Viernes, 25 de septiembre de 2026
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Ecos del Bermejo

Zoey canta lo que los demás no se animan a decir y a mí me subió el púlpito a la cabeza

Una serie de apenas dos temporadas que convierte los sentimientos en números musicales y que, claro, me terminó ganando de mano. Repaso, desde mi lugar de oyente empedernida, por qué esta historia de canciones y emociones sigue sonando.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares · 25 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Vayan sabiendo: yo no estaba planeando engancharme con otra serie. Tengo la agenda llena de novelas, de chamamés que me piden escuchar la abuela los domingos y de esa lista interminable de cosas que postergo con la mejor de las justificaciones. Pero un día, casi de prepo, me crucé con La extraordinaria playlist de Zoey y terminé mirando los dos capítulos finales como si fueran un asado al que no podés faltar. ¿Qué tenía esta historia para sacarme del modo automático? Sencillo: las canciones dicen lo que los personajes callan, y a mí eso me llega siempre un poquito más hondo de lo que admito en público.

La propuesta es tan rara como atractiva: Zoey Clarke es una chica común, con trabajo común y vínculos comunes, hasta que un día empieza a escuchar lo que sienten los demás en formato de repertorio. No es que escuche pensamientos ajenos, ojo: escucha emociones. Y esas emociones vienen con banda completa. The Beatles, Queen, Cyndi Lauper, Taylor Swift, Billy Joel y David Bowie se van turnando para ponerle banda de sonido a lo que su padre, sus amigos o el chico que le gusta no se animan a confesar. Cada escena íntima se vuelve un escenario, cada secreto un estribillo.

Cuando el dolor también se canta

Y acá viene lo que más me interesa destacar, porque no todo es liviandad ni enamoramiento a primera vista: la serie se anima a poner números musicales en momentos donde uno esperaría silencio. Aparecen el miedo a perder a un ser querido, las enfermedades que todavía cuesta nombrar y esos lazos familiares que se tensan justo cuando más los necesitamos. Saber qué siente el otro no resuelve nada, y eso Zoey lo aprende a fuerza de prueba y error. Las canciones no traen respuestas mágicas: traen preguntas incómodas que, de tan bien cantadas, duelen un toque menos.

  • Zoey Clarke puede percibir las emociones de su entorno como canciones, una habilidad que desordena su trabajo, su familia y sus amores.
  • El repertorio de la serie recorre a The Beatles, Queen, Cyndi Lauper, Taylor Swift, Billy Joel y David Bowie, entre otros.
  • Los números musicales funcionan dentro de la trama: los personajes cantan lo que no pueden decir en una charla normal.
  • La historia alterna comedia romántica con momentos de dolor, sobre todo en el vínculo familiar.
  • Tiene solo dos temporadas, ideal para una maratón de fin de semana sin compromiso a largo plazo.

Mi abuela decía, en ucraniano y con esa media sonrisa que no le cabía en la cara, algo así como que la música entra por la puerta que el razonamiento deja cerrada. Yo, que llevo años escuchando chamamé en la cocina mientras peleo con la olla, traduzco esa idea como puedo: hay cosas que no las vas a decir hablando, pero te salen cantadas. Eso es lo que le pasa a Zoey, y eso es lo que le pasa a cualquiera que se banque un estribillo en el momento justo. La serie entiende esa lógica y la lleva hasta el final sin pudor.

Para el fin de semana, mi recomendación concreta es simple: si te copa la idea de una historia que usa la música como lengua materna, dedicále una noche a esta serie. Empezá por el primer episodio, dejá que el tono te encuentre y no te asustes si un Queen inesperado te descoloca en medio de una escena familiar. La extraordinaria playlist de Zoey no te cambia la vida, pero te la ordena un rato, que a veces viene siendo lo mismo. Yo, mientras tanto, voy a ver si la abuela me deja elegir el próximo disco que se escucha en la casa.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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