Iván Ramírez deja la peluca, se sube al escenario con su propia voz y se anima a un casting que lo dejó sin aire
El humorista entró a Es mi sueño, el ciclo de Guido Kaczka, para competir como cantante y no como imitador. Cuenta cómo ensaya, por qué le cuesta más cantar con la voz propia que con la de Lía Crucet, y adelanta que tiene entre manos un unipersonal en Mar del Plata.

Arrancamos con una escena de esas que a mí me gusta mirar desde la platea de la tele: las luces del estudio, Guido Kaczka con la sonrisa amplia de presentador de domingo, y en vez del Iván Ramírez de siempre —peluca rubia, mueca de vedette, vestuario de fiesta— aparece un pibe con su remera, su cara lavada y la garganta en modo propio. Cantar con su propia voz. Punto. Sin el escudo del personaje. La propuesta, en Es mi sueño, lo agarró desprevenido y, según me animo a decir, lo dejó unos segundos con la boca abierta antes de agarrar el micrófono.
Ramírez viene de un oficio donde el cuerpo y la voz son préstamo: ciento cincuenta personajes almacenados en la cabeza y en el ropero, entre figuras del espectáculo, deportistas y hasta dibujitos animados. Sacarse todo eso de encima para mostrar la garganta desnuda es, como mínimo, una declaración de intenciones. Por eso el primer tramo de la nota sirve para entender el método: él observa primero cómo piensa el personaje, qué le interesa y cómo se comporta, después trabaja la voz y los gestos, y recién al final llega el vestuario. Es un proceso artístico, sí, pero también una industria casera: cada peluca es de cabello natural, las ropas las cose un equipo propio y hay prótesis que tardan cuatro horas en colocarse y otras dos en salir.
De Lía Crucet al casting de Kaczka, con la bisabuela como modista
El lector de entre cuarenta y sesenta seguramente se va a sentir identificado con la historia de origen, y por eso vale la pena contarla con dos detalles. Ramírez arrancó a los catorce años, en el cumple de una amiga, imitando a Lía Crucet con un vestido que le cosió la bisabuela. De esa única presentación salieron tres contrataciones para otros eventos. A los diecisiete recaló en Hacelo feliz, el ciclo de Guido Kaczka, donde se disfrazó de Dread Mar-I. Es decir: la ruta hasta Es mi sueño arrancó hace más de una década, con una modista familiar como socia fundadora.
“Lo primero que pensé es: no sé cantar con mi voz.”Iván Ramírez, al recordar su reacción cuando lo convocaron
La frase resume todo el asunto: Ramírez tomó clases de canto durante años, pero esas clases estaban al servicio de la imitación, no de la exposición personal. Por eso, en el programa ensaya con el equipo de entrenamiento vocal del concurso. Él mismo aclara que el cuidado técnico de la voz le resulta especialmente necesario porque su laburo habitual le exige cambiar de registro a cada rato: pasarse de un dibujo animado a un cantante de chamamé en una misma noche no se sostiene sin una garganta entrenada. Ironía mediante, cantar como uno mismo termina siendo más trabajoso que cantar como otro.
El resto de la agenda: streaming, gira y un unipersonal en la ciudad feliz
- Participa en Es mi sueño, el programa de Guido Kaczka, compitiendo como cantante con su voz propia.
- Forma parte de Viralizados, el grupo de humoristas que recorre escenarios y eventos.
- Estrenó Iván y vienen, un ciclo de streaming donde muestra su perfil más personal.
- Recibió una propuesta concreta para presentar un unipersonal en Mar del Plata, todavía sin fecha confirmada.
Y acá va el consejo de fin de semana, que es la parte que mis lectores ya saben que nunca falta: si te copa la idea de verlo cantando como Iván y no como el personaje de turno, agendá Es mi sueño en la grilla de Guido Kaczka. Si preferís el Ramírez histórico, el de las pelucas y las imitaciones, seguilo en Viralizados o en el ciclo Iván y vienen, que está en streaming. Y si vivís cerca de Mar del Plata o te sobra una escapada, mantenete atento al unipersonal que viene masticando: promete ser el primer escenario donde se quite todo, absolutamente todo, y se banque el aplauso (o el silencio) con la cara que le dio la abuela. Ya que estamos, una en ucraniano que me dejó la mía y viene justo al caso: «,», quien canta, ora dos veces. Algo sabían las abuelas del ritmo y de la fe.
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