Martes, 8 de septiembre de 2026
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Sentarse, pararse, sostenerse: tres movimientos caseros para no perder la autonomía después de los sesenta

Una rutina con silla, mesa y un poco de aire en el abdomen, pensada por la entrenadora Denise Austin, apunta a mantener la fuerza y el equilibrio que sostienen los gestos más simples del día a día. Sin pesas, sin gimnasio y sin traslados.

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Rosana CharoleComunidades y territorio · 8 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Me lo imagino a Marcelo, vecino del barrio, yendo a la cocina a hacerse un mate y, de repente, quedándose enganchado en el borde de la silla mientras intenta levantarse. A los sesenta y pico, ese forcejeo que antes era invisible empieza a aparecer sin aviso. No es un dolor puntual ni un diagnóstico cerrado: es que las piernas, los brazos y el abdomen van perdiendo la fuerza y el equilibrio que siempre dieron por hechos. Y ahí aparece la pregunta de todos los días: ¿cómo se trabaja eso sin terminar en un gimnasio que ni se imagina uno pisando a esa edad?

La respuesta la viene repitiendo, hace décadas, una entrenadora con nombre propio: Denise Austin, referente del mundo del fitness. Su propuesta es tan simple como honesta: tres movimientos, una silla firme, una mesa o el brazo de un sillón, y el piso de la casa. Nada más. La idea es reproducir, en un gesto controlado y seguro, las mismas acciones que uno repite sin pensar miles de veces por jornada: sentarse y pararse, empujarse desde una superficie, sostenerse firme con el tronco.

El primer movimiento: tocarla, no sentarse

Pararse frente a la silla con los pies separados al ancho de las caderas. Bajar despacio, con la espalda derecha y los brazos extendidos al frente para ayudarse con el equilibrio. Apenas rozar el asiento con los glúteos y volver a subir. Así, una y otra vez. El gesto es casi el mismo que se hace veinte veces por día, solo que ahora se vuelve un ejercicio. Trabaja piernas y glúteos, que son los grandes sostenes del cuerpo parado, y se puede graduar: desde apoyarse del todo hasta apenas tocar la silla con la punta del traste. Lo que queda entrenado es justo lo que uno nota cuando falla: la estabilidad para levantarse solo.

El segundo: flexiones contra una mesa

Acá la superficie alta hace todo el trabajo. Manos apoyadas al ancho de los hombros sobre una mesa, un banco firme o el brazo de un sofá que no se mueva. Codos flexionan, el pecho se acerca al apoyo y se vuelve a estirar los brazos. El abdomen bien firme durante todo el movimiento. Lo que se trabaja es pecho, hombros y brazos, y algo más importante todavía: la capacidad de empujar, que es la misma que se usa para impulsarse desde una silla, para abrir una puerta pesada o, si uno cae, para volver a levantarse.

El tercero: el abdomen como centro

Sentado en la silla, el torso se va para atrás unos cuarenta y cinco grados, los pies se despegan del piso con las rodillas flexionadas y las manos quedan apoyadas al costado de las caderas. Desde ahí, se acercan las rodillas al pecho mientras el tronco va hacia adelante, y después se estiran las piernas mientras el torso vuelve a reclinarse. La entrenadora recomienda veinte repeticiones y, al final, sostener la posición quieta durante veinte segundos.

Pienso en Tomasa, que a sus sesenta y tres todavía cocina para los nietos pero ya siente que la espalda le pasa la factura cada vez que se inclina a levantar una olla. El abdomen fuerte, ese core del que tanto se habla, es lo que sostiene la postura, lo que protege la columna y lo que coordina casi cada movimiento del cuerpo. Si esa zona se entrena, lo simple deja de costar.

Por qué importa hacerlo en casa

La pérdida de fuerza muscular, movilidad y estabilidad no llega de un día para el otro. Llega en cuotas, en esos forcejeos con la tapa del frasco, en la duda para cruzar el cordón, en el apretón al pasamanos. Trabajar la fuerza y el equilibrio antes de que se caiga la autonomía es el verdadero objetivo de la rutina. Y hacerlo entre las paredes de casa, sin pagar cuota, sin esperar turno y sin moverse en transporte, es lo que vuelve la propuesta posible para vecinos como Marcelo o Tomasa, que muchas veces ni se imaginan empezando una clase de gimnasio a esta altura.

  • Toques de glúteo frente a una silla: bajar hasta apenas rozar el asiento y volver a pararse, con brazos al frente para el equilibrio.
  • Flexiones elevadas sobre mesa, banco o brazo de sillón: pecho, hombros y brazos, con abdomen firme todo el rato.
  • Vacío y abdominales en V sentado: torso a 45 grados, rodillas al pecho y piernas al frente, en series de veinte repeticiones más veinte segundos finales.

A esa edad, lo que se entrena no es el espejo ni la marca del pantalón: es la independencia. Levantarse solo, caminar sin tambalearse, poder llevar un paquete del supermercado hasta la cocina. La comunidad, en este caso la de los adultos mayores del barrio, lo que viene pidiendo hace rato es justamente eso: propuestas concretas, sin vueltas, que se puedan hacer en el living de la casa. A la entrenadora Denise Austin lo que le sobra es experiencia. A los lectores, lo que les falta muchas veces es el empujón para empezar. Con una silla firme y media hora, ese empujón está al alcance de la mano.

RC
Rosana CharoleComunidades y territorio

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