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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Ecos del Bermejo

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Se viene un Niño que no tiene paraguas: las aguas del Pacífico ya superan marcas históricas y la chance de un evento sin precedentes trepa al 75%

El Pacífico ecuatorial acumula calor a un ritmo que ningún modelo había registrado antes y los organismos científicos de Estados Unidos elevan la probabilidad de un fenómeno fuera de escala. Advierten que en el Litoral argentino las lluvias podrían pasarse del molde y prometen un verano con el río crecido y los campos anegados.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio · · 6 min de lectura
Se viene un Niño que no tiene paraguas: las aguas del Pacífico ya superan marcas históricas y la chance de un evento sin precedentes trepa al 75%

Yo soy Rosana Charole y les quiero contar una historia que empieza en una oficina de Camp Springs, Maryland, donde los meteorólogos de la NOAA miran con el ceño fruncido una mancha enorme de agua caliente en el Pacífico ecuatorial, porque lo que están viendo allí tiene cara de récord y, sobre todo, tiene cara de problema para nosotras y nosotros, los que vivimos al sur del continente, en este rincón del Litoral donde la palabra inundación no es un concepto abstracto sino que es parte de la conversación de sobremesa cada vez que el río empieza a empujar.

Les cuento lo que dicen los papeles que llegaron a las oficinas del Servicio Meteorológico Nacional y de la Central Hidroeléctrica de Yacyretá: la probabilidad de que el evento de El Niño que se está cocinando para la temporada 2026-2027 sea el más intenso desde que existen mediciones sistemáticas subió al 75%, un salto de seis puntos respecto del parte que se había difundido en agosto, cuando la chance andaba por el 69%, y eso, en este oficio de predecir el clima, no es un detalle menor, es prácticamente el termómetro subiendo un grado más en una fiebre que ya estaba alta.

Qué mide el RONI y por qué importa más que el clásico

El indicador que obsesiona a los científicos norteamericanos se llama Índice Oceánico Relativo de El Niño, que en inglés se escribe Relative Oceanic Niño Index y que todos conocen por sus siglas RONI; la diferencia con el viejo ONI, que durante décadas fue la referencia, es que este nuevo mide la temperatura de la superficie del Pacífico ecuatorial y a la vez descuenta el calentamiento general que ya tienen los océanos tropicales por el cambio climático, o sea que no se deja engañar por el calor de fondo y muestra con mucha más precisión si el fenómeno El Niño se está poniendo realmente intenso o si lo que estamos viendo es apenas la huella del planeta que se calienta en general, y cuando uno mira esa curva ve que la chance de superar los 2,5 grados entre octubre y diciembre de 2026 es exactamente del 75%, un umbral que ninguno de los cuatro episodios que la literatura científica clasifica como muy fuertes desde 1950 pudo cruzar, porque los más fieros que conocimos hasta acá, que incluyen al de 1997-1998, al de 2015-2016, al de 1982-1983 y al de 1972-1973, se quedaron todos en el rango de 2,0 a 2,4 grados, con aquel Niño de hace más de cuatro décadas como el récord a destronar, con sus 2,4 grados y los destrozos que dejó en las costas del Perú y el sur de Estados Unidos.

“Es un Niño muy fuerte, es un fenómeno natural y global que nos está afectando y recién está empezando, se va a intensificar entre octubre y febrero.”María Alejandra Cristanchi, jefa del sector de Hidrología de la Central Hidroeléctrica Yacyretá

Mientras tanto, los datos crudos que ya están sobre la mesa son de los que hacen ruido: en agosto, la región conocida como Niño 3.4, que es la zona del Pacífico donde se controla la señal del fenómeno, registró una anomalía de 1,8 grado por encima del promedio, la región Niño 3 se fue a 2,5 grados y frente a las costas de América del Sur el termómetro trepó hasta 3,4 grados, números que confirman que el calor no se distribuye parejo sino que se apila con más fuerza en el lado que mira hacia la Argentina, lo que en la práctica se traduce para nosotras y nosotros en lluvias que se pasan de la raya y en un río Paraná que se entusiasma con una altura que teníamos olvidada.

Cómo nos va a pegar en el Litoral

Ahora bien, hechas las cuentas globales y mirando el termómetro del Pacífico, la pregunta que importa en este lado del mundo es qué nos va a tocar a quienes vivimos en el noreste argentino y en el Litoral, y la respuesta que están dando los modelos revisados por el Centro de Predicción Climática no es precisamente tranquilizadora: la chance de un episodio muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte supera el 90%, lo que para nuestro calendario significa que la plenitud del fenómeno nos va a agarrar en el corazón de la primavera y del verano, que es justamente cuando más nos complica, y no es casualidad que lo diga el meteorólogo Marcelo Madelón, pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, cuando afirma que posiblemente el evento se extienda hasta el otoño de 2027, porque eso significa que vamos a tener por lo menos seis meses de un río crecido y de campos que no secan, con el agua metiéndose en los caminos rurales y complicando la cosecha gruesa en buena parte de la región pampeana y del norte.

  • En noviembre, el exceso de lluvias se concentraría sobre el noreste del país y el este de Entre Ríos, con más de 30 milímetros por encima del promedio histórico.
  • En diciembre, las anomalías superiores a 50 milímetros alcanzarían a Santa Fe, Entre Ríos y el este de Córdoba, con el río Paraná como el principal colector de todo ese caudal extra.
  • En el noroeste argentino, en tanto, las lluvias estarían entre 20 y 50 milímetros por debajo de lo habitual, lo que agravaría la situación de las cuencas del NOA que dependen del aporte de las provincias del Litoral.
  • El fenómeno se extendería, según los pronósticos, hasta el otoño de 2027, lo que deja un verano entero bajo la influencia de un Pacífico con calor fuera de serie.

Voy a cerrar esto como lo cierro cuando me toca escribir sobre el río y la gente que lo habita, porque a mí me gusta contar lo que el parte meteorológico no dice: lo que se viene es un evento que va a poner a prueba la paciencia de las comunidades ribereñas del Paraná, del Paraguay y del Uruguay, que ya aprendimos a convivir con las crecidas y a levantar las cosas del piso cuando el agua empieza a subir, y por eso lo que la gente del Litoral le pide, con la experiencia de toda una vida a cuestas, es que el Comité Nacional para el Manejo de los Recursos Hídricos, que depende de la Secretaría de Obras Públicas, junto al Sistema Nacional de Gestión Integral del Riesgo y la Protección Civil que maneja la provincia de Buenos Aires y el Ministerio de Seguridad nacional, coordine las evacuaciones y las defensas ribereñas con tiempo, que se abran los canales de asistencia al productor chico que va a perder la siembra y que la ayuda llegue antes de que el agua tape el tractor, porque cuando el río se pasa del molde lo que sobra es el barro y lo que falta, casi siempre, es la respuesta del Estado.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

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