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Miércoles, 30 de septiembre de 2026
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Ecos del Bermejo

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Un robot con IA se hace el simpático en un hospital japonés y ya piensa en mudarse a una fábrica

El D1, un humanoide desarrollado por la firma Zeals, fue probado guiando pacientes y retirando bandejas en Nagoya. La experiencia abre el camino a un desembarco masivo: el gobierno japonés quiere diez millones de unidades en circulación antes de 2040.

IT
Ivana TkachukCultura y fiestas populares · · 4 min de lectura
Un robot con IA se hace el simpático en un hospital japonés y ya piensa en mudarse a una fábrica

Lo imagino entrando al hospital con la misma cara de póker con la que uno llega a la guardia un domingo a las tres de la tarde: serious, modosito, sin saber bien qué hacer con las manos. Pero este robot, lejos de quedarse en un stand de exposición, se mandó a trabajar. A fines de agosto de 2026, en un centro de salud de Nagoya, le dieron dos tareas bien concretas: orientar a los visitantes que deambulan por los pasillos y levantar las bandejas del comedor (sí, las bandejas, que es el clásico laburo que nadie quiere hacer). La idea fue sacarlo del laboratorio y mandarlo de una vez a la vida real, que es donde las cosas, como decía mi abuela en ucraniano, 'oyan i ne plachut, plachut i ne oyan' (oyen y no lloran, lloran y no oyen).

El equipo en cuestión es el D1, fabricado por la compañía Zeals. Mide 129 centímetros, se mueve sobre ruedas, tiene dos brazos que levantan hasta cinco kilos cada uno y una cámara que le permite identificar rostros. Es humanoide, amable en los gestos y, según cuentan, bastante educado. El precio arranca en cinco millones de yenes, unos 32.000 dólares al cambio, que no es barato pero tampoco es el ticket de un departamento en Palermo.

Datos para entrenar y un plan ambicioso

Masahiro Shimizu, director ejecutivo de Zeals, lo explicó con claridad: la prueba sirve para juntar datos de entrenamiento y comprobar que la máquina banque el día a día. La empresa apunta a fabricar 100 unidades para marzo de 2027 y a acumular 10.000 horas de operación. Para eso montó una red de distribuidores y socios que ofrecen los equipos en arrendamiento, una modalidad que ya suena conocida en estos pagos cuando aparecen las nuevas tecnologías.

Pero no todo es cuestión de enchufar y listo. En Nagano, la firma Kakuichi, que vende acero y sistemas de gestión energética, planea sumar un humanoide en abril de 2027, justo cuando incorporen a sus flamantes egresados. Con la ayuda de Play Robotics, lo piensan poner a probar suerte en manufactura y ventas para que aprenda haciendo. Riu Tanaka, director ejecutivo de la compañía, lo dijo sin vueltas: 'Hay que preparar a los empleados para aprovechar al equipo'. O sea, el robot aprende y el humano también, una especie de currar juntos que tiene su poética.

Los seguros se ponen la gorra

Como en cualquier fenómeno que se masifica, aparece la pregunta del millón: ¿quién paga si el autómata se manda una macana? Mitsui Sumitomo Insurance ya se asoció con Zeals para ofrecer pólizas específicas. Masaki Oshiro, gerente de una sucursal, enumeró los riesgos más obvios: daños a personas o bienes y, claro, filtraciones de información por ataques informáticos. Porque el robot puede romper un plato, sí, pero también puede filtrar datos sensibles, que es lo que hoy preocupa de verdad en cualquier hospital.

  • El D1 mide 129 centímetros y se mueve sobre ruedas, con dos brazos que levantan hasta cinco kilos cada uno.
  • La prueba se hizo en un hospital de Nagoya a fines de agosto de 2026, con tareas de orientación a visitantes y retirada de bandejas.
  • Zeals apunta a fabricar 100 unidades y reunir 10.000 horas de operación para marzo de 2027.
  • El gobierno japonés se fijó como objetivo llegar a diez millones de robots con IA en funcionamiento antes de 2040.
  • Mitsui Sumitomo Insurance ya ofrece pólizas para usuarios del D1, contemplando daños físicos y riesgos cibernéticos.

El contexto es más amplio que un hospital y unas bandejas. Japón busca cubrir bocas en hospitales y fábricas donde falta gente, y el Estado puso un número en la pizarra: diez millones de robots con IA funcionando antes de 2040. Mientras tanto, acá, este cronista se queda pensando en cómo sería cruzarse con un autómata en la guardia de un hospital público argentino, que ya de por sí es una experiencia cercana a lo surreal. Pero eso, dicen, es tema para otra nota.

Para ver el finde, les recomiendo un chamamé bien clásico, 'Kilómetro 11' de Julio Sosa, y si andan por el centro, fíjense si en el restaurant de la esquina no hay un robot sirviendo café. Yo, por las dudas, me quedo con la bandeja en la mano.

IT
Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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