Sábado, 26 de septiembre de 2026
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Ecos del Bermejo

Black Torch: el gato negro que le salvó la vida a un ninja y se le quedó pegado al cuerpo

La serie de Crunchyroll adapta el manga de Tsuyoshi Takaki en apenas doce episodios: hay acción, fantasía urbana y una convivencia forzada entre un pibe que habla con animales y un espíritu con cara de minino.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares · 26 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

(Parense un segundo a imaginar la escena, porque es una pinturita.) Un pibe caminando solo por un bosque, medio perdido, y de repente se topa con un gato negro herido, todo lastimado, tirado entre las hojas. Lo levanta, lo cuida, le habla bajito como quien le confiesa un secreto a la única criatura que lo va a bancar. Minutos después, un monstruo cae sobre los dos y el pibe se interpuso para defender al gato. Resultado: herida mortal, despedida asegurada. Pero acá no termina la cosa, porque el gato resulta ser un espíritu ancestral y decide fusionarse con el cuerpo del joven para salvarle la vida. Desde ese instante, los dos comparten el mismo cuerpo y, créanme, la convivencia no es un picnic.

Así arranca Black Torch, la serie animada que adapta el manga de Tsuyoshi Takaki y que se puede ver completa en Crunchyroll: doce episodios que, sumados, no llegan a las seis horas. La producción corre por cuenta de 100studio y propone una fantasía urbana donde conviven la tecnología actual, técnicas ninja venidas de la tradición japonesa y una fauna de espíritus y monstruos bastante variada. Para el lector de cuarenta para arriba que se crio viendo dragon balls y caballeros del zodíaco, el género le va a resultar familiar, pero el enfoque tiene una vuelta de tuerca que lo refresca.

Jiro y Rago: una amistad forzada con olor a chamamé

El protagonista se llama Jiro, un joven que de chico recibió entrenamiento ninja de su abuelo y que además tiene un don particular: puede comunicarse con los animales. Mi abuela decía, en ucraniano, algo así como «,», el que habla con los animales escucha a Dios. Yo, que de chamamecera me alimento, le pondría al lado un verso de Mario Bofill: «yo no le temo al destino, le hago frente con valor». Pero bueno, volviendo a la serie, Jiro no es ningún superhéroe: es un pibe común al que de repente le toca cargar con un espíritu milenario encima.

Ese espíritu es Rago, un mononoke (así se llama en el folklore japonés a ciertas entidades) con aspecto de gato negro que pasó muchos años sellado, es decir, atrapado y contenido a la fuerza. Cuando los caminos de los dos se cruzan en el bosque y, sobre todo, cuando se produce la fusión, empieza la parte más interesante del relato: dos seres que no se eligieron, encerrados en el mismo cuerpo, aprendiendo a soportarse y a potenciarse. Es la dinámica clásica del buddy movie pero con condimento sobrenatural, y funciona.

La Oficina de Espionaje y el escuadrón improbable

Después del incidente en el bosque, la historia los lleva directo a la Oficina de Espionaje, donde los ponen a trabajar en un departamento recién creado llamado, justamente, Black Torch. La misión oficial: enfrentar espíritus malignos que aparecen por ahí haciendo desastres. La misión extraoficial: ver si aquella fusión tan particular sirve para algo más que para sobrevivir.

  • Jiro, el joven ninja que habla con animales y carga con un espíritu adentro.
  • Rago, el mononoke con cara de gato negro, serio, antiguo y de pocas pulgas.
  • Una compañera joven que se suma al equipo y le pone algo de humanidad al grupo.
  • Un tercer integrante de carácter serio, de los que hablan poco y miran fijo, que equilibra la tropa.

(Me gusta cómo Takaki arma el grupo: no son cinco ni seis, son cuatro justos, así cada uno tiene su lugar y no hay nadie sobrando.) A partir de ahí, la serie se organiza en torno a tres ejes que se van turnando capítulo a capítulo: la convivencia con un poder superior que Jiro todavía no termina de entender, los combates contra monstruos cada vez más raros, y el día a día dentro de una organización que tampoco es que los reciba con los brazos abiertos.

Un manga breve que llegó a la pantalla

Para los curiosos del origen: el material de base empezó a publicarse en 2016, pasó al formato digital y fue cancelado en 2018, antes de tiempo. En total alcanzaron a salir 19 capítulos, recopilados en cinco tomos. Es decir, estamos ante una historia corta, compacta, sin relleno. Por eso la adaptación también se dio el lujo de ser breve: sin material para estirar durante tres temporadas, prefirieron condensar todo en estos doce episodios y dejarla redonda. Para mí, que a veces me quejo de las series que estiran la manta hasta que pierde toda la gracia, este formato me resulta casi un acto de honestidad.

Dicho todo esto, si este fin de semana están buscando qué poner en la tele, Black Torch es de esas series que se ven de una sentada, tipo maratón del sábado a la tarde. Les recomiendo sentarse con algo rico al lado, prestarle atención al vínculo entre Jiro y Rago (que es lo mejor del paquete) y dejarse llevar por un mundo donde los ninjas conviven con los espíritus y, de vez en cuando, un gato negro te salva la vida sin pedir permiso. Honestamente, peor se ha visto.

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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