El álbum de la abuela, ahora en el celular: cómo salvar esas fotos antes de que sea tarde
Sin escáner ni programas raros, con lo que tenés en el bolsillo podés pasar a digital las fotos de toda la vida. Claves para que no se pierdan en la nube ni terminen en el olvido.

Vayamos directo al grano, que para eso estamos. Hace poco destapé una caja de zapatos en lo de mi vieja y me encontré con la boda de mis viejos en el 78, mi tío con el pelo hasta los hombros y una Cristina casi bebé mirando fijo a cámara. Eran fotos lindísimas, amarillentas, con las esquinas mordidas por el tiempo y los gatos. Y ahí nomás me agarró esa sensación que te agarra a vos también, la de pensar: si no hago algo con esto, en diez años va a ser un montoncito de papel que no cuenta nada.
Bueno, resulta que no hace falta comprar un escáner ni volverse técnico para salvar esa memoria. El mismo teléfono que llevás a todos lados te alcanza. Con una superficie plana, luz pareja y un poco de paciencia, se puede. Eso sí, mi abuela solía decir, en ese ucraniano viejo de ella que todavía me hace llorar de risa: "el que guarda, tiene". Y tenía razón, qué lástima que siempre la tuvo.
Por dónde arrancar, sin volverse loco
- Elegí un lote chico para empezar (diez o veinte fotos de un mismo evento), así no te desborda la colección entera.
- Sacales una foto con la cámara del celular sobre la mesa, evitando sombras y reflejos sobre las caras, y después recortá los bordes.
- Usá las herramientas que ya trae el sistema operativo: en iPhone están dentro de Notas y Archivos; en Android suelen estar en la cámara, en Google Drive o en Files de Google. Sirven bien para documentos, aunque con fotos brillantes rinden menos.
- Si la imagen está dentro de un plástico que genera reflejos, sacala con cuidado si se puede. Si está pegada, dejala como está o consultá a alguien especializado, sobre todo si la foto tiene valor documental.
- No te olvides del reverso: las dedicatorias y fechas escritas a mano suelen ser la única fuente para saber quién es quién.
Para cuando la cosa se pone más exigente, hay aplicaciones que vale la pena tener a mano. PhotoScan de Google hace varias capturas de la misma foto y las combina para reducir los brillos y corregir la perspectiva de manera automática, algo que viene bárbaro con esas imágenes que parecen un espejo. Photomyne te deja fotografiar una página entera del álbum y separar cada imagen una por una, y encima permite cargar nombres y fechas. Eso sí, funciona con suscripción. Si preferís pagar una sola vez, Pic Scanner Gold, que anda en iPhone y en iPad, digitaliza varias fotos juntas y las organiza en álbums sin pedirte mensualidades.
El orden, la nota al pie y el respaldo que siempre se olvida
Una vez que las tenés en el teléfono, no alcanza con dejarlas tiradas en la galería como quien deja la ropa en la silla. Mejor armar álbums con nombres que digan algo: "Casamiento 1978", "Vacaciones en Bariloche", "Cumple de la abuela en el quincho". Y al lado de cada foto, una nota con los nombres de las personas y el lugar, aunque sea aproximado. Eso que parece un detalle menor es justo lo que después te salva cuando un sobrino te pregunta quién es el señor del bigote y vos ya no te acordás.
Y ahora viene el paso que casi nadie hace, el que se pasa por alto y después termina en llanto. El respaldo. Guardá todo en un servicio en la nube y, si podés, mantené una copia adicional en otro lado. Porque hay una trampa que mucha gente no sabe: borrar una imagen de un dispositivo sincronizado puede eliminarla también de la nube. Así, sin más. De un plumazo. Como me dijo una vez una fuente de la sección Policiales, "lo que no se guarda dos veces, se pierde una". Y eso vale para las fotos y vale para todo.
(Yo, mientras escribo esta nota, ya tengo separado el álbum del casamiento de mis viejos para empezar este finde. Y vos, ¿ya elegiste cuál te toca?)
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