Los primeros 90 días con antipsicóticos: la ventana donde el cuerpo empieza a cambiar y el sistema de salud casi nunca mira
Un estudio con casi 97 mil pacientes ingleses publicado en The Lancet Psychiatry confirmó que el azúcar en sangre y el peso se disparan en el arranque del tratamiento con fármacos de segunda generación. Los especialistas insisten con los controles metabólicos antes y durante ese trimestre crítico, y admiten que en la Argentina el seguimiento sigue siendo una deuda pendiente.

Cuando alguien llega a la consulta con un primer episodio psicótico y se sienta frente al profesional que le va a indicar un antipsicótico de segunda generación, empieza una cuenta regresiva que casi nunca se le explica con la claridad que merecería. Los próximos noventa días van a ser, según acaba de demostrar un trabajo masivo publicado el 14 de octubre en The Lancet Psychiatry, la ventana de mayor riesgo metabólico de todo el tratamiento. Ni el primer año, ni los cinco años siguientes: los primeros tres meses, punto. Y ahí, en ese trimestre, es donde el azúcar en sangre y el peso se aceleran a una velocidad que el sistema de salud, en la Argentina y en casi cualquier parte, todavía no termina de registrar como corresponde.
Qué midieron y con qué magnitud
Qué midieron y con qué magnitud
El equipo de University College London encabezado por Juan Carlos Bazo-Alvarez cruzó datos de casi 97 mil adultos ingleses que comenzaron a tomar olanzapina, quetiapina, risperidona o aripiprazol entre 2000 y 2023. La comparación fue simple y potente: cuánto subían el azúcar en sangre y el peso antes de la medicación y cuánto subían después. El resultado es de esos que invitan a revisar prácticas clínicas: durante los primeros 90 días, la glucemia trepó cerca de 14 veces más rápido y el peso cerca de 9 veces más rápido que en el período previo. La olanzapina, el fármaco más asociado históricamente al aumento de peso, mostró los cambios más brutales: azúcar hasta 50 veces más rápido y peso hasta 10 veces más rápido.
A mí, como a cualquiera que haya visto de cerca un tratamiento de estos, la cifra de la olanzapina no me sorprende: las familias lo cuentan todo el tiempo. Lo nuevo, lo realmente nuevo, es tener el número puesto sobre el papel y el reloj corriendo: sabemos que el daño metabólico no espera.
Quiénes pagan el costo más alto
Quiénes pagan el costo más alto
El trabajo también se detiene en quiénes concentran el riesgo. Las personas que ya tenían prediabetes al arrancar el tratamiento desarrollaron diabetes tipo 2 en el 19 por ciento de los casos dentro de los dos años siguientes, contra apenas un 3 por ciento entre quienes empezaron con la glucemia normal. La diferencia es brutal y, sin embargo, predictable: si el cuerpo ya viene con el azúcar alterado, la medicación actúa como acelerador. Las mujeres, además, mostraron un salto de glucosa unas 24 veces más rápido durante el primer trimestre, contra unas 10 veces en los hombres, un dato que vuelve a poner sobre la mesa el peso diferencial que tienen los tratamientos sobre los cuerpos gestantes o con ciclos hormonales activos.
- Pedir glucemia en ayunas, hemoglobina glicosilada, perfil lipídico y peso antes de empezar cualquier antipsicótico de segunda generación.
- Repetir esos mismos controles a los 30, 60 y 90 días, no a los seis meses como suele pasar.
- Si el paciente ya tiene prediabetes, sobrepeso u obesidad, conversar seriamente con el equipo tratante la elección del fármaco y la conveniencia de un acompañamiento nutricional desde el día uno.
- Si el paciente es mujer, prestar atención especial a los cambios de peso y glucemia en ese primer trimestre, por el riesgo más alto que mostró el estudio.
- Exigir al sistema de salud público que cubra los estudios metabólicos de seguimiento como parte del tratamiento, y no como un extra que el bolsillo paga aparte.
“Nuestro estudio muestra que los primeros 90 días después de comenzar el tratamiento son un período clave en el que pueden comenzar los cambios relacionados con la diabetes y el aumento de peso. Con esta información en la cabeza, los profesionales de la salud deberían verificar tanto el peso como el nivel de azúcar en la sangre antes de comenzar el tratamiento y nuevamente durante los primeros meses posteriores.”Juan Carlos Bazo-Alvarez, investigador principal y docente de University College London
La detección temprana, completó el especialista, permite actuar antes de que el daño se consolide: al verificar a tiempo, los médicos pueden detectar problemas antes y ofrecer apoyo, consejos o tratamiento para ayudar a prevenir problemas de salud más graves más adelante. Es, literalmente, la diferencia entre atender una señal de alarma o llegar cuando la casa ya se quemó.
En la Argentina, donde los antipsicóticos de segunda generación son cada vez más recetados en salud pública y donde los centros de atención primaria comunitaria suelen ser el primer contacto de las personas con padecimientos mentales severos, este estudio deja al descubierto una deuda que arrastramos desde hace años. Pocos servicios garantizan un laboratorio basal antes de empezar la medicación y casi ninguno repite los controles a los 30, 60 o 90 días. La consecuencia es conocida por cualquier equipo territorial: personas que en pocos meses suman entre 8 y 15 kilos, que llegan a la consulta con glucemias alteradas y que, cuando aparece la diabetes tipo 2, ya están tomando dos o tres fármacos extra para una enfermedad que se podría haber prevenido con un par de análisis a tiempo.
Lo que la evidencia le pide al sistema de salud
Lo que la evidencia le le pide al sistema de salud
La comunidad científica internacional ya marcó la cancha: control metabólico antes, durante el primer trimestre y después, con la frecuencia que indique el riesgo basal de cada paciente. Lo que falta, acá, es que la Confederación de Psiquiatras de la Argentina, la Asociación Argentina de Salud Mental y los ministerios de salud provinciales traduzcan esa recomendación en protocolos obligatorios dentro de las obras sociales, de los hospitales públicos y de los centros de atención primaria. Porque mientras el Estado nacional y las provincias sigan mirando para otro lado, los primeros noventa días van a seguir siendo, para miles de pacientes argentinos, una carrera contra el azúcar en sangre y la balanza que se pierde por goleada.
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