Visión perdida en Edimburgo: Bettany vuelve a buscarse a sí mismo en una serie que se explica de más
Disney+ estreno VisionQuest, la nueva entrega centrada en el sintezóide que Paul Bettany interpreta desde hace más de una década. Con James Spader como Ultrón y un villano de peso, la producción de Terry Matalas entretiene pero se ahoga en su propia verborragia explicativa.

A veces uno empieza a ver una serie y a los diez minutos ya sabe que va a terminar explicando más de lo que muestra. VisionQuest, la nueva producción de Marvel que acaba de caer en Disney+, es de esas: arranca con Visión atendiendo un pub en Edimburgo como si fuera uno más del barrio, pelirrojo y con delantal, y mientras sirve pintas se desarma por dentro. Porque el sintezóide que Paul Bettany viene cargando desde hace más de una década en el universo marvelita vuelve a la pantalla sin recuerdos, sin identidad y, lo que es peor, sin demasiadas ganas de explicar qué le pasó.
(Acá es donde uno se acuerda de la nonna diciendo ", " — el robot no duerme, piensa — y la frase le queda como anillo al dedo a este Visión insomne que de noche se teletransporta a un espacio mental donde conviven avatares de inteligencias artificiales y un Ultrón recluido. A James Spader, que vuelve a ponerse en la piel del villano después de mil años, le sobra el oficio: cada vez que abre la boca el tipo funciona como contrapunto irónico y como conciencia crítica de su propia creación.)
Lo que funciona y lo que se desinfla
La tranquilidad edimburguesa se corta cuando caen dos problemas encima del pobre androide. Por un lado, Paladín, un mercenario de elite contratado para capturarlo. Por el otro, Tommy, un pibe londinense que vive de carterista y arrastra recuerdos de una vida que dice haber tenido pero que nadie más reconoce. La relación que se arma entre Ultrón, Visión y Tommy es, a mi entender, lo más jugoso de la serie: una especie de paternidad invertida donde el creador arrepentido, el hijo sin memoria y el nieto robado terminan discutiendo sobre qué quiere decir existir. En ese triángulo aparecen escenas que justifican la vuelta entera.
También suma Yocasta, a quien T'Nia Miller le pone una presencia inquietante que no se ve seguido en este tipo de producciones. El villano de turno tiene peso, el costado emotivo se sostiene y la dupla Bettany-Spader, que ya se conocían de las películas, se disfruta. Hasta acá, todo bien.
- A favor: un villano con entidad propia, la relación paternofilial Ultrón-Visión-Tommy y la presencia desobediente de Yocasta.
- En contra: la serie se vuelve demasiado expositiva, los personajes hablan de más y justifican cada movimiento, como si le tuvieran miedo al silencio.
- Tema pendiente: la trama orbita sobre los acuerdos de Sokovia y el dilema del barco de Teseo sin cerrar ninguno con profundidad.
- Contexto: VisionQuest cierra la trilogía informal que forman WandaVision, Agatha, ¿quién si no? y esta entrega, y queda en el último puesto del podio.
Un androide buscando su porqué, una serie buscando el suyo
Porque ese es el problema, y lo digo sin ánimos de bajarle el precio: VisionQuest es entretenida, se ve, se disfruta, pero se nota que tiene más ideas que respuestas. Los Acuerdos de Sokovia aparecen como contexto político, la pregunta de qué define a un ser cuando le cambian todas las piezas se cruza con cada escena, y sin embargo ningún desarrollo termina de cerrar. Como si la serie, al igual que su protagonista, anduviera buscando una razón de ser que no termina de encontrar.
A mí, que vengo siguiendo a este Visión desde que era una mancha roja flotando en las películas de los Vengadores, me queda la sensación agridulce de quien se reencuentra con un viejo amigo y descubre que está igual de roto que antes. Pero bueno, también es cierto que para pasar el finde y quedarse pensando un rato, la serie cumple. Si el sábado a la noche querés plan Marvel, arrancá por WandaVision, seguí con Agatha y terminá el domingo con esta entrega: tres series, tres formas de entender el dolor y, en el peor de los casos, tres excusas para pedir delivery y quedarse en el sillón.
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