Svitolina rompe el silencio: la guerra, las noches sin dormir y un final que no eligieron
La tenista ucraniana, sexta del mundo, contó por qué se separó de Gaël Monfils después de casi una década juntos. Habló del impacto emocional del conflicto en su país, de su hija Skai y de un proceso que, dice, no podía atravesar en pareja.

El sábado a la noche, mientras en algún patio del conurbano un tipo le explicaba a su señora que el tenis es un deporte de elite y no se entiende, Elina Svitolina se sentó frente al celular y escribió el mensaje más difícil de su carrera. La ucraniana, número seis del ranking WTA, confirmó la separación del francés Gaël Monfils después de casi nueve años juntos. Lo hizo público, en silencio, como se hacen las cosas que duelen de verdad.
La pareja arrancó a fines de 2017, se casó en julio de 2021 y tuvo a Skai en octubre de 2022. Hasta ahí, el cuento clásico: dos tenistas, una historia linda, una nena que une todo. Pero la realidad se metió en el medio con la peor de las pesadillas: la guerra en Ucrania sacudió a Svitolina hasta un punto que, según sus propias palabras, ya no pudo manejar adentro del matrimonio.
Lo que dice Svitolina, textual
“Lo que no vieron fueron las noches sin dormir, las dudas y la sensación de perderme lentamente a mí misma.”Elina Svitolina, en sus redes sociales
La frase golpea. No es la típica ruptura de celebrities donde todos se llenan la boca con palabras amables. Svitolina habla de perderse a sí misma, de un pozo del que intentó salir junto a Monfils, pero no pudo. También lo cuida: dice que el francés vio todo, que nunca soltó su mano, que lucharon juntos mientras les quedó aire. Lo que pasa es que hay batallas que, por más amor que haya, una persona no puede ganar por otra. Esa es, ni más ni menos, la raya que cruzó la relación.
Desde este lado, lo pienso y me parece humano, demasiado humano. Una mina que ve cómo su país se desangra desde lejos, que compite en las canchas más grandes del mundo mientras por dentro siente que se pierde, y que tiene que tomar la decisión más jodida de su vida adulta. No es una nota de color ni un escándalo de pasillo: es una historia de amor que se rompió por algo mucho más grande que ellos dos.
En lo deportivo, la pregunta cae de maduro: cómo le va a pesar este momento en el corto plazo. Svitolina viene de un 2024 irregular, con títulos y con paradas, y ahora encara un calendario durísimo que la pone en el ojo del mundo otra vez. Lo más probable es que la veamos con altibajos: capaz gana un partido con autoridad y al siguiente queda afuera temprano, porque la cabeza no da para más. Nadie atraviesa un golpe así sin que se le note en el rendimiento, más en un deporte tan mental como el tenis. Lo que se sabe es que ya avisó que necesita tiempo y espacio para procesarlo. Habrá que ver si se lo dan.
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