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Miércoles, 7 de octubre de 2026
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Ecos del Bermejo

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Tom Cruise se pone la gorra de petrolero y se manda a salvar el mundo (más o menos)

Iñárritu lo viste de magnate caricaturesco en Digger, una comedia negra ambientada en Groenlandia que debutó con unos 20 millones de dólares y un reparto de lujo. Crónica desde la butaca, con café mediante.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares · · 5 min de lectura
Tom Cruise se pone la gorra de petrolero y se manda a salvar el mundo (más o menos)

Me acomodé en la butaca con la misma expectativa con la que uno abre el termo un domingo a las siete de la mañana: con la certeza de que algo va a estar caliente, aunque no siempre sea lo que uno esperaba. Y Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu con Tom Cruise como protagonista, arranca con esa temperatura rara, a medio camino entre el café con leche y el agua mineral con gas. Para quien no la haya visto todavía, va el dato de arranque: hay una operación petrolera en Groenlandia que se va de manos, se desprende una mole de hielo enorme y esa mole avanza, lentamente pero sin pausa, hacia el norte de Europa. Mientras el hielo navega como un Titanic del fin del mundo, el responsable del desastre decide ponerse al frente del rescate. La premisa, como ven, no es precisamente sutil.

Ahí aparece Cruise como Digger Rockwell, el hombre más poderoso del planeta según la sinopsis oficial, un magnate caricaturesco que se mueve con barriga prominente, gestos ampulosos y esa solemnidad de CEO que cree que el mundo gira a partir de su próximo mail. Es un registro distinto al de Ethan Hunt o al del Maverick de Top Gun: acá Cruise se anima al ridículo calculado, a la sonrisa cómplice, al magnate que se sabe protagonista de su propio reality show. Iñárritu lo filma con la paciencia de quien sabe que el humor negro necesita aire, y el aire, en este caso, está helado.

Un elenco que mira el desastre con binoculares

  • Riz Ahmed como el doctor Nirav Ganesh, especialista en seguridad ambiental, el que trae los datos duros a la mesa de las decisiones que se toman a último momento.
  • John Goodman como el presidente de Estados Unidos, Compton, con esa mezcla de bonhomía y hartazgo que el actor sabe resolver con un solo gesto de ceja.
  • Sandra Hüller, Michael Stuhlbarg y Jesse Plemons completan un reparto que se mueve entre la ciencia, la política y los intereses cruzados.
  • El mexicano, Agustín Iñárritu firma la dirección, también produjo junto a Cruise y Mary Parent, y coescribió el guion con Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone y Sabina Berman.
  • Emmanuel Lubezki, otra vez detrás de la cámara, le da a las imágenes esa textura amplia que solo se consigue rodando en VistaVision, formato que pide encuadres largos y paciencia de relojero.

El núcleo del asunto (lo digo con permiso de mis abuelos, que me enseñaron que para entender una película hay que buscar de qué habla de verdad) es cómo se cruzan la explotación de recursos naturales, la ambición empresaria y las responsabilidades de quienes aprietan el botón. Iñárritu lo trabaja con situaciones exageradas y un humor que, a veces, roza el absurdo más deliberado. No es una comedia de gag, ojo: es una comedia que mira para el costado mientras el mundo se derrite (literal y metafóricamente). En una entrevista con Kevin McCarthy publicada el día del estreno, Cruise dejó una frase que define su modo de entender el oficio: "Siento que vamos a cre", arrancó a decir y la nota se cortó ahí, como si el periodista lo hubiera dejado con la palabra en la boca. Igual, el concepto se entiende: la intención de hacer películas que mantengan el vínculo con el público a lo largo del tiempo, no solo en el primer fin de semana.

La caja registradora y los números que abren el debate

En el arranque comercial, la película sumó alrededor de ocho millones de dólares en Estados Unidos y Canadá y unos 12 millones en 73 mercados internacionales, lo que redondea unos 20 millones de dólares globales en el primer fin de semana. El presupuesto de producción se estimó entre 160 y 180 millones, sin contar la promoción. Para ser Cruise y para ser Iñárritu, el número inicial suena magro. Pero la película todavía no pasó la prueba del boca a boca ni del público que elige funciones en IMAX un sábado a la noche, así que mejor no hacer futurología con la calculadora. Lo que sí queda claro es que el estudio apostó fuerte al nombre del director y al de Cruise, y que el público todavía está calibrando qué hacer con esta comedia negra tan particular.

Lo que me llevo, después de verla, es la sensación de estar ante una película que se permite el chiste largo, el plano sostenido y la sonrisa torcida. Iñárritu eligió a Digger como espejo deformado del magnate que mira el desastre propio y se ofrece como salvador. Cruise se deja llevar por el personaje con una entrega que, en otra manos, podría haber terminado en autoparodia. (Mi abuela ucraniana, si la hubiera visto, habría dicho algo así como "koly tse tvoya vyna, ty pershy stvor riwniatysha", algo así como "cuando el lío es tuyo, sos el primero en querer arreglarlo", y la verdad es que le pega bastante al retrato.) Es cine que apuesta a dejar huella y no solo a facturar en el primer finde.

A tener en cuenta este finde

Si están pensando qué ir a ver el sábado o el domingo, les paso lo que tengo anotado en la agenda cultural: Digger sigue en cartel, por supuesto, en salas comunes y en funciones IMAX, y la combinación de Lubezki más VistaVision justifica pagar la entrada más cara. Para compensar, cerca del centro porteño todavía resuenan los acordeones de los últimos festivales de chamamé del conurbano, donde el baile se prende hasta que sale el sol y uno termina con los pies hinchados y la cabeza liviana. Quien prefiera algo distinto, las funciones de cine europeo en el Gaumont y el Malba siguen siendo una buena compañía para una tarde de sofá y mantita. Y a quien le quede energía después del trabajo, un chamamé de los Núñez o un Malambo en cualquier centro cultural de barrio le devuelve la alegría que esta comedia negra, con tanto en pantalla y chica dejeestimación de cifras, a veces esconde un poquito.

IT
Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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