Más de diez discos dormidos: el archivo secreto que Rubén Rada dejó listo para sonar
Lucila, su hija mayor, describió los instantes finales junto al músico, el velatorio en el Palacio Legislativo y la marcha con candombe hasta el Cementerio del Norte. La familia ya piensa en cómo ir liberando el material de a poco.

Lo cuento como si fuera una milonga larga, de esas que arrancan en un rincón del patio y terminan cuando ya se fue el sol. El miércoles 26 de agosto, la familia de Rubén Rada se juntó a su alrededor como se juntan los tablones de un puente: sosteniéndose. Lucila, la hija mayor, llamó a ese momento el instante 0 de una despedida que nadie quería empezar. Ahí, del lado de adentro, lo vieron con una cara que ella describe como pacífica y satisfecha (y uno, que es de juntar gestos, se queda pensando en cómo se habrá visto la cara de un tipo que durante décadas le puso el pecho a un micrófono).
Antes de que pasara, le hablaron. Le dijeron lo que iban a sentir cuando no estuviera y repasaron, uno por uno, lo que les había dejado. Ni un gesto de amor pendiente, ni uno de humor, ni uno de talento. La frase que usó Lucila en el mensaje es esa: ni un solo gesto quedó por dar. Después salieron de la sala y los teléfonos ya estaban explotando de mensajes, y ahí el duelo dejó de ser de la familia y se volvió un asunto de todos. Ella lo escribió como un campo magnético de afecto, una especie de abrazoterapia masiva que estiró el instante 0 hasta lo que llamó el km 0 de un camino colectivo. Y uno, acá, deja el café a un costado y entiende: a veces el dolor necesita testigos para no comerse solo a los de casa.
El Palacio se rindió
El velatorio se hizo en el Palacio Legislativo, que no es un lugar cualquiera para despedir a nadie, pero la familia dice que las autoridades entendieron la envergadura del homenaje y cedieron el espacio. Pasaron por allí generaciones y sectores que difícilmente se cruzan en una misma fila: caras con la misma tristeza sin amargura, que es la mejor definición de duelo que escuché en mucho tiempo. Hubo abrazos, ofrendas, llanto y también risas, porque a Rada no se lo llora en silencio, se lo festeja aun cuando se lo llora. La voz del músico sonó en el salón y, claro, hubo baile. Cómo no iba a haberlo.
Candombe hasta el final
Después vino el cortejo por Isla de Flores hasta el Cementerio del Norte, y la calle se llenó de una multitud con tambores. Lucila rescató tres imágenes que le quedaron pegadas: dos pibes que siguieron la caravana en monopatín con un parlante a todo volumen (una imagen que parece salida del mejor videoclip que nunca se filmó); gente que fue con prendas rojas como una manera de vestir el duelo; y un círculo de tambores que sonó durante todo el recorrido. Todo eso, dice la familia, coincidía con la forma en que Rada había dejado dicho cómo quería ser recordado, en línea con el disco Muriendo de plena, que ya era una manera de encarar la despedida.
Más de diez discos en el baúl
(Mi abuela decía, en ucraniano, que un hombre no se va de verdad mientras haya algo suyo sin desempacar: pisnya ye tilki todi, koly vona prospivana. La canción recién termina cuando se canta.) El final del mensaje trae la parte que a los que hacemos la calle del Cultura nos interesa especialmente: Rubén Rada dejó más de diez discos sin publicar. La familia tiene la intención de ir liberando ese material de forma gradual, sin apuro, como quien va sacando fotos de una caja. Todavía no hay fechas ni formato, pero la promesa está hecha y, tratándose de Rada, uno sabe que lo que queda en un estudio vale más que lo que muchos publican en diez carreras.
- El instante 0 fue el momento en que la familia se reunió alrededor de Rada antes del fallecimiento, el 26 de agosto.
- El km 0 es como Lucila denominó al camino colectivo que se abrió con la respuesta del público.
- El velatorio se realizó en el Palacio Legislativo y tuvo abrazos, música, baile y risas.
- El cortejo fue desde Isla de Flores hasta el Cementerio del Norte, con candombe y dos jóvenes en monopatín.
- La familia planea publicar de manera gradual más de diez discos inéditos que el músico dejó sin lanzar.
Cierro como siempre: con la pregunta del fin de semana. Mientras la familia decide cómo y cuándo abrir ese archivo enorme, vale la pena pasar por la plaza y poner Muriendo de plena a todo volumen, dejar que suene en la cocina mientras se cocina, y de paso ir mirando qué queda del calendario de chamame y milonga que arrancó la semana que pasó. Lo que sí es seguro: Rada no se fue del todo. Dejó músicos queriendo parecerse a él, dejó público que aprendió a despedir bailando y dejó, además, más de diez discos durmiendo. Ahora solo falta despertarlos de a poco.
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