, según el cálculo de la propia empresa, en marzo de 2027, es decir, dentro de un año y monedas, un horizonte que suena a muchísimo cuando uno depende de un comprimido diario para poder moverse, dormir y mantener a raya los temblores.
Lo que yo quiero contar acá, más allá del dato empresario, es lo que se siente del otro lado del mostrador, porque la levodopa, dicho en términos simples para que se entienda, es la molécula que el cerebro deja de producir en cantidad suficiente cuando aparece esta enfermedad neurodegenerativa, y reemplazarla de golpe o a los saltos no es una opción menor, ni mucho menos, y por eso mismo me parece importante detenerme en lo que dijo en su momento, cuando lo consulté, el neurólogo José Luis Etcheverry, un especialista que conoce de cerca a esta comunidad de pacientes y que suele hablar en un tono llano, casi de médico de familia, sobre algo que suele explicarse con demasiados tecnicismos.
“La levodopa tiene un rol central en el funcionamiento motor, anímico y conductual del paciente, así que no se puede suspender de un día para el otro ni cambiar la dosis por cuenta propia; cualquier reemplazo, incluso entre marcas que parecen equivalentes, tiene que evaluarlo el médico tratante, porque la tolerancia cambia de una persona a otra y lo que a uno le anda bárbaro al otro le puede provocar efectos adversos molestos.”José Luis Etcheverry, neurólogo especialista en Parkinson
Qué marcas existen en la Argentina y qué se puede hacer cuando una presentación no aparece
Ahora bien, que falte Lebocar no quiere decir que se haya acabado la levodopa en el país, y eso me parece clave para no generar más angustia de la necesaria, porque en el mercado argentino siguen comercializándose, según me explicó el propio Etcheverry, al menos dos opciones terapéuticas con las que se puede armar la misma cantidad de droga por día, aunque la historia clínica y la tolerancia de cada paciente hagan el resto: por un lado está Parkinel, que también combina levodopa con carbidopa, y por el otro aparece Madopar, que en lugar de carbidopa lleva benserazida, un compuesto distinto pero que cumple una función terapéutica equivalente, así que lo que el neurólogo suele hacer cuando no consigue una concentración específica es jugar con los comprimidos de otra dosis para mantener exactamente la misma cantidad de levodopa que el paciente venía recibiendo, una práctica habitual en la consulta, según me dijo, y que requiere sí o sí de la firma del profesional.
- Lebocar (levodopa/carbidopa) de Pfizer, actualmente con faltantes en varias presentaciones; la empresa anunció regularización para marzo de 2027.
- Parkinel (levodopa/carbidopa), otra marca con la misma combinación de principios activos.
- Madopar (levodopa/benserazida), que combina levodopa con un compuesto distinto pero de efecto terapéutico equivalente.
- Otros grupos de medicamentos para casos más complejos, que pueden ofrecer resultados diferentes o más efectos adversos, y cuya indicación queda en manos del especialista.
Mientras tanto, en las calles, lo que se ve es una comunidad de pacientes y familiares, la mayoría personas grandes, muchos con hijos adultos que peregrinan por las farmacias de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano bonaerense con la receta en la mano, armando pequeñas rutas ciudad por ciudad, anotando en planillas compartidas qué comercio tuvo tal o cual caja, y otros que directamente chocan contra el problema en la propia obra social, porque varias prepagas y entidades que entregaban la medicación de manera directa también empezaron a reportar faltantes y a derivar a los afiliados a buscar por su cuenta, una situación que la Red Argentina de Parkinson, la entidad que nuclea a pacientes y familias, viene siguiendo de cerca y que motivó pedidos concretos de información sobre las existencias disponibles, en definitiva lo que esta comunidad pide, y con razón, es respuestas claras de los laboratorios, continuidad real del abastecimiento y, sobre todo, que ningún paciente se vea obligado a interrumpir un tratamiento que, cuando se corta, puede deteriorar al cuerpo y al ánimo mucho más rápido de lo que muchos imaginan, y por eso la recomendación que repite Etcheverry cada vez que puede es siempre la misma, que suena a perogrullada pero no lo es: si la caja no aparece, no automediquen, no suspendan, llamen al médico y llamen también al laboratorio, porque Pfizer puso a disposición un canal de consultas para que cada paciente pueda preguntar por su caso puntual, algo que, en medio de la incertidumbre, es por lo menos un teléfono al que aferrarse.
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