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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Ecos del Bermejo

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Stalingrado, el frío y la gloria: la película alemana que se animó a reconstruir el infierno en 1993

Con miles de extras, temperaturas bajo cero en Finlandia y la ciudad reconstruida pieza por pieza, la película de Joseph Vilsmaier se ganó un lugar propio en el cine bélico europeo, aunque muchos la descubrimos tarde por culpa de "Enemigo a las puertas".

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Ivana TkachukCultura y fiestas populares · · 4 min de lectura
Stalingrado, el frío y la gloria: la película alemana que se animó a reconstruir el infierno en 1993

Vayan imaginando la escena: miles de tipos con uniforme gris avanzando entre edificios pulverizados, la cámara arrastrándose por la nieve, un tipo con la cara tiznada que mira al cielo como si le pidiera explicaciones a alguien. Esa es, más o menos, la postal que se te queda pegada después de ver "Stalingrado" (Stalingrad, 1993), la apuesta alemana que se animó a reconstruir en pantalla la batalla más sangrienta de la Segunda Guerra Mundial. Y lo hizo como si tuviera algo que demostrar: con presupuesto grande, con frío de verdad y con un director que entendía que el horror no se cuenta con atenuantes.

La historia de fondo es conocida pero nunca está de más refrescarla. La Batalla de Stalingrado arrancó en agosto de 1942 y se estiró durante meses, hasta la rendición del Sexto Ejército alemán, que había recibido la orden expresa de no entregarse bajo ninguna circunstancia. En su diario, Joseph Goebbels registró que Adolf Hitler consideraba la toma de la ciudad "una necesidad psicológica urgente", por el valor simbólico que tenía para el régimen soviético. El saldo fue devastador: alrededor de dos millones de muertos entre ambos bandos. Es decir, no estamos hablando de un capítulo menor de la guerra, sino de una herida que tardó generaciones en cerrarse.

Una novela de 1945 que esperó casi medio siglo para llegar al cine

El libro original del escritor Theodor Plievier se publicó en 1945, apenas terminado el conflicto, pero la adaptación cinematográfica se hizo rogar. Recién en 1993 el director Joseph Vilsmaier se largó con el proyecto, respaldado por un presupuesto de 20 millones de marcos alemanes, el equivalente a unos 14 millones de dólares de la época. La idea era clara: retratar sin maquillaje el agotamiento y la barbarie del frente oriental, sin esos arreglos heroicos que a veces suelen colarse en las superproducciones de guerra.

  • El rodaje duró cinco meses y se extendió por varios países europeos.
  • Las secuencias más duras se filmaron en Finlandia, con temperaturas que llegaron a 30 grados bajo cero.
  • Se movilizaron alrededor de 12.000 extras para las escenas de combate.
  • Se contrataron veteranos de guerra amputados para reforzar el realismo visual.
  • Ninguna escena se filmó en la ciudad real: la destrucción fue tan grande que no quedaban edificaciones de la época.
“Quien piense que el cine bélico europeo no tiene con qué darle a las superproducciones yanquis, que le dedique una tarde a esta película y después hablamos.”Ivana Tkachuk

Hay un detalle técnico que a mí, personalmente, me parece de los más curiosos: en Stalingrado (la ciudad) no se filmó ni un solo plano de la película. La destrucción fue tan brutal durante el conflicto que cuando se quiso reconstruir el escenario en la posguerra, directamente no quedaban edificios de la época para ambientar. Así que hubo que armar la ciudad desde cero en otro lado, y confiar en que los 12.000 extras y el frío de Finlandia hicieran el resto del trabajo sucio.

Taquilla tibia en Alemania, fenómeno en España, clásico de culto después

Los números de aquel 1993 fueron, cuanto menos, desiguales. En Alemania la película recaudó unos 10 millones de dólares, por debajo de lo que se esperaba para una producción de ese porte. En España, en cambio, la recepción fue especialmente generosa, con ingresos equivalentes a 1,34 millones de euros (que en pesetas de la época eran muchos millones, no se crean). Con el tiempo fue ganando ese reconocimiento de a poquito que tienen ciertos films del género, aunque su proyección internacional quedó opacada por el estreno posterior de "Enemigo a las puertas", la producción franco-estadounidense con Jude Law que se llevó buena parte de la conversación.

Mi abuela, que era de las que guardaba todo y opinaba de todo, decía algo en ucraniano que más o menos traducía como "lo que se sufre de verdad, se cuenta despacio". Algo de eso tiene esta película: no apura, no cuenta la guerra como una aventura, sino como un trabajo largo, gris y agotador. Por eso, aunque pasen los años y aparezcan mil películas nuevas sobre el frente oriental, "Stalingrado" sigue siendo una cita pendiente para el que guste del género.

Para ir a ver este fin de semana: "Stalingrado" está disponible en Amazon Prime Video. Si te copa el tema, una buena idea es maratonearla junto con "Enemigo a las puertas" y "La caída" (Der Untergang, 2004), para tener el panorama completo del lado alemán del conflicto. Llevá frazada, chocolates y, si podés, alguien con quien discutir la película después. Acá la entendemos mejor en compañía.

IT
Ivana TkachukCultura y fiestas populares

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