Los Von Erich, la familia que quiso ser invencible y terminó hecha pedazos: la película que ya está en Prime
El drama dirigido por Sean Durkin con Zac Efron, Harris Dickinson y Jeremy Allen White reconstruye la historia real de un clan de luchadores golpeado por la tragedia.

Me acuerdo perfectamente de la primera vez que vi la lucha libre por televisión: era un domingo a la tarde, en el living de la casa de mi abuela, con la pantalla llena de laca y tipos en malla que parecían salir de otro planeta. Ella miraba aquello como quien mira un maleficio, sin entender una palabra de lo que gritaban los locutores, y repetía, en ese ucraniano de las tardes de verano que a mí me sonaba a poesía: "Bozhe miy, shcho robitʹsya". Mi Dios, qué está pasando. Esa sensación de estar presenciando algo descomunal y, a la vez, íntimo y un poco demente, es exactamente la que vuelve a aparecer cuando uno se sienta a ver "El clan de hierro" ("The Iron Claw"), el film de Sean Durkin que acaba de sumarse al catálogo de Amazon Prime Video.
La película cuenta la historia de los Von Erich, una familia texana que en los años ochenta dominó la lucha libre profesional en Estados Unidos y que, detrás de los títulos y los focos, cargaba con una seguidilla de tragedias que vuelve cada año peor. Está protagonizada por Zac Efron como Kevin Von Erich, Harris Dickinson como David y Jeremy Allen White, que se mete en la piel de Kerry, los tres hijos que el patriarca Fritz empujó al ring casi desde la cuna.
Un padre que quería fabricar campeones a fuerza de sacrificio
Fritz Von Erich había sido, en su juventud, un luchador con talento que nunca terminó de consagrarse. Esa espina se le convirtió en obsesión, y la obsesión la descargó sobre sus hijos: los entrenó, los expuso, los empujó a sostener un apellido que pesaba más que cualquiera de ellos. Durkin no se interesa tanto por el show de la lucha, por los saltos desde la tercera cuerda o por el barro de los costados, sino por lo que pasa en los pasillos de la casa, en las mesas familiares, en los silencios que se acumulan cuando todos fingen que está todo bien.
El director abre la película en blanco y negro, como homenaje a los dramas deportivos clásicos, y después la viste de neón, de pelo engominado, de música de sintetizador. Esa estética ochentera no es decorativa: funciona casi como un personaje más, porque enmarca una historia que habla del precio de sostener una imagen pública de invulnerabilidad (algo que, te juro, a los que tenemos cuarenta, cincuenta, sesenta, nos suena bastante más cercano de lo que uno quisiera admitir).
- Protagonistas: Zac Efron, Harris Dickinson y Jeremy Allen White, con transformaciones físicas muy notorias para entrar en el mundo de la lucha.
- Dirección: Sean Durkin, responsable de "Martha Marcy May Marlene", que vuelve a mostrar mano firme para los climas opresivos.
- Producción: película independiente que recaudó 45 millones de dólares en cines y fue muy celebrada por la crítica especializada.
- Disponibilidad: ya se puede ver en la Argentina a través de Amazon Prime Video.
- Hechos reales: la historia de los Von Erich, en los años ochenta, incluyó múltiples muertes en la familia y un costado muy oscuro detrás del éxito deportivo.
Lo que la película hace bien, y lo hace sin meter adornos, es mostrar cómo opera la lógica del clan: un padre que pide a sus hijos que sean máquinas, hermanos que se sienten responsables de sostener al que está al lado, y un público que aplaude sin saber qué pasa detrás de la lona. No es una película que vaya a cambiar el cine, ni falta que hace: es un drama familiar sólido, efectivo, bien interpretado y construido sobre hechos reales que, en serio, no necesitan nada extra para pegar fuerte. A mí me dejó con esa sensación de las películas que uno termina y se queda un rato mirando el techo.
Si este finde querés algo para ver en casa: "El clan de hierro" ya está en Prime Video y se banca perfectamente una noche de pochoclo. Si te copa el tema, después podés buscar el documental original que produjo la WWE sobre la familia, que es el que le dio a Durkin el pie para hacer esta película, y después, si te queda cuerpo, te zambullís en cualquier recital de chamamé con un buen termo, que de todo se compone la vida. Contame si conocías la historia de los Von Erich antes de que Hollywood se acordara de ellos.
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