Lunes, 21 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Ecos del Bermejo

PortadaVida

Medicamentos para la obesidad: por qué el tratamiento exige un acompañamiento médico y cotidiano, según una especialista del Hospital de Clínicas

La semaglutida y la tirzepatida imitan señales del intestino que regulan el hambre y la saciedad. Pilar Quevedo, jefa de Nutrición Clínica y Metabolismo de la UBA, détaille cómo se ajustan las dosis, qué se controla en cada consulta y por qué la alimentación, el movimiento y el descanso son parte inseparable del tratamiento.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio · 21 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Lo primero que hay que entender, me parece, es que un medicamento para la obesidad no empieza el día que se aplica la inyección: empieza antes, en una consulta, con una historia clínica abierta sobre la mesa y una conversación larga sobre los hábitos de cada persona. Así lo plantea Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, cuando recibe a pacientes que llegan al consultorio cargando años de frustraciones con la balanza.

Para Quevedo, la evaluación inicial es la columna vertebral de cualquier tratamiento farmacológico. No alcanza con pedir un análisis de sangre y recetar: hay que mirar la composición corporal, entender cómo está distribuida la grasa, cuánto músculo se conserva y, sobre todo, escuchar de qué manera esa persona convive con el hambre. Recién después se define la dosis y el ritmo del descenso de peso, que siempre se ajusta a la respuesta individual.

Cómo actúan la semaglutida y la tirzepatida

La semaglutida y la tirzepatida no son "quemadores de grasa" ni pastillas mágicas que borran el apetito de un plumazo. La especialista del Clínicas lo explica así: ambas reproducen señales que el intestino genera de manera natural y que se comunican con el cerebro, el estómago y el páncreas. En criollo, lo que hacen es decirle al cuerpo, por distintos caminos, que registre antes la saciedad y que modere las ganas de comer. La semaglutida trabaja sobre un receptor específico; la tirzepatida, en cambio, interviene sobre dos vías complementarias, y por eso su efecto es más amplio.

En el consultorio, contó Quevedo, son moneda corriente los relatos de hambre que parece no apagarse nunca, la dificultad para sentirse satisfecho después de una comida y la costumbre de picotear entre horas. Esas experiencias forman parte de una enfermedad que es multifactorial y que, como insistió la médica, no puede explicarse sólo por la voluntad individual.

El seguimiento durante el tratamiento

  • La titulación de la dosis, es decir, el aumento gradual, se hace de forma personalizada para que el cuerpo se adapte y se toleren los efectos.
  • Se controla la composición corporal para asegurarse de que se pierda grasa y no músculo, clave para mantener la salud metabólica.
  • Se evalúa qué tipo de actividad física hace la persona, porque el trabajo de fuerza y el cardiovascular pueden cambiar la evolución del tratamiento.
  • Se revisan los hábitos cotidianos, incluidos el sueño y la hidratación, ya que el descanso y la alimentación influyen directamente en los resultados.
  • Se indaga sobre el entorno familiar y laboral, porque las condiciones de vida condicionan la posibilidad de sostener los cambios.
“Al suspenderlos, puede producirse una recurrencia, especialmente si no existe una estrategia integral que acompañe el tratamiento.”Pilar Quevedo, jefa de la División de Nutrición Clínica y Metabolismo del Hospital de Clínicas de la UBA

Por qué bajar de peso no es lo mismo que mantenerse

Hay un punto que Quevedo repite con preocupación: adelgazar es una etapa, pero sostener ese descenso a lo largo del tiempo es otra muy distinta. El cuerpo humano tiene mecanismos que tienden a recuperar el peso perdido, una especie de memoria que se activa cuando siente que baja de cierto umbral. Los medicamentos, mientras se usan según la indicación profesional, ayudan a sostener el descenso precisamente porque intervienen sobre esas señales. Pero al dejarlos, si no hay una estrategia integral que acompañe, la balanza suele volver a subir.

Por eso la médica insiste en que el abordaje debe ser integral: alimentación adecuada, hidratación, descanso suficiente, actividad física regular y, sobre todo, un acompañamiento profesional que contenga los avances y los retrocesos. No es un camino de tres meses, sino un proceso largo que se mide en años y que requiere, además de voluntad, condiciones concretas del entorno para que los nuevos hábitos puedan sostenerse en el tiempo.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo