Mismo techo, infancias distintas: por qué dos hermanos guardan memorias que parecen de otra familia
La edad de los padres, los duelos, las crisis económicas y el lugar que cada hijo ocupa en la dinámica familiar hacen que bajo el mismo techo se vivan infancias genuinamente diferentes. La psicóloga Ana Paula Rivadero propone dejar de discutir quién tiene razón y empezar a preguntarse qué significa para cada uno lo que recuerda.

Me crucé con esta idea mientras releía unas notas sobre los conflictos que aparecen en la adultez entre hermanos que crecieron juntos, y la verdad es que me parece una de esas cosas que todos hemos vivido en alguna mesa familiar después de los cuarenta, cuando alguien dice «yo me acuerdo así» y el de al lado lo desmiente. Por eso me detengo en esto hoy: porque no es un capricho de la memoria ni una pelea por llevar la razón, sino un fenómeno que tiene causas concretas, y entenderlo puede ahorrarnos más de un disgusto cuando nos toque a nosotros, que ya peinamos canas.
Dos hermanos pueden haber dormido bajo el mismo techo, haberse sentado a la misma mesa y haber llevado los mismos apellidos, y sin embargo guardar memorias que parecen pertenecer a familias distintas. No es que uno mienta y el otro diga la verdad: es que cada uno conoció una versión diferente de sus padres, porque los padres también cambian con el paso de los años.
Los padres no son los mismos con cada hijo
Un padre o una madre de 25 años no es la misma persona que esa misma persona a los 40. En el medio pueden haber caído duelos, crisis de pareja, dificultades económicas, cambios de trabajo, problemas de salud o separaciones. Cada hijo llega al mundo en un momento distinto de esa historia y, por lo tanto, se encuentra con un padre y una madre en otro estado, con otro ánimo, con otras urgencias. La psicóloga Ana Paula Rivadero lo pone en palabras que vale la pena guardar: "Los padres no son exactamente los mismos con cada hijo. Ellos también cambian, atraviesan duelos, crisis, separaciones, dificultades económicas, cambios laborales y transformaciones en la pareja."
El lugar que cada uno ocupa en la familia
A eso se suma el lugar simbólico que cada hijo ocupa desde chico en la dinámica familiar, ese rol que casi nunca se discute en voz alta pero que termina definiendo buena parte de la experiencia cotidiana: el responsable, el sensible, el que necesita ayuda, el exitoso, el rebelde. Esas etiquetas, muchas veces inconscientes, tiñen la manera en que cada uno procesa lo que vive y, claro, lo que después recuerda.
- La edad y el momento vital de los padres cuando nace cada hijo marcan una diferencia enorme en el tono de la crianza.
- Las crisis familiares (duelos, separaciones, problemas económicos, mudanzas) no se atraviesan igual a los cinco que a los quince años.
- El rol asignado en la fratria (el mayor, el del medio, el más chico) condiciona la mirada con la que se recuerda.
- Lo que un hermano vivió como contención, el otro puede haberlo vivido como exceso de control, y los dos tienen razón en lo suyo.
- Un estudio publicado en The Journals of Gerontology, con 1.369 adultos de 498 familias, encontró que la mayoría de los hermanos criados en el mismo hogar recuerda de manera diferente el vínculo con los padres, sobre todo en el afecto recibido, la disciplina y los conflictos.
Dejar de pelearse por quién tiene razón
Las diferencias suelen hacerse más visibles en la adultez, cuando los hermanos comparan recuerdos y descubren que las versiones no encajan. Rivadero, a quien sigo desde hace tiempo por su manera clara de hablar de estos temas, advierte que intentar determinar quién dijo la verdad pocas veces sirve para algo: "Sería productivo abandonar la pregunta de cuál de los dos recuerda correctamente y preguntar qué significa para cada uno aquello que recuerda".
Me quedo con esa idea, porque me parece que aplica para mucho más que para los hermanos: aplica para las parejas, para los amigos de la infancia, para los vecinos de toda la vida. Si dejamos de preguntar quién tiene razón y empezamos a preguntarnos qué significa para el otro lo que está contando, muchas peleas que se cargan familias enteras se desinflan solas. Y a nuestra edad, que ya sabemos que el tiempo no nos sobra, desinflar una pelea es un buen negocio.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Neuquén se llena de sabor: llega la Semana de la Pizza con promos y descuentos

Un conocido empresario se descompensó y murió cuando cruzaba el puente hacia Centenario

