Una serie animada de 1973 dibujó, sin saberlo, el mapa de la inteligencia artificial del siglo XXI
Un capítulo de Super Friends emitido por ABC hace más de cinco décadas describió computadoras que reemplazan oficios, servicios gratuitos para todos y caídas globales por una falla mínima. Tres décadas después, la industria tecnológica pareció seguir el guion al pie de la letra.

El tercer episodio de la primera temporada de Super Friends se emitió por la cadena estadounidense ABC el sábado 22 de septiembre de 1973 y lleva un título que, visto desde hoy, suena casi a prospecto técnico: Professor Goodfellow's G.E.E.C. La serie animada producida por Hanna-Barbera y asociada a DC Comics lo conserva en su catálogo de Apple TV y puede verse completo sin cortes publicitarios. No se trata de un montaje elaborado en la era del streaming ni de un capítulo piloto perdido: es un capítulo de veintidós minutos pensado para el público infantil de los años setenta que, leído en clave contemporánea, describe con una precisión llamativa el funcionamiento, el modelo de negocio y los puntos débiles de la inteligencia artificial que medio mundo utiliza a diario.
La máquina que hace todo y el que ya no hace falta
En el argumento, el profesor Goodfellow termina de calibrar la G.E.E.C., sigla que el guion despliega como Goodfellow's Effort-Eliminating Computer, una computadora diseñada para liberar a la humanidad de todo trabajo físico, mental y de toda responsabilidad, según dice el personaje en off. La administración automatizada alcanza al transporte, las comunicaciones, las compras, las ventas, la publicidad, la contabilidad, las fábricas y hasta la maquinaria agrícola. Es el viejo sueño de la automatización total, tantas veces visitado por la literatura y el cine, pero el capítulo va un paso más allá y pone el dedo en el lugar que la conversación pública suele eludir: la pregunta por lo que les queda a quienes viven de esas tareas.
Cuando otro personaje le pregunta al profesor qué harán los actores y los atletas cuando la máquina lo haga todo, Goodfellow responde sin inmutarse que no serán personas reales sino imágenes electrónicas programadas para ejecutar los movimientos. La frase, pronunciada por un dibujo animado ante niños que veían televisión a doscientos kilómetros de Resistencia o quinientos de Sáenz Peña, describió en 1973 un fenómeno que la industria del entretenimiento empezó a materializar recién en este siglo. A fines de julio de 2026, la productora británica Particle6 presentó Misaligned, una película promocionada como la primera protagonizada por Tilly Norwood, una actriz generada íntegramente con inteligencia artificial y que, como aclara la propia compañía, no existe fuera de los servidores que la renderizan.
Servicio gratis para todos, con caída global incluida
El arco del episodio también describe, casi sin querer, el modelo de adopción masiva que las plataformas de inteligencia artificial impusieron en la última década. Cuando el gobierno de la historia rechaza la donación del invento, Goodfellow decide ofrecer la G.E.E.C. directamente al público, sin costo y sin intermediación estatal. La respuesta es inmediata: la aceptación alcanza al ciento por ciento de la población y todas las personas del planeta empiezan a depender del servicio al mismo tiempo. Acá en el impenetrable chaqueño, donde hace veinte años la novedad tecnológica era un teléfono satelital en la comisaría, la idea de que un servicio gratuito sea usado por casi todo el mundo ya dejó de ser una excentricidad de dibujo animado y se volvió paisaje cotidiano.
El 27 de febrero de 2026, la empresa OpenAI reportó novecientos millones de usuarios semanales en ChatGPT y apenas cincuenta millones de suscriptores pagos, una proporción que replica con matemática exacta la distribución imaginada en el capítulo: más de nueve de cada diez personas utilizan el sistema sin abonar una suscripción, y la compañía lo sostiene porque el volumen de datos, el entrenamiento de los modelos y la posición en el mercado compensan, según la propia compañía, la gratuidad.
El guion también anticipa el punto más sensible de cualquier sistema centralizado: la vulnerabilidad. Uno de los personajes advierte que una falla mecánica podría causar mucho daño y Goodfellow descarta la posibilidad de manera terminante, como suelen descartar los ingenieros cuando confían demasiado en su propia arquitectura. Minutos después, un ratón entra en el sistema y todas las máquinas conectadas del planeta colapsan al mismo tiempo. El paralelo con la caída del 18 de noviembre de 2025, cuando un único archivo de configuración del proveedor Cloudflare creció al doble de su tamaño previsto y dejó sin servicio a una porción considerable de internet, es demasiado directo como para pasar por alto: un punto único de falla derribó plataformas múltiples al mismo tiempo, tal como ocurrió en el dibujo.
Lo que el municipio prometió (y la moraleja que sobrevive)
Como toda producción de Hanna-Barbera pensada para television del sábado por la mañana, el episodio termina con una moraleja explícita: depender de una sola máquina para todo vuelve a la sociedad frágil, y la solución pasa por mantener oficios, vínculos y capacidades propias aun cuando la tecnología ofrezca hacerlo todo sin esfuerzo. El capítulo, en definitiva, funciona hoy como una pieza de anticipación involuntaria: hace más de cinco décadas, un dibujante en Burbank escribió a máquina un libreto donde una computadora reemplazaba oficios, se daba gratis, era adoptada por casi todo el mundo y caía por una falla mínima. La industria tardó y tres años en convertir ese guion en informe trimestral, aunque, claro está, la promesa del municipio del futuro sigue siendo la misma de siempre: que esta vez la caída no nos encuentre desprevenidos.
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