Miércoles, 9 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Ecos del Bermejo

PortadaVida

Por qué algunas personas despiertan recordando el sueño y otras no: un estudio siguió a 217 adultos durante dos semanas

La edad, la tendencia a divagar mentalmente y la vulnerabilidad a la interferencia al despertar explican buena parte de la diferencia, según una investigación publicada en Communications Psychology.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio · 9 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Lo que les pasa a muchas personas cada mañana es un misterio pequeño pero cotidiano: mientras unas abren los ojos con escenas nítidas de lo que soñaron —un pasillo, una conversación, un color—, otras apenas conservan una sensación difusa o directamente no recuerdan nada. Durante años, esa diferencia se atribuyó al simple azar. Yo lo viví en mi propia casa, con mi compañera Camila, que llega al desayuno preguntándome qué soñé y yo apenas si arranco con un "no sé, algo con agua". Ella recuerda casi todo; yo, casi nada. Ahora, un estudio reciente viene a decir que no es capricho de la suerte.

Qué midió la investigación

El trabajo se publicó en la revista Communications Psychology y siguió durante quince días a 217 adultos sanos de entre 18 y 70 años. Cada mañana, los participantes anotaban si recordaban haber soñado y con qué nivel de detalle. En paralelo, el equipo de investigación recopiló datos demográficos, psicológicos y del sueño mediante dispositivos de monitoreo nocturno y pruebas específicas, de modo que se pudiera cruzar lo que cada persona decía al despertar con lo que su cerebro había hecho durante la noche.

Los resultados mostraron que las personas con una actitud más atenta hacia sus propios sueños y con mayor tendencia a la divagación mental —es decir, esa inclinación de la mente a encadenar pensamientos en forma espontánea en lugar de quedarse clavada en el foco inmediato—recordaban lo soñado con mayor frecuencia. La edad también resultó un factor relevante: a medida que pasan los años, cambia la facilidad para retener ese contenido al despertar. Y acá aparece otro concepto clave que los investigadores llaman vulnerabilidad a la interferencia: la facilidad con que un recuerdo onírico es desplazado por estímulos que llegan en el momento de abrir los ojos, como la luz que entra por la ventana, un ruido en la cocina o incluso el primer pensamiento consciente. Si esos estímulos llegan antes de que el sueño quede consolidado en la memoria, lo que soñamos se pierde para siempre.

Sueño blanco: la experiencia de saber que soñaste sin poder recordar qué

El estudio además distinguió entre dos experiencias que suelen confundirse. Una es recordar el contenido concreto: escenas, acciones, emociones puntuales. La otra es el llamado "sueño blanco": despertar con la certeza íntima de que algo ocurrió durante la noche, pero sin poder recuperar ni un solo detalle. Esa segunda vivencia fue más frecuente en ciertos grupos y permitió a los investigadores confirmar algo que parece obvio pero no lo es: soñar y recordar lo soñado no son lo mismo. Podés haber soñado y no recordarlo, o podés haber soñado y quedarte con la huella vacía del "algo". Es como si el sueño dejara una marca en la puerta, pero se llevara la llave.

Cómo dormiste esa noche también cuenta

La estructura del descanso también pesó en los resultados. Quienes tenían episodios de sueño más largos, con menor proporción de sueño profundo —la etapa conocida como N3, asociada a la recuperación física y cerebral— y mayor presencia de fases más livianas, despertaban con más recuerdos oníricos. Las etapas de sueño más superficial parecen ofrecer condiciones más favorables para que la experiencia nocturna quede accesible al despertar, probablemente porque en ellas el cerebro está más cerca del estado de vigilia y más lejos de esa reparación silenciosa del N3 que, al menos en este estudio, parece borrar más huellas de las que deja.

Lo que yo rescato de todo esto, leído con los ojos de alguien que pertenece a una comunidad y mira la realidad desde el territorio, es que hasta algo tan íntimo como soñar tiene reglas. No es un misterio caprichoso ni un don reservado a unos pocos: depende de cómo dormiste, de cómo está tu cabeza al despertar y hasta de cuántos años cargás encima. Y aunque el estudio no propone soluciones ni da recetas, sí permite entender que cuando mi compañera Camila me cuenta el sueño completo y yo me quedo mudo del otro lado de la mesa, la diferencia no es de voluntad ni de suerte: es de edad, de divagación mental y de qué tan rápido me invade el ruido del despertador antes de que mi cerebro termine de guardar lo que pasó adentro.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo