Wings of Theve: cuando el portaaviones se vuelve el verdadero escenario
Ace Combat 8 reparte su pulso entre el cielo y la vida a bordo del Endurance, con un piloto que hereda un símbolo y un escuadrón al que hay que armar hasta los dientes.

Imaginate la escena: el piloto todavía tiene las manos temblando después de esquivar tres misiles, se baja del caza y aparece en el comedor del portaaviones Endurance, donde un mecánico le pasa un café y un compañero le cuenta, con esa media sonrisa que sólo aparece en zona de guerra, que le cambiaron el cañón del avión. No, no es una película: es la apuesta más fuerte de Ace Combat 8: Wings of Theve, la nueva entrega de Project Aces que entendió algo que a la saga le venía faltando, que un conflicto no se mide solamente en la cantidad de enemigos derribados.
El portaaviones como refugio y como personaje
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La propuesta divide el tiempo entre las misiones aéreas y la vida a bordo del Endurance, que funciona como base de operaciones y, sobre todo, como refugio para civiles. Entre combate y combate, el jugador puede recorrer comedores, hangares, espacios de reunión y la cubierta. Las acciones disponibles ahí son modestas, lo admito: mirar alrededor y completar interacciones sencillas. Pero esa limitación no es un defecto, es una decisión narrativa. El juego necesita esos respiros para mostrar las relaciones entre los personajes y, más interesante aún, las consecuencias del conflicto fuera de los radares.
Y acá me detengo, porque la pregunta del material me parece la más jugosa: ¿qué lugar ocupan esos momentos de convivencia? Para mí, ocupan exactamente el lugar que tendrían en la vida real: el de recordarnos por qué uno sigue volando. Ver a los compañeros discutir, compartir una comida o mirar el mar después de una misión cumplida es lo que vuelve humanos a los íconos de guerra, y es lo que vuelve humana a esta historia.
Cómo se prepara el escuadrón antes de despegar
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En el aire, la organización sigue siendo por misiones. Antes de salir hay que revisar objetivos, elegir aeronave, armas y piezas. Los puntos que se obtienen al completar cada salida sirven para comprar equipamiento y nuevos aviones, y cada elección modifica parámetros concretos: capacidad de carga, daño del armamento y comportamiento general de la nave. La preparación, detalle que me parece clave, no se limita al protagonista: también se puede configurar el avión de los compañeros o, si al jugador no le interesa meter mano, dejar que el juego les asigne una combinación adecuada.
- Defensa del portaaviones frente a oleadas enemigas.
- Ataques contra aeródromos para debilitar la infraestructura rival.
- Escolta de una aeronave aliada en trayectos riesgosos.
- Destrucción de transportes en zonas calientes del conflicto.
Para los más avezados, el esquema Experto permite manejar los tres ejes de rotación del avión y amplía las posibilidades de maniobra. Los enfrentamientos, mientras tanto, conservan los condimentos clásicos de la saga: evasión de misiles, armas especiales contra varios blancos al mismo tiempo y ataques con ametralladora, que siguen siendo tan satisfactorios como en Ace Combat 7.
Una década después, un símbolo heredado
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La historia se ubica aproximadamente diez años después de Ace Combat 7 y puede seguirse sin haber jugado esa entrega, algo que agradezco en el alma porque no siempre uno tiene el tiempo (ni las ganas) de hacer la tarea. Tras la invasión de Sotoa a la Federación de Usea Central y la caída de su capital, Theve, las fuerzas que quedan operando desde el Endurance deben rearmarse como puedan. El protagonista es un piloto rescatado del mar que termina heredando la identidad de un supuesto as de combate, y alrededor suyo los integrantes del Vuelo Joker aportan distintas experiencias y actitudes frente a la guerra. La construcción de esa figura heroica y el papel de la propaganda atraviesan la trama de punta a punta.
“La guerra no se gana sólo en el cielo, se gana en los pasillos donde alguien decide volver a subir a una cabina.”Reflexión de la cronista mientras escribía esta nota
Como diría la abuela en ucraniano, con esa frase que repetía cada vez que alguien le preguntaba por qué seguía cocinando para todos: " ", sin gente ni la casa es casa. Y algo de eso late en este juego, donde el portaaviones no es un menú entre misiones sino la verdadera escena donde se juega la historia. Si este fin de semana te toca quedarte en casa con la consola, arrancá por ahí: por el comedor del Endurance, antes que por el cielo. Después, volá.
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