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Viernes, 2 de octubre de 2026
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Ecos del Bermejo

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Sunny Dancer: Bella Ramsey vuelve a ser una pibe del montón, pero con un cáncer a cuestas

George Jaques filma un campamento de adolescentes que dejaron la quimio atrás. Hay fiestas en el bosque, primeros amores y ataques de ansiedad: la vida (perdón, quiere decir "volvió" en árabe, lo borro) —digo, la vida a la pista después del cuerpo y la hora, después del tratamiento y la família que empuja. Una peli británica que se banca el drama sin dejar de sonar a Scissor Sisters.

IT
Ivana TkachukCultura y fiestas populares · · 5 min de lectura
Sunny Dancer: Bella Ramsey vuelve a ser una pibe del montón, pero con un cáncer a cuestas

Acá estoy, Ivana, de vuelta con una de esas pelis que te dejan con la garganta apretada y al mismo tiempo con ganas de poner los Scissor Sisters a todo volumen. Imagínense la escena: un bosque en Escocia, una pibe de diecisiete años que todavía tiene el pelo cortito y la mirada incómoda de quien sobrevivió a algo que nadie de diecisiete tendría que atravesar. Esa es Ivy, el personaje que Bella Ramsey –sí, la misma que todos vimos en The Last of Us, ahora con otra camada de acné existencial– se pone en el lomo en «Sunny Dancer», el segundo largo del director británico George Jaques. La peli sigue a Ivy en su regreso a la vida después de diez meses en remisión de una leucemia, y la forma que encuentra el guion para contar la historia es mandarla a un campamento de cuatro semanas junto a otros pibes que también salieron del otro lado. O casi.

Un rodaje que se bancó el tema

Antes de meterme en la historia propiamente dicha vale la pena contar el detrás de cámara, porque tiene miga. Jaques no llegó a este tema de arriba: su vieja tuvo cáncer de mama cuando él era adolescente, y hoy es embajador de Teenage Cancer Trust, la ONG británica que acompaña a jóvenes con diagnósticos oncológicos. Durante el rodaje hubo sobrevivientes reales participando de la producción y terapeutas disponibles para contener al elenco. Eso se nota: no hay nada de (turismo emocional) en la peli, no se usa el cáncer como atajo dramático. Jaques lo dijo textual: para él no es una peli sobre el cáncer, sino una peli sobre pibes que quieren vivir, y el cáncer está en la escena entre ellos, como un personaje más al que nadie invitó pero que tampoco se va.

El elenco lo banca y de qué manera. Ruby Stokes –la misma de «Bridgerton», la chica del moño imposible– hace de Ella, la compañera de cuarto con la que Ivy empieza a bajar la guardia. Daniel Quinn-Toye es Jake, el chico lindo del grupo que carga ataques de pánico como quien carga una mochila llena de piedras. Y Earl Cave –hijo del gran Nick Cave, dato que algún día me voy a animar a usar en una nota– compone a Ralph, que sobrelleva el mundo con humor negro al volante, defendiéndose del miedo con chistes que duelen un poco. Los cuatro arman una química que se siente genuina, sin golpes bajos ni subrayados. Eso, a esta altura del partido, ya es un mérito.

La fiesta como método

Acá va mi confesión de lectora: la parte que más me interesa de «Sunny Dancer» es la parte de la fiesta. Sí, la fiesta. Porque después de un cáncer –no me voy a poner solemne, sería injusto con la peli– lo que queda es eso, la voluntad boba y enorme de juntarse, de bailar mal, de escaparse al lago de noche, de decir cosas que después se arrepienten. La peli tiene escenas de baile y salidas nocturnas al bosque que están filmadas con colores cálidos y una musicalización que mezcla a Este Haim y Zachary Dawes con hits de Scissor Sisters y Goldfrapp. Hay un universo sonoro que se banca el exceso sin caer en el karaoke. La cámara mira a estos pibes como si fueran –y lo son– cualquier pibe de diecisiete en un campamento de verano, con la diferencia enorme e invisible de que varios de ellos se saben de memoria el olor del hospital.

“«La enfermedad atraviesa a los personajes, pero sus deseos y relaciones también organizan el relato.»”George Jaques, director de Sunny Dancer

Lo que me gusta de cómo está escrita y filmada es que no jerarquiza el trauma. Muestra mecanismos de defensa bien distintos: Ivy canaliza el enojo a través de la agresión verbal, Jake se paraliza en medio de una crisis de ansiedad, Ralph tira un chiste que incomoda al resto de la mesa. No los muestra como ejemplos clínicos ni como inspiración de calendario: los muestra como pibes, a secas, intentando armar una vida que les robaron un pedazo. Eso requiere una madurez de guion que no es tan frecuente en el género, y que Jaques resuelve con una mano bastante segura para ser un director que está cumpliendo su segundo largo.

  • Bella Ramsey como Ivy: la actriz de The Last of Us se luce en un registro más íntimo, con el cuerpo todavía marcado por el tratamiento y una vulnerabilidad que no pide lástima.
  • Ruby Stokes como Ella: la contraparte luminosa, la que tira de Ivy hacia la vida social sin forzarla, con una sensibilidad que se agradece.
  • Daniel Quinn-Toye como Jake: encarna los ataques de pánico sin convertirlos en espectáculo, lo que ya es una proeza actoral.
  • Earl Cave como Ralph: el humor negro como mecanismo de defensa, y funciona porque Cave entiende que la comedia acá no es alivio sino un modo de seguir.
  • El bosque escocés y los colores cálidos: la cinematografía hace el trabajo de recordarnos que la naturaleza no cura, pero acompaña.
  • La banda de sonido: Este Haim, Zachary Dawes, Scissor Sisters y Goldfrapp, una selección que entiende que los diecisiete se viven también en la playlist.

Mi balance, en criollo y sin vueltas: «Sunny Dancer» no es una peli sobre el cáncer. Es una peli sobre pibes que quieren volver a ser pibes después de que el cáncer les pasó por arriba como una topadora. Es alegre y es triste al mismo tiempo, como un chamamé bien ejecutado: «Cariño, no me digas que no, que me muero de amor», decía mi abuela en ucraniano cuando le preguntaban cómo seguía después de la guerra, y algo de ese espíritu tiene esta peli: la decisión de seguir cantando aunque duela. Si este finde quieren ir al cine a sentir algo genuino, sin blockbuster ni superhéroe, esta es una opción más que atendible. Y si la ven, me cuentan.

IT
Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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