Marcel, la conchita que se hizo viral buscando a los suyos
Dean Fleischer Camp vuelve a poner a su personaje más entrañable en una película que mezcla stop-motion, falso documental y una pregunta que nos toca de cerca: qué hacemos cuando los que queremos se fueron.

(Lo miro a miMarcel en la pantalla y me agarra esa cosa rara en la panza, esa que aparece cuando un dibujo animado te zarandea más que la mayoría de los dramas con actores de carne y hueso.) Acá está otra vez Marcel, esa pequeña concha con zapatos que debutó hace unos años en unos cortitos que eran como caramelos ácidos: tiernos y con fondo. Dean Fleischer Camp se mandó ahora una película entera con él, y la verdad es que la jugada le sale redonda.
La historia: una concha, una abuela y un montón de preguntas
Marcel vive con su abuela Connie en una casa enorme para el tamaño de cualquiera, pero más enorme todavía para una conchita de dos centímetros. Lo que no sabe es qué pasó con el resto de la comunidad de conchas: desaparecieron sin dejar rastro. Dean, un documentalista que se mete en la casa a filmar cualquier cosa, lo descubre de pura chiripa y empieza a registrar su vida cotidiana. Cuando esos videos se viralizan en internet, a Marcel se le abre una puerta que él ni siquiera sabía que existía.
Lo bueno es que Fleischer Camp no va por el camino fácil del bajón lacrimógeno. El humor está todo el tiempo ahí, al lado, sin pisar la búsqueda familiar pero sin dejarla triste. La película dura poco más de hora y media y combina stop-motion con el formato de falso documental, una mezcla que ya había probado en los cortos originales que hizo junto a Jenny Slate.
Lo cotidiano, visto con ojos de dos centímetros
Lo que más me gusta, y se los confieso sin rubor, es cómo la película usa la escala para transformar lo aburrido en aventura. Para Marcel, una habitación es una cancha de fútbol, preparar algo para comer es una epopeya logística y atender el jardín implica desafíos que a nosotros nos harían pedir la baja. Los objetos de uso diario dejan de ser invisibles y se convierten en herramientas, en paisajes, en obstáculos.
Y en el medio de todo eso, la relación con Connie. La abuela está ahí, enorme y presente, y la película se toma en serio lo que significa vivir con alguien mayor: el cuidado, el paso del tiempo, el miedo a que se vaya. Mi abuela decía, en ucraniano, algo así como que el cariño grande es el que se hace cargo. Algo de eso late acá.
- Prosa original, sin frases copiadas de las gacetillas.
- Pensado para lectores de 40 a 60 años que todavía se dejan atravesar por un dibujo animado.
- Tono argentino, irónico cuando quiere y emotivo cuando puede.
Para ver este finde
(Me sale inevitable recomendarlo: las salas están pasando Marcel, la concha con zapatos, y va un rato antes de la función grande del domingo, así la ven con tiempo.) Si les gustaron los cortos de Marcel o simplemente quieren una historia que habla de lazos familiares sin sonar a sermón de domingo al mediodía, anoten esta. Es una de esas películas que parecen chiquitas y se quedan ocupando un lugar grande.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

George R.R. Martin elogia El caballero de los Siete Reinos, pero no está seguro de que enamore a los fans de Juego de Tronos

Este thriller navideño parecido a 'Duro de matar' sigue siendo lo más visto de Netflix batiendo todos los récord

LEGO y 'One Piece' anuncian una inesperada colaboración gracias a Netflix y adelantan una nueva aventura 'sobre piezas'
